Irán: amenazas de una guerra que aún es lejana

Si en algo coinciden los analistas internacionales es que en torno a Irán se da una suerte de Guerra Fría. Tanto en lo económico, en lo diplomático, incluso en lo social y religioso.

Desde 1979, año en que la Revolución Islámica supone un cambio permanente para el país, la relación con una potencia como EE.UU. ha sido un constante tire y afloje entre etapas de amenazas prebélicas que no se materializan, e intentos diplomáticos que pronto fracasan por la intervención de gobiernos conservadores en un bando u otro.

El mundo asiste a uno de esos momentos en los que se tensa la cuerda entre los iraníes y la mayor potencia de Occidente. El lenguaje amenazador se ha presentado con frecuencia desde Washington, donde Donald Trump espera ganar la reelección en 2020, mientras que en Teherán se ha debilitado el mandato del reformista Hasan Rohani en pro del lenguaje ultranacionalista de los conservadores, que no acceden al poder desde el periodo de Mahmud Ahmadineyad (2005-2013).

No ha sido solo lenguaje. En el último mes, drones estadounidenses rondaron el espacio aéreo iraní. Uno fue derribado en el estrecho de Ormuz el 20 de junio, lo que desató la ira de la Casa Blanca. “Irán ha cometido un grave error. Reaccionaremos enérgicamente contra cualquier agresión”, afirmó Trump.

El siguiente día, Trump admitió haber abortado un bombardeo quirúrgico sobre objetivos militares iraníes. “Pregunté cuántos morirían, ‘150 personas, señor’, dijo un general. Diez minutos antes del ataque lo frené, no era proporcional a derribar un dron. No tengo ningún afán”, escribió en Twitter. Días después se conoció que Washington sí puso en marcha un ataque cibernético contra el sistema informático militar de Irán, aunque no estuvo claro el resultado. Mientras EE.UU. celebraba haber inutilizado los sistemas iraníes para lanzar misiles, desde Teherán se aseguró que el ataque fue repelido.

El lunes 24, Trump rompió completamente con el pacto nuclear de 2015 (ver Antecedentes) al aplicar nuevas sanciones a Iran, dirigidas al líder religioso de la nación, el ayatolá Alí Jamenei, y a ocho mandos militares. Un día después, el presidente Hasan Rohani afirmó que con ello “los estadounidenses cierran de forma definitiva la vía diplomática”.

Conservadores celebran

Reza Jafarizadeh, un iraní que escapó del clima ultraconservador que se respiraba en su país en los tiempos de Ahmadineyad, es hoy comerciante de productos árabes en Medellín. En diálogo con EL COLOMBIANO, retrata cómo se percibe internamente un cambio con esta escalada: “Los iraníes comunes y corrientes no quieren ninguna guerra con nadie. Pero hay una consigna de vieja data, si hay guerra nadie va a dejar puertas abiertas para que el enemigo entre. No importa si se trata de Saddam Hussein o Donald Trump”.

“Los iraníes tienen orgullo de no ser como los árabes, se ven herederos de una civilización de 3.000 años (los persas), un súperpoder del globo. Por ende, la situación fortalece ese nacionalismo en Irán. Los conservadores están aprovechando para recuperar terreno a pesar de que todavía falta para las elecciones presidenciales (2021)”, explicó.

Sobre la alusión que hacía el empresario de Saddam Hussein, cabe recordar que entre 1980 y 1988 la República Islámica se embarcó en una guerra para defenderse de los ataques ordenados por el dictador iraquí contra ciudades fronterizas iraníes. Ese enfrentamiento llevó a atrocidades como el uso de armas químicas y la pérdida de 200 mil vidas en cada bando.

En ese entonces, Hussein era aliado de EE. UU, quien lo veía como un elemento que podía minar la influencia regional de la Revolución Islámica.

Caos regional

Mauricio Jaramillo Jassir, doctor en Ciencia Política de la U. Toulouse Capitole y docente de la U. del Rosario, desglosa tres conflictos en torno a Irán. Todos ellos tienen algo que ver con la escalada. El primero es la volátil relación con la potencia norteamericana que, desde el derrocamiento del shah Mohammad Reza Pahlevi en 1979 y la llegada de la Revolución Islámica, ha oscilado entre amenazas de guerra e intentos de pacificación. “Dicho enfrentamiento ha tenido episodios como la toma de la embajada estadounidense en Teherán y siempre se ha mantenido ahí”, afirmó.

“Hay otro con Israel, que se había mantenido un poco al margen en el siglo pasado, pero que pasó a posiciones más asertivas durante la presidencia de Mahmud Ahmadineyad. El tercero es una suerte de Guerra Fría entre chiítas y sunitas, que provoca inevitablemente el choque entre Arabia Saudita e Irán”, afirma.

Por ende, Jaramillo ve una caja de Pandora en caso de que el discurso asertivo que se está tomando a la región se plasme en acciones bélicas en territorio iraní: “Generaría efectos colaterales en Medio Oriente, en especial en zonas donde prevalece ese enfrentamiento entre sunitas y chiítas, tal como Yemen, Baréin, Irak y por supuesto el Líbano. La región agudizaría su conflictividad en formas complejas”.

¿Quién se beneficiaría de este caos? Para Jaramillo sería Israel, nación que en su opinión ha propendido en política exterior por fortalecerse en torno a un mundo musulmán dividido en ese conflicto entre sus dos principales sectas. ¿Y el más afectado? “Palestina, que se mantiene en un segundo plano frente a amenazas, como lo fueron en su momento Al Qaeda, Afganistán, Irak y Siria”, replicó el experto.

Hasan Turk, politólogo de la U. Pontificia Bolivariana y docente de la U. de Chile, analiza el tema fundamentalmente como estrategia de política interior para los bandos implicados. “En dos de esos países habrá pronto elecciones. En Israel, Benjamin Netanyahu convocó a nuevos comicios para el 17 de septiembre, mientras que en Estados Unidos Donald Trump ya inició su campaña electoral para el año 2020. Crear tensiones con Irán beneficia a ambos mandatarios en sus aspiraciones nacionales”, explicó.

No obstante, Turk ve lejano el escenario de un enfrentamiento real, más allá de las amenazas: “Trump sabe muy bien que entrar en un conflicto con Irán no le convendría a nadie en el globo. El magnate está enfocado en frenar la influencia de Rusia y China, lo que se vería obstaculizado si EE.UU. se embarca en un conflicto de tal magnitud dejándole entretanto el camino libre a otras potencias. No hay que hacer tanto caso a esos discursos que buscan solo popularidad interna. A la hora de pensar con cabeza fría esos políticos saben que no conviene un verdadero conflicto”.

Jaramillo concuerda: “Sí existen signos preocupantes para la comunidad internacional respecto a la posibilidad de un estallido con Irán, pero a la larga esto será nuevamente cuestión de discurso. En el peor de los casos, Trump autorizaría los mal llamados bombardeos quirúrgicos, como hizo con Siria sorprendiendo al globo, ya que nadie se lo esperaba”.

“La visión de Trump es de política interna, pero no está claro qué tanto lo beneficiaría o si pueda terminar perjudicado en el tema electoral por su retórica belicista. Hay que ver además cuál será el candidato demócrata para las presidenciales, y cómo puede contrarrestar el Partido la estrategia de Trump”, agregó.

En contraposición, Víctor de Currea-Lugo, escritor y analista de conflictos, aseguró que tratándose del magnate hay volatilidades. “La salida de EE. UU. del pacto nuclear no puede verse como algo menor. El problema grave es que ya no se puede predecir qué hará Washington. Cuando estaba Bush se sabía que había un guerrerismo claro. Con Obama, un culto a la diplomacia. Pero ahora Trump amenaza y al día siguiente está tomando tinto con el dictador norcoreano Kim Jong-un. Yo pensaría que la guerra con Irán no es un paso inminente, pero nadie puede descartarla”, dijo.

Y mientras que nadie pueda pasar completamente por alto las amenazas que profiere Washington contra Teherán, la estrategia de mantener un estado de tensiones con Irán seguirá siendo prioridad en la agenda exterior de Trump, pensando, por supuesto, en resultados en otro ámbito, el electoral.

El Colombiano

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