Crisis y retrocesos

Crisis, es situación grave y decisiva que pone en peligro el desarrollo de un asunto o un proceso. Retroceso, es volver hacia atrás. Institucionalmente estamos sufriendo crisis y retrocesos en lo social, los partidos, ideologías, pensamientos, creencias, asuntos de Estado, en el Congreso de la República, la justicia, la salud, la política, la economía, la moral, el clero, la honestidad, los valores, los principios, la honorabilidad, el orden ético, los propósitos y demás aspectos enaltecedores, carencias que nos enlodan en un desprestigio total sin que se vea luz al final del túnel, lo cual impone la búsqueda de un grande despertar, ir tras objetivos ciertos sin caer en los malsanos como peligrosos favoritismos que a nada bueno conducen, pero sí perjudican gravemente.

Es hora que se vuelvan a expresar ideas claras, diferenciadas y convicciones sobre cómo debería ser la sociedad que queremos, en esta época definida por una infinita sucesión de presentes que llama permanentemente a la reflexión como resultado de una política desprestigiada, vacía de contenido moral yespiritual, sin renovaciones de valía y donde no se debate razonadamente sobre el bien común para hacer de la política un instrumento para honrar a quienes sobresalgan por sus integrales virtudes cívicas, entre otras.

Importan en consecuencia, camino a rescatarnos de tales falencias como sociedad y Estado, líderes con entereza, carácter, criterio, virtudes, fuerza, transparencia, orientación, desarrollo, honradez, conciencia humana, pacificadores y defensores de los derechos todos y cumplidores de sus deberes, a efecto que contribuyan grandemente a evitar la decadencia de los partidos y la sociedad que naufragan en un necio como perverso populismo y demagogia barata y caduca que propicia la deshonra de los principios, permitiendo corrupción y que se burle la conciencia ciudadana, se mancille y traicione por carecer de objetividad socio-política, se desentiendan las causas sociales y políticas, generando una gobernabilidad fallida e injusticias sociales.

Hay en todo esto una debilidad palpable para influenciar positivamente. La transparencia es una mentira. La ambición es lo corriente. No hay identidad ni renovación, más sí incoherencias al no haber seguridad política ni social, mucho menos desarrollo democrático como tampoco oportunidades ni lucha por la problemática social, la convivencia, la dignidad perdida y el humanismo para crear soluciones vitales y equitativas sin mentiras a bordo, ni preñadas de tecnicismos burocráticos, burlas, engaños, fraudes y desconfianza.

Es claro que ninguna democracia fluye armónica sin la práctica de una política social, más si aflora la crisis institucional. No podemos seguir permitiendo que crezcan voracidades agresivas en detrimento de la fe, los ideales, y en apoyo a lo vulgar y mediocre. No más partidos degradados, adornados con ideales repugnantes y deshonestos, alejados de la unidad social e inmersos en injusticias de toda laya y a todo nivel. [email protected]

También podría gustarte