Procesión en honor a Santa Marta, una tradición de fe

En la procesión hicieron parte activa los miembros de la Cofradía de Santa Marta, quienes acompañaron durante el recorrido al padre Félix López Escorcia, párroco de la Catedral Basílica.

Los fieles católicos de la ciudad como es tradición todos los 29 de julio de cada año, cumplieron con la cita a Santa Marta. Una gran multitud participó ayer de la Procesión con su imagen, la cual fue liderada por la Catedral Basílica de Santa Marta, partiendo de este sagrado templo a las 5:00 de la tarde.

El recorrido de la procesión continuó por la Calle 16 empalmó después con la Carrera Quinta, siguió por la Calle 14, pasando por la Carrera Primera y continuó por la Calle 17 hasta llegar a la Catedral, donde se ofició seguidamente una Misa,

En la procesión hicieron parte activa los miembros de la Cofradía de Santa Marta, quienes acompañaron al padre Félix López Escorcia durante todo el recorrido con la  sagrada imagen.

Este acto religioso fue muy emotivo, porque cautivó a todas las personas que a esa hora se encontraban transitando por la ciudad, especialmente a los turistas que admiraron la enorme devoción que tienen los habitantes de ‘La Perla’ por su santa patrona.

Con la procesión se recordó una vez más que Santa Marta por su solicitud y actividad en el servicio de Jesucristo Nuestro Señor, es invocada como protectora especial de cosas urgentes y difíciles.

Es considerada la patrona de las amas de casa y por extensión de quienes realizan trabajos en el hogar, como aseo y cocina. También patrona de los hoteleros, casas de huéspedes y administradores de hospitales.

Marta significa: “Señora; jefe de hogar”. Entre las santas mujeres que seguían a Jesucristo, y hacían manifiesta profesión de ser discípulas suyas mientras estuvo en esta vida mortal, Marta fue una de las más distinguidas, no sólo por su caridad y por la alta posición social de la cual gozaba, sino particularmente por haber abrazado el estado de virginidad en el que perseveró constante toda su vida.

Tenía como hermanos a María Magdalena y Lázaro al que resucitó Jesús. Habían heredado grandes bienes de sus padres, tocándole a Marta unas propiedades vecinas de Jerusalén, y entre ellas la casa o castillo de Betania.

“Jesús amaba a Marta, a María y a su hermano Lázaro” (Juan 11,5). El Evangelio la nombra siempre primero que María Magdalena, y por eso se cree que era la hermana mayor de la familia; por lo menos era la que llevaba el principal peso de administración y de gobierno. Era su carácter dulce y amigo de hacer el bien; un juicio maduro y ejemplar, y con una modestia que la hacían amar y respetar por todos.

Era considerada por todos, una doncella de gran mérito, y así en Jerusalén como en Betania se tenía general veneración a su virtud.

Estando su alma tan bien dispuesta, sin dificultad reconoció a Jesucristo por el Mesías verdadero, y abrazó su doctrina. Apenas le oyó, cuando hizo profesión de ser una de sus más fieles discípulas. Por ello la Iglesia Católica samaria la pone como un ejemplo modelo a seguir.

Cabe destacar que todos los martes se honra a Santa Marta y se puede hacer con esta oración:

“Santa mía, Santa Marta, me acojo a tu protección y amparo en prueba de mi afecto y fe te ofrezco esta luz que en tu honor encenderé todos los martes.

Consuélame en mis penas y por la inmensa dicha que gozaste al hospedar en tu casa el Salvador, intercede  por mí y por toda mi familia para que siempre conservemos en nuestros corazones a Dios y veamos resueltas todas nuestras necesidades.

Yo te suplico tengas misericordia infinita al favor que hoy te pido. (Hágase la petición)  Te ruego Santa mía que venzas todas las dificultades, como venciste al dragón que tienes a tus pies.

Se reza un Padre nuestro, un Ave María y Gloria.  Esta oración se reza nueve martes seguidos y se reparte cada martes con la intención de extender la devoción a Santa Marta.

Mientras se reza se enciende una vela, Esta milagrosa Santa antes de cumplir los nueve martes concede lo que se le pide por difícil que sea, todo dependiendo de la fe que se le profese.

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