La política, vocación y acción

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Importante sobremanera el ejercicio político, noble en sí mismo de ser adelantado como una vocación al servicio de los demás, no como una actuación con afanes personalistas y mucho menos nutrida con posiciones cambiantes oreadas al servicio del sol que más alumbre. Debe estar encaminada esa labor a dinamizar la política, no a fraccionarla ni a generar problemas, sino a gestionar lo público en su exacta dimensión sin esperar réditos personales.

Debiera ser actividad con dedicación de tiempo completo, exclusiva, como debe corresponder a tan serio asunto, máxime hoy cuando es evidente el descrédito de los partidos, obligados a presentar a sus dirigentes como defensores de lo público y de la gente, y no individuos plagados de negativas acciones, que resultan menos que recomendables, ya que en su mayoría viven de la política, siendo aquí donde se quiebra su razón de ser, al no entenderse que quienes lideran tales proyectos, que deberían ser en esencia colectivos, lo manejan desde la individualidad y no creen en ese espíritu comunitario, lo que constituye craso y grave error.

Los griegos otearon que la soberanía manifestada en las urnas no podía nunca quedar supeditada a lo económico. Entendieron que deben despertarse expectaciones. Que hay que reinventar la política día con día. Ejercerla de otra manera, con nobleza, con altruismo, pluralista, incluyente, amplia, con verdadero entusiasmo y real vocación en aras de convertirla en el grande espacio donde converjan la inteligencia, el espíritu crítico de las gentes y la autocrítica de la dirigencia.

Urgente es solucionar los muy graves y serios problemas generados por la crisis económica, no hacer caso omiso de la gente bienintencionada que trabaja por querer tener una mejor sociedad, sin esperar vivir de la política sino amparados verdaderamente por un bienestar que a todos cobije sin excepción alguna. No aspira el pueblo, como sí un grueso de líderes políticos, a hacer de la política un ejercicio lleno de argucias malsanas, sucias y reprochables con lo cual hacer camino rumbo a la conquista del poder, en lo que igual estarán presentes bandazos y volubles como inconstantes estrategias.

Los políticos, si les interesa seguir avanzando en la procura de una mejor sociedad y que esta vuelva a creerles, a tenerles confianza, deben demostrar su vocación, ejercerla con altura y gran dimensión, fijarles claros horizontes, lo mismo que amplios como participativos espacios y sólidas estructuraciones. Actuar sin egoísmos, abrirla en todos sus confines, hacerla participativa al máximo, en la seguridad de captar no sólo la atención de lo que se hace bien y mejor, sino de cooptar para sí un más nutrido grupo de seguidores, que conscientes que se está haciendo buena gestión, habrán de acompañarlos en sus gestas.

 

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