HOY DIARIO DEL MAGDALENA
Periódico de Santa Marta

Hombres y mujeres que salvan vidas en la  misión humanitaria

En total son más de 950 profesionales de la salud pertenecientes a la Fuerza Naval de los Estados Unidos, que son convocados procedentess de diferentes regiones de esa nación, para acudir a las distintas misiones medicas por varias naciones latinoamericanas.

POR
GIANCARLOS
VILLARREAL LARIOS

Su misión desde hace tres días ha sido brindar sus conocimientos y servicios en medicina especializada tanto a samarios, magdalenenses e incluso venezolanos que esperan ser atendidos en los puntos en tierra habilitados o en el buque hospital, en una de las operaciones humanitarias más importantesque ha llegado a la ciudad.

Pocos hablan español o habían visitado alguna vez Santa Marta o incluso Colombia, pero su disposición para lograr entregar lo mejor de sí para que los más de dos mil 500 personas que se creen ya han sido atendidas en las tres jornadas que lleva esta misión médica y humanitaria en la ciudad, se desarrolle de la mejor manera e impacte en la vida de cada una de las personas que pueden tardar incluso seis horas a la espera de atención, que en el sistema de salud de Colombia, es costoso o precario.

En total son más de 950 profesionales de la salud pertenecientes a la Fuerza Naval de los Estados Unidos, que por diferentes épocas del año son convocados provenientes de diferentes regiones de esa nación, para emprender un largo recorrido que los lleva por varios países, y en esta ocasión los trajo como única parada en Colombia a Santa Marta.

Con el apoyo de la Alcaldía Distrital, la Gobernación, el Ministerio de Defensa y un sinnúmero de otras entidades tanto privadas como oficiales que se han vinculado, así como el Ejército Nacional, el cual dispuso en terreno más de 200 hombres y mujeres y de Acción Integral, apoyando y acompañando diversas actividades durante el proyecto se desarrolla esta misión en la que así como son de interesantes las historias de los samarios, magdalenenses y venezolanos atendidos, son los encuentros con el equipo médico de esta misión, entre las cuales muchos han dejado su “modo combate” para establecer de la mejor forma contacto con población que necesita de su ayuda.

DE SANGRE COLOMBIANA:

La misión es tan grande como la diversidad de personas que la conforman, la mayoría son de nacionalidad estadounidense, pero con ascendencia latina, mexicana, peruana e incluso colombiana.

Daniel Echeverri, sargento de infantería de la Marina es uno de estos que habla el español a su manera, pero su sonrisa transmite la alegría de estar por primera vez en Santa Marta como parte de la misión, y de devolver un poco de lo que siente debe retribuirle a la gente del país de dónde son sus padres.

“No es la primera vez que vengo a Santa Marta, ya había venido con mi familia, pero esta vez como sargento acudo al lugar a prestar lo mejor de mis conocimientos (…) no soy médico, soy encargado de temas logísticos, pero he podido ver a la gente como sale alegre luego del tratamiento, con sus medicamentos, o con simplemente haber sido atendidos, consideran que tienen una nueva oportunidad para poder caminar bien o ver bien” aseguró este joven que es uno de los primeros uniformados que ven los pacientes al ingresar al punto habilitado en el Colegio Inem Simón Bolívar.

Caso similar ocurre con Alba Valenzuela, estadounidense de padres mexicanos, quien por primera vez llega a Colombia. Entre su emoción de ayudar al éxito de la misión y que los beneficiados estén todo el tiempo en las filas correctas para acceder a los servicios médicos, ayudar a que los doctores cuenten con los suministros necesarios, expresa que siente solo con las sonrisas y miradas de esas personas el agradecimiento por tan importante ayuda.

“La gente siempre está contenta de estar aquí (…) tenemos mucho entrenamiento antes de acudir a una misión, recibimos asesorías en todos los tipos de tratamiento en temas como trauma, administración, emergencias y nos especializamos en áreas para poder desde allí brindar ayuda en el desarrollo de lamisión” indicó esta joven militar, que espera poder acudir nuevamente a Santa Marta ya sea en una misión humanitaria o para conocer las maravillas de la ciudad.

EL IDIOMA NO ES INCONVENIENTE:

Conscientes de las barreras que pueden generar el no hablar el mismo idioma, la misión cuenta con un total de 80 jóvenes de edades entre los 22-26 años que arribaron a la ciudad a prestar su apoyo como intérpretes y traductores y así facilitar la atención y comprensión entre el equipo médico y la población beneficiada.

Daniela Peña, una joven bogotana estudiante de Medicina de la Universidad de Los Andes quien hace igualmente parte de la misión desde su rol como traductora, es consciente de la importancia de su papel dentro del completo desarrollo de la operación humanitaria al poder hacer comprender a dos personas completamente distintas, y que nunca se habían visto, en un ambiente de confianza.

“Es muy importante poderle transmitir lo que los pacientes le están contando y así lo que ellos digan manifestárselo a las personas (…) todos son personas muy valiosas desde aquel que ayuda con los implementos, hasta aquel que ayuda a caminar a los pacientes luego de su intervención, se ha convertido en una experiencia única que permita a nosotros como jóvenes y estudiantes poder crecer” señaló Daniela Peña.

Pero su labor, en otras ocasiones resulta ser aún de mayor importancia, como lo manifiesta el profesional de la salud oral y también militar perteneciente a la misión Jack Davis, de 29 años, el cual únicamente sabe decir en español: “hola”, pero entre sus tantas atenciones desde el pasado miércoles cuando se habilitó la atención en el Colegio Inem Simón Bolívar ha recibido desde abrazos hasta simples sonrisas que le demuestran el agradecimiento de las personas.

“Tuve un caso de un chico que tiene necesidades especiales y es sordo, entonces vino con su mamá y fue algo bastante complejo, él interprete le decía a su madre lo que yo hablaba y luego ella en lengua de señas le explicaba a su hijo, es una experiencia que demuestra que cuando nos unimos logramos buenas cosas (…) sin el apoyo de la gente de acá de Colombia, no es posible lograr una completa misión” dijo este militar.

Como estos militares en esta sede y en la otra ubicada en el Coliseo Mayor son más de 400 médicos, enfermeras y técnicos militares; 60 voluntarios médicos y dentistas de organizaciones no gubernamentales quienes prestan sus servicios en especialidades como: Medicina general y preventiva, quirófanos, intervenciones quirúrgicas generales y oftalmológicas, salas postquirúrgicas, dermatología, suite dental, unidad de TAC, exámenes de optometría, laboratorio de optometría, distribución de anteojos y salud pública, banco de sangre, tratamientos dentales, área de terapia física, plantas productoras de oxígeno y máquinas de rayos X.

Por su puesto, los beneficiados se muestran agradecidos con la atención y el apoyo de las autoridades y los militares, intentando de cualquier forma ante el poco conocimiento de inglés y con el apoyo de los intérpretes poder decir por lo menos: “thank you” y que ese apoyo que hoy brindan a samarios, magdalenenses y venezolanos sea significativo.

“Me atendieron por el tema de la vista que ya casi ni veo, por eso me inscribí y vine y ya tengo mis gafas, me dieron información que necesito para no perder mi vista y por eso estoy agradecida con ellos, porque vinieron en un momento indicado cuando muchos pensábamos que nuestra salud no mejoraría” dijo Katerine Robles, de Aguachica, Cesar, pero que desde hace tres años vive en San Fernando y se enteró por su esposo de esta convocatoria a la que asistió con ocho de sus familiares.

Será entonces hasta el próximo domingo, cuando más historias surjan entre los pacientes y sus médicos; más historias de enfermedad que por fin tengan una respuesta y más sonrisas y abrazos entre los hombres y mujeres que están detrás de esta gran misión humanitaria que llegó a Santa Marta.

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