Lo que nos espera

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Las ciudades colombianas acaban de vivir un duro proceso para decidir su futuro en cabeza de los nuevos alcaldes, que tendrán las riendas del gobierno en los próximos cuatro años.

Ellos serán los que finalmente tomen las decisiones sobre lo que se debe hacer, o lo que se debe dejar de hacer, en ese periodo que aparentemente puede ser corto, pero que realmente es muy significativo para la vida de las ciudades, pues para un buen alcalde podrá significar un tiempo corto, pero para uno malo, será realmente larguísimo, traducido en el daño que puede llegar a ocasionar.

Las principales ciudades colombianas han tenido en los últimos años un crecimiento inusitado que las han transformado, y para el cual no estaban preparadas, lo que se traduce en falta de planeación, en congestiones absurdas y mortificantes, y en la carencia de obras civiles y de servicios esenciales que permitan armonizar el desarrollo.

La tarea pendiente que tendrán los nuevos mandatarios es la de repensar sus ciudades y la de proyectarlas a un futuro siquiera a 20 años vista. Una ciudad que no estructure bien una eficiente oficina de planeación, con la provisión de técnicos de buena experiencia y de manejo de visión, se verá abocada a enormes dificultades, y estoy seguro que el crecimiento de los problemas, terminaran ahogándolas.

Los alcaldes tienen que estar con un pie en la compleja realidad de hoy, y con otro en un escenario siquiera de dos décadas, y entender con toda claridad que las grandes obras no son de un solo periodo, sino que tendrán que abarcar espacios mayores en el futuro, para los cuales tendrán que asegurar su contribución.

Y fuera de eso, tienen que tener también la claridad de poder estar en condiciones de estructurar un poder de articulación con las diferentes fuerzas representativas de la región, para que se pueda generar un escenario de entendimiento, en lo que realmente se quiere y en lo que es necesario impulsar.

Los alcaldes tienen que ser no solo grandes ejecutores, sino eficientes planificadores. Cuando es posible combinar esos dos factores, es que podemos estar en condiciones de contemplar a verdaderos líderes que supieron pensar en grande y que lograron transformar positivamente su región.

Los alcaldes expertos en marrullerías políticas están mandados a recoger, y en los tiempos de hoy podemos contemplar que por lo general terminan pobremente en el olvido, o en la cárcel.

*Abogado y miembro de la Academia Colombiana de Historia y de la Real Academia Española de la Historia

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