Politiquería en crisis

332

La crisis de la politiquería, de esa forma absurda de ejercer esta noble profesión, más que una realidad es un sueño que no parece tan lejano. Cuando se analiza lo que está pasando en el mundo y que The Economist recoge muy acertadamente, los jóvenes no han perdido su generosidad, su deseo de pelear por causas nobles, pero dejaron de creer en esos líderes que ya no manejan sus sueños. Son más ciudadanos del mundo que las generaciones anteriores y por ello sus principales motivaciones son problemas globales que los afectan localmente. Esas son las causas que los sacan a las calles, la nueva forma en todo el mundo de hacerse oír, de plantear sus demandas.

Estas tendencias mundiales que hoy llegan hasta los pueblos más distantes de nuestro país coinciden con el desaliento que está generando el ejercicio de la política local.  Estamos llenos en Colombia y en la Región Caribe en particular, de jefes políticos expertos en la manipulación de la pequeña lucha por el poder. Sin grandes ideas, sus propósitos se siguen limitando a las ambiciones personales de familias, de clanes que se sienten con el derecho a estar por encima de los demás. Pero muchos de los resultados de las elecciones que acaban de pasar demostraron agotamiento de muchos de estos personajes así traten de justificar si no sus derrotas, que muchos no aceptan, la debilidad de sus posiciones cuando tuvieron que acudir a coaliciones para asegurar el triunfo de sus candidatos.  Una sola pregunta: ¿A cuál de todos los jefes políticos que apoyaron a la gobernadora del Atlántico y al alcalde de Barranquilla les va a responder? Serían muy ingenuos si creen que solo les tienen que rendir cuentas a los Char y que Gaviria y Uribe no les van a exigir nada.

Lo que no aceptan es que cuando todos, rojos, azules, verdes y amarillos se juntan para ganar una elección, lo que realmente sucede es la pérdida de poder de casas politiqueras que tienen que acudir a apoyos desde orillas ideológicas distintas para conservar el poder. Y lo peor es que no entienden los mensajes y quieren continuar con más de lo mismo, imponiendo el nepotismo como si el país no estuviera cansado de esta forma de ejercer la política.

El fracaso de Álvaro Uribe, del Centro Democrático y del gobierno Duque en las pasadas elecciones, no es un mensaje menor. La sociedad colombiana se está agotando de quienes creían que habían coronado para siempre. Los nuevos liderazgos que llegaron, como Claudia López y el nuevo alcalde de Medellín, por ejemplo, son un golpe a quienes creían que bastaba con toneladas de dinero como el que pusieron los uribistas en la candidatura de Miguel Uribe Turbay, para asegurar su llegada a la alcaldía de Bogotá. Y la región Caribe, cuyo pasado y presente no es precisamente el mejor ejemplo de transparencia, de ideas y de sintonizarse con la nueva forma de ejercer el liderazgo, debe darse por enterado. Es posible que la politiquería entró en crisis en Colombia.

*ExMinistra de Estado

También podría gustarte