Una justicia cierta

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Desafío importante entre nosotros debe ser la plena vigencia del Estado de Derecho, en la verdad irrefutable que la justicia termina siendo cuando no selectiva, corrompida o ausente como si de algo endémico se tratara, al hallarse señalada y acompañada por ineficiente, burocratizada, corrupta e impune, que justifican en muchos casos con el decir que los delitos cometidos son considerándose como no graves y sus actores, libres, al no representar ningún peligro para la comunidad, lo que deja sin sentido encabezar cruzadas contra delitos que a la postre son considerados como no graves.

El poder judicial debe ser contrapeso de los otros poderes y contribuir a la gobernabilidad; es decir, servir de contrapeso y abonar a la gobernabilidad, sin acudir a las venganzas político-judiciales que han acabado sin duda con nuestra gobernabilidad, al producirse, en miles y más casos, decisiones mucho más políticas que judiciales. No podemos seguir inmerso en un gobierno de jueces, lo cual genera en todos los sentidos un muy alto costo para el país. Importante sería que el contrapeso del poder judicial ante los otros poderes no se da con declaraciones mediáticas (como lo estamos viendo), sino con resoluciones judiciales.

La responsabilidad máxima del poder judicial es ser el garante de la Constitución y no entrar a reemplazar a una oposición lamentablemente perniciosa, que no se ocupa de engrandecer país, sino producirle obstáculos innecesarios que marcan atrasos inconmensurables. Nuestro poder judicial, en varios de sus últimos pronunciamientos demuestran su desenfoque y nada que se centran en el reto inmediato que tienen de reconstruir y modernizar un sistema judicial rebasado, anacrónico, improcedente que permita que el índice de impunidad, por lo menos desde su espacio (que no es el único comprometido), rebaje considerablemente, como debe ser, cuando no eliminarlo definitivamente.

Una verdadera justicia no se contenta con lograr lo menos, sino hacer lo posible para corregir, mejorar y educar. Respeta la dignidad y los derechos de las personas sin discriminaciones, Tutela debidamente a todos sin excepción. No se confunde con venganza. Da los pasos para alcanzar una verdadera dimensión política e institucional y coadyuva en la creación de unas mejores relaciones de convivencia armoniosa, camino a producir un cambio de mentalidad para evitar sufrimientos inútiles, especialmente entre los más indefensos lo que hará la grande diferencia entre una sociedad incluyente y otra excluyente, al poner en el eje a las personas y prescinde de lo que ya no le sirve. [email protected]

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