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HOY DIARIO DEL MAGDALENA

La salida de Evo

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Era a evidente el fraude cometido en las elecciones del pasado 20 de octubre en Bolivia; con ese resultado engañoso se alargaría el mandato de Evo Morales hasta el 2025. Tras descubrirse la trama y las Fuerza Militares quitarle su respaldo era natural que el presidente, que estuvo 13 años en el poder, se cayera. La presión del pueblo boliviano para que se permitiera una segunda vuelta presidencial en diciembre terminó yendo más allá, y haciendo que Morales decidiera renunciar al lado de sus más inmediatos colaboradores, incluyendo al vicepresidente Álvaro García Linera, quien constitucionalmente sería su reemplazo durante los dos meses que le quedaban de gobierno.

Es lamentable ver lo que está pasando en el país suramericano, donde la ambición de un hombre en el poder llevó a que se generaran hechos de violencia como los de las últimas tres semanas, a la vez que el futuro de esa nación quedara en entredicho. Es cierto que durante el tiempo en el que estuvo Morales en la Presidencia de Bolivia se lograron avances significativos en materia económica y social, y que su ejemplo empezaba a ser visto con simpatía en el ámbito internacional. No obstante, su obstinación de mantenerse en el poder a toda costa, torciendo la Constitución, coptando los órganos electorales y aplastando la democracia solo permitirá que la historia lo considere un recuerdo amargo.

Al menos si ante las primeras denuncias de presunto fraude hubiera facilitado las cosas para que se celebrara en diciembre la segunda vuelta de las elecciones, como está previsto en estos casos, la situación boliviana se hubiera calmado y habría esperanza de recuperar la senda de la democracia, pero al esperar que la auditoría de la Organización de Estados Americanos (OEA) evidenciara la trampa del primer conteo, su oferta de segunda vuelta solo sonó como una segunda fase del engaño y llevó a que el pueblo se mantuviera en su exigencia de la salida definitiva de Morales. Además, la protesta de policías, que ya se habían puesto del lado del pueblo, marcó el jaque mate que lo obligó a la huida.

Ahora bien, aunque el papel de las Fuerzas Militares en este momento resultó fundamental para sacar del poder a un líder autoritario, tampoco es sano que en este sector del mundo estemos regresando a las décadas de finales del siglo pasado, cuando las milicias llegaron a cometer toda clase de violaciones y abusos en nombre de supuestas correcciones de la historia.

Esperamos que dado este paso se avance rápidamente hacia una transición pacífica de la que salga realmente fortalecida la democracia, y que la senda de crecimiento y progreso se consolide en lugar de retroceder. Pensar en juntas de gobierno conformadas por militares no es la mejor salida. Habrá que ver otras opciones que no signifiquen hacer trizas el orden institucional.

Lo que debe hacerse, lo más pronto posible, es que se celebren nuevas elecciones con la participación de candidatos de los más diversos sectores políticos, y que muy pronto el Estado funcione sin más confrontaciones. En eso la OEA y la ONU, sin la ingerencia directa de ningún otro país, debe ayudar a los bolivianos a encontar la mejor solución democrática.

Lo ocurrido allí debería servir de ejemplo de lo que puede pasar cuando un líder abusa del poder, y tenerlo presente, por ejemplo, el venezolano Nicolás Maduro, quien en su obsesión por mantenerse en Miraflores a costa de todo, puede terminar expulsado como Morales. Todos los líderes latinoamericanos deben tomar esta situación como punto de reflexión, ya que la protesta social no es gratuita cuando se presenta, sin importar inclinaciones ideológicas, y lo adecuado es intervenir a tiempo y de manera asertiva antes de que las cosas se salgan de las manos.

Darle el calificativo a Evo Morales de asilado político, es desconocer, al mismo tiempo el fraude electoral que se cometió contra el pueblo de Bolivia y que fue ampliamente documentado por organismos y observadores internacionales y de paso se valida una mentira, pues nadie ha perseguido a Morales. Nadie instaura una dictadura para salvaguardar una revolución, sino que la revolución se hace para instaurar una dictadura.

*Internacionalista.