Kelly Morant, la verdad como símbolo de libertad

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Kelly Margarita Morant Madrid nació hace 38 años en uno de los territorios más golpeados por la violencia en el país, el puerto de Buenaventura, en el Valle del Cauca, en el Pacífico colombiano. Como muchos sobrevivientes del conflicto armado, guarda todo tipo de recuerdos de su primer hogar, algunos buenos, otros, tan solo epopeyas de supervivencia que, sin duda, la han llevado a ser la mujer que es hoy.

“En el 2000, sufrí el hecho de violencia sexual. Al principio, siendo aún muy joven me daba miedo hablar de esto, y no miento, es un proceso llegar acá, poder hablar de lo vivido”, expresa Morant, reafirmando su valentía.

Para sorpresa de ella y de quienes la atacaron, Kelly quedó embarazada producto del abuso al que fue sometida por actores armados al margen de la ley. Un montón de ideas la acompañaron en este proceso, pero el amor por la vida y una nueva esperanza, la hicieron aferrarse más que nunca a esa pequeña que crecía en su vientre.
“Lo más dificil no fue mi embarazo. Lo peor vino después”, advierte ella. “Cuando dí a luz, la bebé era blanca, mestiza. Era evidente de quién era hija, ya que fueron tres hombres quienes me abusaron, dos negros y un blanco. El blanco al saber que la bebé era suya empezó a perseguirme para quitármela, mataron a mi pareja, me hicieron huir”.

Buscando salvar su vida y la de la pequeña, terminó saliendo de Buenaventura hacia el departamento del Vichada, y después de un par de años, la vida nuevamente le hizo enfrentar un desplazamiento que la llevó a Villavicencio, en el departamento de Meta. “Vivo hace 15 años en los Llanos. Llegué al barrio La Reliquia en Villavicencio, un asentamiento de víctimas del conflicto de muchas partes del país, situación que agradezco de alguna forma al destino, por que encontré en este lugar el motor y el insumo para iniciar mi camino”.

Fue en esta etapa que Kelly, en medio de conversaciones entre vecinas, fue encontrando amigas y compañeras que vivieron historias que no solo marcaron su destino, sino sus cuerpos. “En este barrio, cuando nos resguardábamos de la lluvia, empezamos a compartir y me di cuenta que son muchas las mujeres que tuvieron experiencias como la mía, que se quedan calladas por miedo, pena, por muchos motivos no cuentan los abusos que sufrieron por actores armados. Por eso decidimos hacer una organización afro víctima, ahí empezó nuestro trabajo”.

Así fue como inició la Asociación Afrocolombiana de Mujeres Cabeza de Hogar Víctimas (ASOMUCAHVI), expresión que se vincularía a través de diferentes procesos de exigencia de derechos a la Red de mujeres negras del Meta, y a las mesas de Participación Efectiva de las Víctimas, en los niveles municipales y el departamental. Con este proceso, Morant y las mujeres que agrupa la organización, conocieron muchos territorios al caminarlos en busca de aquellas que guardaban en silencio las heridas de la guerra. Una a una se fueron sumando, el mensaje llegaba fuerte y claro: “no es momento de callar”.

En Colombia, 29.259 personas figuran en el Registro Único de Víctimas (RUV) como víctimas de violencia sexual en el marco del conflicto. De ellas, el 89,5 % son mujeres, lo que corresponde a 26.669 casos. Entrando al contexto local, la tarea de Kelly guarda un valor estadístico importante. El Meta fue durante muchos años del conflicto armado un territorio en disputa constante por actores de la violencia. Según cifras del RUV, este departamento es hogar de más de 190.000 víctimas, de las cuales 2.584 son mujeres que se autorreconocen como población negra o afrocolombiana.

“Nosotras creemos que son muchas más. El principal reto de la institucionalidad y de nosotras como líderes es que se pierda el miedo a contar lo que pasó, a relatar lo vivido y reconocerse víctimas de un hecho doloroso pero que merece no solo reparación, sino justicia”, afirma Morant.

Producto de esta experiencia, esta líder y su organización, en articulación con la Unidad para las Víctimas y los gobiernos locales, realizaron una jornada el 16 de septiembre de 2019  en la que, por tres días, trabajaron en la toma de la declaración y acceso a la justicia de 120 mujeres afros sobrevivientes de violencia sexual relacionada con el conflicto armado.

Por su parte, la Unidad para las Víctimas acompañó técnicamente las jornadas y, respondiendo a experiencias anteriores en las que se ha requerido contención emocional para tranquilizar y estimular la confianza de estas mujeres que podrían revivir una fuerte crisis emocional, se contó con personal psicosocial en el momento de la narración de los hechos. Este evento es el primer escalón para avanzar, como lo detalla Morant, “fue realmente importante y es resultado de un proceso que no para, continúa. Le estamos apuntando a la paz”.

Para ella, la paz, más que un intangible, es la comunión entre el perdón y lo que viene después, esa capacidad de superar las situaciones adversas, en especial en el campo emocional. “La lucha de nosotras como mujeres es que finalmente parimos y ponemos los hijos para la guerra. Podemos también exigir que el conflicto cese ya. Nuestro cuerpo fue instrumento de guerra, por eso queremos llevar a mis compañeras a no olvidar pero sí a perdonar, es nuestro primer objetivo”.

Al cuestionar a Morant por qué es importante el proceso de la declaración de las víctimas de violencia sexual; sin dudarlo y con firmeza, tal vez por su propia experiencia, afirma: “Cuando una mujer víctima de violencia sexual declara, su corazón queda libre”. Responde a este cuestionamiento con la misma sonrisa que acompaña cualquier pregunta alrededor de su hija, que es su tesoro más preciado.

“Encontramos un equipo profesional con la voluntad y la sensibilidad de apoyar nuestra causa. Así mismo un sinnúmero de entidades del Estado que quieren ayudar a que sanemos, no solo a través de lo establecido en la Ley de Víctimas, sino en la disposición de un conjunto de rutas de acceso”, anota Kelly para referirse al apoyo que ella y otras mujeres han recibido desde la institucionalidad.

En el país, cada 25 de mayo, desde 2014, se conmemora el Día Nacional por la Dignidad de las Mujeres Víctimas de Violencia Sexual en el marco del conflicto armado interno, y se recuerda, dignifica y visibiliza a las mujeres que en medio de la guerra padecieron delitos contra la libertad y la integridad sexual, sufriendo severas afectaciones no solo a sus cuerpos sino a su salud mental y emocional, así como al desarrollo de su vida entera.

El 25 de noviembre fue la fecha declarada por la ONU, como el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia Contra la Mujer, con el fin de buscar la erradicación de “todo acto de violencia que tenga o pueda tener como resultado un daño o sufrimiento físico, sexual o sicológico para la mujer, así como las amenazas de tales actos, la coacción o la privación arbitraria de la libertad, tanto si se producen en la vida pública como en la vida privada”.

En este sentido, en Colombia, las mujeres víctimas prepararon diversos actos simbólicos, jornadas conmemorativas y telares en una campaña denominada “Arrópame con tu esperanza”, que reúne piezas tejidas con diferentes materiales como mecanismo para manifestar sentimientos y reflexiones frente a lo acontecido.

La imagen de Kelly Morant vestida de colores vibrantes, acompañando a otras mujeres a contar su historia, como una partera de la verdad y como líder de este evento, se convierte en el refuerzo necesario para que ese secreto abandone el anonimato, y así como bien lo afirma, muchas mujeres puedan ser finalmente libres.

BOGOTÁ (Colprensa).

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