La crisis de la educación

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La semana pasada fue de una incertidumbre desde el punto de vista social, económico y de orden público. Las marchas contra el gobierno fueron gigantescas, por primera vez en la historia Colombia vive un cacerolazo de gran magnitud en protesta por la inconformidad con el gobierno. El mismo, parece hacer caso omiso al clamor nacional, hasta el viernes en la tarde pareciera que para el gobierno todo se resume a un problema de orden público.

La educación ha sido unos de los sectores líderes de estas movilizaciones, pese a lo que quiere mostrar el Ejecutivo, su gestión es educación ha sido de las más pobres en décadas, las cifras lo demuestran: malestar de las universidades públicas por la financiación, incumplimientos que referencian frente a los acuerdos firmados en diciembre de 2018, incumplimiento de los recursos comprometidos para ciencia y tecnología, entre otros factores.

La misma ministra de educación, María Victoria Angulo, ha develado el fracaso de la gestión al explicar en varios medios de comunicación que han realizado más de 260 reuniones para levantar el paro y encontrar una salida negociada. Si se han hecho más de 200 reuniones y no se han resuelto los problemas, ni llegado a los acuerdos, quiere decir que la gestión ha fracasado.

Por otra parte, la dinámica de la Administración ha sido que sólo hable la ministra, situación que sin duda desgasta y hace que se pierda credibilidad. Los viceministros brillan, pero por su ausencia. A diferencia de las administraciones anteriores donde se veían equipos de trabajo en reuniones, en los medios, defendiendo y argumentando ideas, acá la cartera parece que fuera solo la ministra, que esta semana salió en casi todos los medios y nada acalló el malestar de las universidades, de Fecode, de los educadores, de un sector que se siente abandonado, que no es escuchado y que no encuentra estímulos para salir de las movilizaciones.

La Administración actual llegó con promesas de más recursos para educación, justificó la eliminación del programa Ser Pilo Paga con el argumento de girar más recursos a las universidades públicas, sin embargo, ocurrió todo lo contrario. Ha sido el peor año en las universidades públicas: paros, disturbios, bloqueos, marchas, caos.

El 2018 fue el año más difícil, por primera vez en décadas se tuvo que asumir que, frente a un paro de tres meses, el más largo de los últimos tiempos, se acordó que se harían tres semestres en un año. Un atentado contra la calidad y la reputación de las universidades. Ello implicaba no paros, ni bloqueos en 2019 para cumplir con el calendario y ocurrió lo contrario, universidades como la Pedagógica y la Distrital llevan dos meses sin clases. ¿Cómo se termina un semestre que estaba presupuestado en cuatro meses, cuando se han parado dos?

Y como se dijo antes, el Viceministro de Educación Superior brilla por su ausencia, en los medios sólo se oyen las voces del movimiento estudiantil, de los sindicatos y la misma comunidad educativa se siente sola y a la deriva frente a la falta de gobierno.

Pero la parálisis está en varias universidades, inclusive las que no se han declarado en paro han perdido más de 20 días de clases entre marchas, paros, bloqueos. El panorama es gris, la situación parece no tener solución y el gobierno de Duque carece de un equipo en educación con habilidades en negociación que saque al sector de la crisis en la que está sumida.

*Especialista en educación

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