Gestiones públicas exitosas

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Siempre que buscamos maneras de hacer efectiva la democracia, la experiencia de la gestión pública cuando bien se ha desarrollado debe ser un sólido referente. Mucho tiene que ver tal afirmación con la posibilidad de sumarle a los habitantes de un lugar desde los puestos de vanguardia institucional el carácter emprendedor, hacer del territorio que se gobierna tierra fértil de habitantes orgullosos, empoderados, capaces de poner en marcha modelos de gestión útiles que sirvan a sus propias realidades y necesidades. Modelos vivos, que reinventen, renueven y se adapten a las demandas sociales. Modelos de perseverancia y de cambio desde dentro de las estructuras existentes haciéndolas confluir en propuestas comunes a partir de objetivos planteados y aprobados por todos los representantes habilitados para hacerlo.

Requieren nuestros pueblos y pobladores modelos de gestión política donde las personas sean los importantes, se hable de nosotros, se potencie y coordine la participación (muchas veces dispersa y opuesta), de manera cohesionada y consensuada, esto es donde todos sean parte de la decisión y de la aceptación; y donde el trabajo realizado y las pautas de comportamiento soporten un cúmulo de valores compartidos por todos los involucrados en tal o tales procesos.

Para lograrlo son necesarios gobiernos de puertas abiertas, de escucha de los unos y de los otros, de los diferentes, de los distintos, y no solamente de quienes comparten las mismas opciones políticas y de otras índoles. De igual manera, importa siempre, en todo y para todo, planificar y aprobar de manera conjunta el uso de los recursos públicos. Se trata de alcanzar logros concretos y palpables del corto al mediano y largo plazo, sin que ello signifique perder tiempo en discusiones ni debates ideológicos que muchas veces a nada conducen. Es cumplir con lo que se ofrece y acordado se encuentra, compartir el crédito de las obras que se hacen con todos los que participaron.

Es respetar las autonomías, los territorios, las funciones de cada cual. nada de competir duplicando obras, sino haciendo las que la comunidad ha determinado como importantes, urgentes y prioritarias. Entender que cuando se toma una decisión colectiva o grupal, hay que honrar tales decisiones y no obstaculizarla. Importa en ello, no perorar sobre temas partidistas ni religiosos, lo mismo que evitar confrontaciones entre autoridad y sociedad civil, aspí como tampoco comprometerse en hacer lo que no podrá lograrse. SDe cuida con este proceder en gran medida el uso de los recursos públicos al imponerse la austeridad, en la comprensión que los bienes públicos son públicos, son de todos, no del servidor público que los utiliza y nada se despilfarra.

Ojalá ayuden nuestros gobernantes procesos organizativos populares, no para adueñarse de ellos, ni competir con ellos, sino para facilitar el logro de grandes objetivos enmarcados en prioridades. La lección es construir la participación con bases reales, desde la gente y no desde el pensamiento burocrático del Estado o desde las oficinas de los mandatarios de turno. Todo lo anterior, es lo que se requiere que practique el Gobierno Nacional, para las grandes reformas sociales que esta reclamando el país; así como también, para los próximos gobernantes de nuestros Departamentos, Distritos y Municipios, si quieren triunfar en sus gestiones. Reacción  [email protected]

*Jurista

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