No es suficiente

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La obsesión de la mayoría de los economistas con el solo crecimiento de la economía puede explicar en alto grado la profunda insatisfacción de millones de ciudadanos en el mundo y en particular, lo que sucede actualmente en Colombia. Parce increíble que el supuestamente desprestigiado efecto chorreo, es decir que bastaba con crecer porque algo les llegaría a los sectores más pobres de la sociedad, ha vuelto a tomar fuerza precisamente ahora que las economías se han desacelerado especialmente en América Latina. Aun si eso fuera verdad, de nuevo es una realidad que no es suficiente especialmente cuando gracias a los avances en la información todo el mundo, incluyendo a los pobres, vulnerables y clases media conocen perfectamente como viven los ricos, los super-ricos y los super-super-ricos, como los clasifican Garay y Espitia.

A esto también juegan los gobiernos que crecientemente se han puesto del lado de las corporaciones con el argumento de que son precisamente las grandes empresas las que dinamizan la economía.  Por ello los presidentes y sus equipos de gobierno ignoran olímpicamente análisis que demuestran que el crecimiento se concentra en unos pocos, precisamente los ricos, super-ricos y super-super ricos.

Esto es lo que está sucediendo actualmente en Colombia. Los economistas cercanos al poder, los grandes empresarios y los gremios que los representan y particularmente el gobierno Duque, han decidido hacer caso omiso de las cifras que acaba de presentar la Cepal y que demuestran que en el 2019 en Colombia, no solo aumentó la pobreza especialmente la más extrema, como también ha sucedido en el resto de la región, sino que se incrementó la concentración del ingreso, lo que no ha sucedido en otros países. Es decir, en Colombia, así no lo quieran ver, el crecimiento económico de que tanto se vanagloria el gobierno Duque ha beneficiado claramente a los sectores de mayores ingresos del país. Y todavía se preguntan, por qué la gente está en la calle protestando por todos los síntomas de desigualdad creciente evidentes en la sociedad colombiana. Vuelve a plantarse una realidad que no ha logrado hacer carrera especialmente entre los economistas neoliberales; el tema no es solo crecer sino cómo se crece.

Mientras no se acepte que ya pasó el momento en que pacientemente los pobres, vulnerables y clases medias esperan que les lleguen limosnas de ese crecimiento que beneficia a los más ricos, los países todos pero especialmente los que están en vía de desarrollo, vivirán la inestabilidad que ya han empezado a sufrir pero que no terminan por entender. Colombia, el segundo más desigual de América Latina, es tal vez el que más se debería preocupar por dejar de ignorar que su modelo actual de desarrollo no es el que la sociedad está dispuesta a aceptar y como ya aprendió a expresar sin violencia su malestar, la gobernabilidad de quienes tratan de ignorar la injusticia que prevalece en esta sociedad, será creciente. El mensaje es clarísimo: no basta con crecer sino que ya el país no espera más a que se distribuyan de manera justa los beneficios de esa expansión de los indicadores del producto interno bruto. La desigualdad se volvió el gran dolor de todas las sociedades y la colombiana no es la excepción.

*ExMinistra de Estado

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