Tertulias, tinto e iguanas con ‘Doña Amparo’

841

El desparpajo que demuestra Doña Amparo hacia sus iguanas forma parte de su esencia, un sentimiento genuino. 

Por
JEFRY MACHADO

Amparo Sánchez, mejor conocida en la plaza Bolívar de Santa Marta como ‘La señora de las iguanas’ es una valluna que adoptó esta ciudad como su tierra natal, considerándola como el “mejor vividero que tiene el país”. Más que con personas, ha logrado una ‘amistad’ con reptiles, aspecto que impresiona a curiosos, tanto connacionales, como de extranjeros.

“¡Bebé, bebé!”, exclamó ‘Doña Amparo’, cuando su reloj marcaba las 12:00 del mediodía y en sus manos tenía un par de guineos maduros para alimentar a las iguanas que viven en los grandes árboles de la plaza Bolívar de Centro Histórico de Santa Marta. No es un adagio de rutina, tampoco es lo común en mascotas, pero sí una realidad que vive una samaria por adopción

A diario y desde muy tempranas  horas de la mañana, Amparo Sánchez Alzate, prepara los utensilios que necesita para armar su ‘tarantín’ en uno de los bordes de la Plaza, a escasos metros de la Bahía de la ciudad. Allí, su lugar de trabajo, es reconocida como la ‘señora de las iguanas’, razón que le ha permitido generar audiencia de propios y turistas para probar su tinto y ¿por qué no? unos minutos de tertulia también.

Esta mujer, oriunda de Ceilán, un pueblo del Valle del Cauca – aunque no quiso entrar en detalles sobre cuáles son las razones que la hizo desplazarse de su tierra natal-, aseveró que desde muy pequeña sus padres se la llevaron a vivir a Manizales y desde hace 39 años decidió venirse a vivir a la ‘La Bahía más bonita de América’.

 “Quiero y adoro Santa Marta, es el mejor vividero que tiene Colombia”, expresa la valluna con una sonrisa en su rostro, quien ha sacado a su familia por medio de este trabajo honrado. A través de su simpatía se ha ganado el cariño de los samarios y transeúntes de la plaza, ¿el enganche? su amor por las iguanas. Sí, por los varios reptiles que vive en los frondosos árboles del parque.

Sobre la relación particular que ha tenido con las iguanas, señala que ha sido una bonita experiencia, aspecto que representa su tema de conversación y del que no se cansa de hablar cuando una nueva persona le pide que hable sobre esta faceta de su vida. “Empecé vendiendo tinto caminando por las calles de la ciudad, pero me sentía cansada y me hice a un lado en esta parte de la plaza. Pero desde hace ocho años descubrí una de las formas de ser feliz: alimentando a las iguanas”, dijo al compás de su particular acento vallecaucano.

AMOR POR REPTILES

Con mucha seguridad y reiterativa, dice que tiene amaestradas a las iguanas. “Tengo ocho años de estarlas alimentando. Ellas bajan, me conocen y a todos buscan su comida. También las cargo. Mejor dicho las iguanas son mis hijas en estos momentos (risas)”.

‘Doña Amparo’ se declara amante de los animales desde muy niña y en su juventud reafirmó su amor por los animales, porque trabajó en un circo como domadora de los animales, de allí nace su amor por cualquier especie y de los elementos de la naturaleza en sí.

Este oficio de la juventud le permitió experimentar esta estima, que con el pasar de los años empezó a abrirse a la sensibilidad por las iguanas. “Mis bebés saben cuándo yo llego, yo las siento y ellas también. A cada rato yo miro hacia arriba y también me miran para que yo sepa que ellas están allí, pendientes”.

“Las personas cuando me ven cargando las iguanas, se asombran y se asustan, no solo los samarios, sino que extranjeros también, porque la dificultad que existe para domesticar a animales silvestres de este especie y que no se dejan dominar tan fácilmente.  Hay cerca de 15 iguanas en esta Plaza. Pero desde el amor sincero por ellas, las llamo ‘bebé’ y ellas bajan de inmediato, porque ya reconocen mi voz”.

Asimismo, hace un llamado a las instituciones competentes a hacer un vuelco hacia estas especies, que si bien no están en peligro de extinción, pero si requieren de atenciones como la alimentación y el cuidado de ellas.

A este respecto, Sánchez Alzate, recuerda claramente momentos dolorosos que ha vivido con ellas, porque en una oportunidad personas le cortaron la cola a una iguana grande y sintió el dolor en carne propia, hasta el punto de que le salieron las lágrimas. Otro hecho desafortunado fue cuando a una de ellas se le partió una ‘patica’, donde ella misma la enyesó, la cuidó hasta su recuperación y la volvió a subir al árbol.

Una de las anécdotas que más aguarda fue cuando viajó una pareja de Rumania para conocerla. “Querían conocerme en persona. Vino la mamá, el papá y su hija. Me dijeron que venían buscándome a mí, porque me vieron a través de las redes sociales y manifestaron que no creían de la relación que yo tenía con las iguanas, por eso mismo viajaron para verlo con sus propios ojos y corroborarlo”, indicó mientras, enviaba a una de sus nietas a comprar más guineos maduros, porque ya se acercaba la hora de alimentar a sus ‘bebés’.

Mediante la publicación de un medio impreso local, se conoció que en el 2018, Corpamag hizo una campaña de preservación de las especies, en el que le sacaron los huevos a las iguanas del hábitat natural y murieron en ese proceso de traslado, hecho que lamentó mucho Doña Amparo.

OTRO TINTO, UNA NUEVA FACETA

Esa relación particular que ha tenido Doña Amparo con los animales le ha valido su minuto de fama, por lo que confiesa que “a veces me siento como una estrella”. Y es que no está lejos de verse de esta manera, ya que posee cierta afinidad con las artes escénicas.

 “Me gusta actuar y bailar. He tenido la oportunidad de interpretar papeles para cortometrajes, en algunos trabajos audiovisuales que tienen los estudiantes de cine y televisión. Porque es algo que me apasiona mucho y me lo disfruto con alma. El baile también es mi fuerte, cuando hay alguna competencia en el Parque de Los Novios a finales de año con la Alcaldía Distrital, siempre estoy allí, gozándomelo. En definitiva, llevo a una artista por dentro”, subrayó al compás de que ‘tararea’ la canción La vida es un carnaval de Celia Cruz.

En medio de la conversación, ‘Amparito’ como le dicen otros transeúntes de la Plaza, respira profundo y hace una pausa. De pronto, su mirada se pierde en el horizonte por un par de minutos y vuelve:

“En la vida he hecho varias cosas, pero sigo teniendo un sueño pendiente: estar en la televisión nacional. Antes de que muriera el presentador, Jota Mario Valencia, en su última visita a Santa Marta, le manifesté mis deseos de compartir escenario con él, me dijo que sí, pero lamentablemente falleció. Quizás con él si pude haber cerrado ese ciclo que tanto me ha gustado”, dijo.

Doña Amparo, cada vez que se encuentra con un artista de televisión no duda con fotografiarse, conversar y compartir entre risas, sus chistes y anécdotas. Lleva la alegría por dentro, es su esencia.

Mientras el tiempo pase, ella prefiere que el momento indicado llegue y por lo pronto, prefiere darle todo el azúcar que tiene en personalidad, a sus iguanas, esas que le llenan el corazón. Al igual, que a todas las personas que desean conocer de su experiencia con una tertulia amena, acompañado de un buen tinto.

 

Fotografías: Luis Parra 

 

 

También podría gustarte