El maestro Carrasquilla

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En la Escuela Nacional de Arte Dramático (Enad), una sección de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Nacional, establecimiento educativo que dirigía el doctor Víctor Mallarino Botero, la práctica de expresión cultural se hacía representando obras que al tiempo de aclamar las virtudes escénicas propias de esa delicada actividad, proclamaban  ideas incógnitas delatadoras de dictaduras y  vocaciones humanas. “La casa de Bernarda Alba” escrito de  Federico García Lorca, personificada elocuentemente por la compañera Consuelo Luzardo  o, también , “En  la diestra de Dios Padre”, del inmortal Tomas Carrasquilla, ensayada con sus alumnos, entre ellos Frank Ramírez,  por el maestro inolvidable Boris Roth.

Las expresiones artísticas expuestas por los manifestantes del paro del pasado  4, en el teatro  “Plaza de Bolívar”, Capitolio escenario de quienes aprobaron la reforma tributaria patrocinada por el Carrasquilla, pupilo del Chalán del Ubérrimo, evocó el recuerdo de esa leyenda del imaginado personaje de don Tomas: un ser demasiado generoso, “Peralta”, que jamás tuvo ambición personal ni devoción por el “Dios dinero”, sino que,  por el contrario,  la solidaridad y confraternidad Cristiana fueron sus dogmas, no obstante la oposición que su hermana le hacia todos los días. El premio que recibió por su buena conducta, servicio a los pobres, lo liberó del infierno y derrotó al Demonio.

Ese cuento literario ya no se divulga, pues esas lecciones son un veneno político que desacredita las conductas de los Ministros de Hacienda, entre otros al señor Cárdenas, preocupados ellos por arruinar a la clase media, exigiéndole a los consumidores el pago del IVA, para que su arribismo los lleve a comprar todo lo que les haga lucir su crecimiento,  suplantando ingenuamente las obligaciones tributarias de los “industriales”,  que siguiendo las teorías engañosas del falsario Adam Smith, afirman que,  dizque cuando ganan capitalizan para generar empleos, cuando la verdad es que la rebaja de impuestos les facilita la riqueza y el  envió de sus utilidades para otro país y no para favorecer a los protegidos por el señor “Peralta”. Los pobres, humildes y miserables trabajadores, son estimulados por el consumo de lo que no es necesario pero que la propaganda y publicidad les crea la necesidad de adquirir, ansiedad social que en algunos casos conduce a la impropiedad, es decir, aprovechar el descuido de otros para satisfacer sus ambiciones. “El hombre feliz no tenía camisa”, es la conclusión de la obra de León Tolstoi.

Las discusiones de la política económica, desatadas en estos últimos días, son debates en los que argumentos de justicia humana no se escuchan; la oferta y la demanda en la década del 60 del siglo pasado, el Estado, consciente de esa explotación de necesidades fundamentales, tomó unas medidas de intervención para impedir la especulación y la Superintendencia de Precios y la Policía sancionaban los abusos. Ley 155 de 1959. El Estado Neoliberal de ahora no actúa. El liberalismo manchesteriano impera en Colombia: laissez faire, laissez passer, filosofía política del neoliberalismo.

*Abogado

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