El corazón de Bolívar

POR:
ELIÉCER
AVENDAÑO RESTREPO

‘El Libertador’ Simón Bolívar fallece el viernes 17 de diciembre de 1830, a la 1:03 horas 3 minutos 55 segundos de la tarde, viviendo en este universo 47 años, 4 meses y 23 días, logrando en tan corto tiempo liberar directamente  cinco naciones: Venezuela, Colombia, Perú, Bolivia y Ecuador y una indirectamente: Panamá.

Participó en 272 batallas, perdiendo solo 6, libró 79 grandes batallas, corriendo riesgos en 25, cabalgó 123 mil kilómetros, más de lo navegado por Colón y Vasco de Gama juntos.

Sus ideas de libertad fueron escritas en 92 proclamas y 2.632 cartas. Fue sepultado en la Catedral de Santa Marta el 20 de diciembre de 1830; un gran terremoto devastó a la ciudad el 24 de mayo de 1834, destruyendo el panteón de Bolívar y el juez político, Manuel Ujueta se lleva el féretro para su casa, donde permaneció cinco días regresando a la Catedral, el día 29 de mayo.

En julio de 1839, los restos de Bolívar fueron trasladados al frente del altar mayor, dándole un lugar preponderante y el general Joaquín Márquez, le colocó una placa conmemorativa. Después de 12 años de muerto ‘El Libertador’, el presidente de Venezuela, José Antonio Páez, en cumplimiento de lo plasmado en el Testamento del Gran Héroe: “Es mi voluntad: que después de mi fallecimiento, mis restos sean depositados en la ciudad de Caracas, mi país natal”, envió la petición  a la Nueva Granada, donde fungía como presidente Pedro Alcántara Herrán, gran amigo de Bolívar.

El 20 de noviembre de 1842, regresa al sarcófago frente al altar de la Catedral de Santa Marta, el corazón de Bolívar y según mi concepto, de acuerdo a reflexiones comparativas, de ninguna manera pudo un incendio consumir el cofre donde permanece la pieza; el actual cenotafio contiene ese preciado ícono histórico.

Los diversos arreglos y cambios que se han hecho en la Catedral han escondido aún más el lugar donde el cáliz que contiene todas las sensaciones y emociones de las vivencias del luchador incansable por la libertad de América y todavía continúa latiendo en lo onírico de la vida espiritual.

Existen varias versiones sobre el corazón de Bolívar y una de ellas, según el historiador Ciro Vega Aguilera, fue que el 13 de diciembre de 1860, en una refriega entre centralistas, quienes se refugiaron en la Catedral de Santa Marta y federalistas que los atacaron, produjeron un gran incendio y afirma este escritor en su libro “El Corazón de Bolívar”, que la urna de madera y plomo se quemó en su totalidad.  Otras versiones de connotados escritores e historiadores, afirman que el día del incendio, al iniciar el humo, el pueblo samario se levantó en contra de los contendientes y los obligaron a ambos a apagar las llamas. Una de las versiones más creíble es que el día del incendio, el párroco de la Catedral lo tomó del altar, junto con los objetos religiosos y lo escondió en el sótano. Algunos afirman que se lo llevaron para Bogotá, pero no existen argumentos sólidos que comprueben esa tesis.

La Sociedad Bolivariana del Magdalena, fiel a su convencimiento y frente a la lógica, afirma: Si el cofre estaba en el mausoleo a tres metros bajo tierra, era imposible quemarse. Si estaba en el altar, cosa casi imposible de aceptar por la Iglesia, era que su valor histórico era preponderante, al estar con el cáliz y demás objetos religiosos y por eso el párroco, lo retiró.

De acuerdo a esta reflexiones, la Sociedad Bolivariana se puso en contacto con la embajada de Japón y emprendió una campaña para hallar el lugar del corazón de Bolívar, procediendo a efectuar excavaciones y muestreo metálico en la Catedral de Santa Marta, produciendo un gran revuelo nacional, llegando a la conclusión de que era mejor que el Corazón de Bolívar permaneciera oculto en la Catedral, como uno de los símbolo más preciados de la libertad americana.

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