La Gobernación seviste de Navidad

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En el Palacio Tayrona se viene haciendo la Novena de Aguinaldos y se entregan regalos a los niños con la compañía de la gobernadora Rosa Cotes de Zúñiga y Papá Noel.

La Gobernación del Magdalena se vistió de la alegría de la Navidad y los más contentos con esta iniciativa son los niños magdalenenses, quienes por invitación de la mandataria seccional Rosa Cotes de Zúñiga, vivieron  un día muy especial.

Los pequeños participan con mucho entusiasmo de la Novena de Aguinaldos, y también han sido homenajeados con la presencia de Papá Noel, que en esta ocasión se puso de acuerdo con la gobernadora Rosa Cotes para entregar aguinaldos a los niños que se dejan tocar por el Espíritu de la Navidad.

Para la mandataria seccional y su equipo de trabajo esta época es una de las más gratificantes, porque les permite alegrar los corazones de muchos niños con la entrega de aguinaldos.

Además los pequeños también son invitados a ofrecerle la Novena de Aguinaldos al Niño Dios como es la tradición católica.

LA NOVENA

Hoy se celebra el tercer día de la Novena al Niño Dios y todos estamos invitados a ofrecerla de esta manera por la paz de Colombia.

Oración para todos los días: Benignísimo Dios de infinita caridad, que tanto amaste a los hombres, que les distes en vuestro hijo la prenda de vuestro amor, para que hecho hombre en las entrañas de una Virgen naciese en un pesebre para nuestra salud y remedio; yo, en nombre de todos los mortales, os doy infinitas gracias por tan soberano beneficio.

En retorno de él os ofrezco la pobreza, humildad y demás virtudes de vuestro hijo humanado, suplicándoos por sus divinos méritos, por las incomodidades en que nació y por las tiernas lágrimas que derramó en el pesebre, que dispongáis nuestros corazones con humildad profunda, con amor encendido, con tal desprecio de todo lo terreno, para que Jesús recién nacido tenga en ellos su cuna y more eternamente. Amén. (Se reza tres veces Gloria al Padre).

CONSIDERACIÓN DEL TERCER DÍA

Así había comenzado su vida encarnada el Niño Jesús. Consideremos el alma gloriosa y el santo cuerpo que había tomado, adorándolos profundamente. Admirado en el primer lugar en el alma de ese Divino Niño, considerarnos en ella la plenitud de su gracia santificadora; la de su ciencia beatífica, por lo cual desde el primer momento de su vida vio la divina esencia más claramente que todo los ángeles y leyó lo pasado y lo por venir con todos sus arcanos conocimientos.

No supo por adquisición nada que no supiese por infusión desde el primer momento de su ser; pero Él adoptó todas las enfermedades de nuestra naturaleza a que dignamente podía someterse, aun cuando no fuese necesario para la grande obra que debía cumplir. Pidámosle que sus divinas facultades suplan la debilidad de las nuestras y les den nueva energía; que su memoria nos enseñe a recordar sus beneficios, su entendimiento a pensar en Él, su voluntad a no hacer sino lo que Él quiere y en servicio suyo.

Del alma del Niño Jesús pasemos ahora a su cuerpo, que era un mundo de maravillas, una obra maestra de la mano de Dios. No era, como el nuestro, una traba para el alma; era, por el contrario, un nuevo elemento de santidad. Quiso que fuese pequeño y débil como el de los niños, y sujeto a todas las incomodidades de la infancia, para asemejarse más a nosotros y participar de nuestras humillaciones. El Espíritu Santo formó ese cuerpecillo divino con tal delicadeza y tal capacidad de sentir, que pudiese sufrir el exceso para cumplir la grande obre de nuestra redención. La belleza de ese cuerpo divino fue superior a cuanto divino fue superior a cuanto se ha imaginado jamás; la divina sangre que por sus venas empezó a circular desde el momento de la encarnación es la que lava todas las manchas del mundo culpable. Pidámosle que lave las nuestra en el sacramento de la penitencia, para que el día de su Navidad nos encuentre purificados, perdonados y dispuestos a recibirle con amor y provecho espiritual.

ORACIÓN A LA SANTÍSIMA VÍRGEN

Soberana María, que por vuestras grandes virtudes, y especialmente por vuestra humildad, merecisteis que todo un Dios te escogiese por madre suya, os suplico que vos misma prepares y dispongas mi alma, y la de todos los que en este tiempo hicieren esta novena, para el nacimiento espiritual de vuestro adorado Hijo.

¡Oh dulcísima Madre!. Comunicadme algo del profundo recogimiento y divina ternura con que le aguardasteís vos, para que nos hagas menos indignos de verle, amarle y adorarle por toda la eternidad. Amén. Se reza tres veces el Avemaría.

ORACIÓN A SAN JOSÉ

¡Oh Santísimo San José! esposo de María y padre adoptivo de Jesús. Infinitas gracias doy a Dios porque os escogió para tan altos ministerios y os adornó con todos los dones proporcionados a tan excelente grandeza. Os ruego, por el amor que tuvisteis al Divino Niño, me abraséis en fervorosos deseos de verle y recibirle sacramentalmente, mientras en su divina esencia le veo y le gozo en el cielo. Amén. Se reza el Padrenuestro, el Avemaría y Gloria

GOZOS NAVIDEÑOS

Espejo sin mancha, santo de los santos, sin igual imagen del Dios soberano! ¡Borra nuestras culpas, salva al desterrado y en forma de niño, da al mísero amparo! Ven a nuestras…

¡Rey de las naciones, Emmanuel preclaro, De Israel anhelo Pastor del rebaño! ¡Niño que apacientas con suave cayado ya la oveja arisca, ya el cordero manso! Ven a nuestras…

ORACIÓN AL NIÑO DIOS

Acordaos, ¡oh dulcísimo Niño Jesús! que dijisteis a la venerable Margarita del Santísimo Sacramento, y en persona suya a todos vuestros devotos, estas palabras tan consoladoras para nuestra pobre humanidad, agobiada y doliente: “Todo lo que quieras pedir, pídelo por los méritos  de mi infancia y nada te será negado”.

Llenos de confianza en Vos, oh Jesús, que sois la misma verdad, venimos a exponeros toda nuestra miseria. Ayúdanos a llevar una vida santa, para conseguir una eternidad bienaventurada.

Concedednos, por los méritos infinitos de vuestra encarnación y de la infancia, la gracia de la cual necesitamos tanto… Nos entregamos a Vos, oh Niño omnipotente, seguros de que no quedará frustrada nuestra esperanza. Y de que, en virtud de vuestra divina promesa, acogereís y despachareís favorablemente nuestra súplica. Amén.

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