Ahora los jóvenes son los malos

El 24% que apoya al presidente Duque está dedicado a identificar a los jóvenes del país que se manifiestan en contra de esta administración como los malos del país. Malandros, terroristas, bandidos y otras calificaciones gruesas se repiten en todos los comentarios de esta especie de logia en que se han convertido amplios sectores de esa minoría privilegiada del país que defiende que nada cambie en Colombia. En esto así no lo reconozcan se identifican con el Centro Democrático y con el ex presidente Uribe a quien tanto le deben. Pudieron volver a sus fincas y la Confianza Inversionista los enriqueció. Como tienen tanta voz porque son parte de sectores privilegiados que siguen mandando en Colombia, sus agresivas posturas se multiplican rápidamente y con ellas tratan de deslegitimar esos movimientos sociales que muestran el descontento de las mayorías. Como el 70% del país no apoya a este gobierno, el daño que le pueden hacer a nuestra juventud puede ser menor pero de todas maneras esta actitud merece un análisis.

Quienes durante mucho tiempo hemos interactuado con la gente joven en las Universidades e inclusive en colegios, sí vemos un cambio muy positivo en las nuevas generaciones que no puede deslegitimarse. Nosotros los mayores que pasamos la vida en medio del conflicto armado con las FARC y que vivimos las limitaciones que una guerra impone al desarrollo de la ciudadanía, durante décadas vimos una juventud ajena a los problemas nacionales. Con razón, desilusionados del ejercicio de la política, solo su futuro y sus actividades en el sector privado eran objeto de sus preocupaciones. Muchos nos inquietábamos porque sabíamos que entregaríamos un país lleno de dolor y sin negar avances, aún con problemas gravísimos como la desigualdad y la falta de reformas sociales y económicas fundamentales para un futuro positivo. Al ver una juventud tan desconectada sentíamos que habíamos fallado en crear conciencia de los cambios impostergables que ahora en el posconflicto deberían realizarse, precisamente por las nuevas generaciones.

Por ello lo que estamos viviendo con las manifestaciones precisamente de los jóvenes respondiendo a lo que significa ser ciudadano, es decir, salirse de su sitio de confort y luchar por el país, por quienes no han tenido los privilegios de unos pocos, nos llena de esperanza. Nuevas generaciones más educadas y con metas altruistas sí van a generar los cambios que esta democracia imperfecta demanda. No es aceptable por consiguiente, que aquellos que quieren mantener esa sociedad excluyente, los descalifiquen de la manera como lo están haciendo. Claramente los jóvenes han sido los primeros en rechazar a los que sí son vándalos y eso lo desconocen quienes los identifican como los malos. ¿Por qué lo hacen? Porque esas nuevas generaciones que despertaron y luchan por una sociedad distinta constituyen un peligro para esos sectores retardatarios que todavía mantienen el poder en esta sociedad excluyente que es Colombia. Más temprano que tarde llegarán al poder y cambiarán mucho de lo que ha beneficiado a unos pocos.

Es fundamental por consiguiente, que salgamos a reconocer las bondades de este movimiento social que sacude para bien este país, donde los jóvenes no son los únicos pero sí los que más han sorprendido con su alegría, con su energía, con su voluntad de romper esquemas obsoletos. Con exageraciones, con mentiras, lo único que se logra es incendiar la protesta y los responsables serán quienes no quieren escuchar las voces que claman un nuevo país. Y los que recibimos los insultos por defender a los jóvenes debemos tener mucha paciencia porque el cambio es impostergable, inevitable.

*ExMinistra de Estado

También podría gustarte