Renovar nuestro compromiso con el Magdalena

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Es la Navidad, la festividad religiosa que conmemora el nacimiento de Jesús en Belén. Una de las celebraciones más importantes del cristianismo. Acontecimiento en el que la mayoría de los pobladores del mundo se preparan para recibir la Nochebuena con expectación y alegría en unión de sus seres queridos. Fiesta para meditar acerca de su significado y la razón de la nacencia del Hijo de Dios entre nosotros. Es entender que su nacimiento obedece a un propósito redentor de Dios, cual es liberarnos de toda estructura terrenal y material que nos impide vivir la vida a plenitud. Supone seguir construyendo entre todos, una ruta perfectible, un sendero de renovación espiritual, para reconocer que sí se puede edificar una mejor sociedad. Tiempo para reconocer con humildad nuestros errores y pedirle al Creador que nos guie, ampare e ilumine nuestros pasos.

Debe servirnos la Navidad para renovar nuestro compromiso de fortalecer los lazos fraternales, superar conflictos familiares, perdonar de corazón, reconciliarnos, renovar nuestro deseo de seguir levantando la Iglesia que Jesús quiere, una Iglesia de comunión, de participación, fundamentada en el amor y en la promesa del reino de Dios. No ha sido este un año fácil, como de retos será el venidero para los distintos sectores y áreas en cuanto desarrollo, crecimiento, lo social, político, ambiental, cultural y económico, ente otros aspectos, todos y cada uno de los cuáles requeridos de ser superados en sus índices, avanzarlos, camino a que las esperanzas de un mejor porvenir en el año nuevo sean dables de alcanzar.

Un nuevo año que debe permitirnos ser protagonistas de nuestra continuación de vida y proyectarlo con mejores días, con fe, voluntad, buenos deseos, y sobre todo con mucha humildad y trabajo para el bienestar social. Un año nuevo trae consigo oportunidades, dificultades, alegrías y tristezas, triunfos y fracasos, lo que impone ponerlo todo en manos de Dios para el logro de nuestros objetivos por medio de la oración y el trabajo en su nombre, debiendo transitar por caminos de esperanza, de paz, de verdad, de buenas nuevas y ser ciudadanos responsables, comprometidos, valientes, trabajadores y honestos.

Este tiempo es bastante particular, el día a día cambia, nos volvemos amigables, unidos, amables, deseamos lo mejor para todos, nos humanizamos más. Se va un año como antes dije, nada fácil y seguro estoy que comparten conmigo la opinión que requerimos un cambio necesario y que por fuerza tendrá que venir de cada uno de nosotros, en la convicción y sentir que las cosas tendrán que cambiar para bien y ser mejores para todos, que lo que deseamos debe llegarnos, no importa el esfuerzo. Y su queremos ese cambio debemos por obligación empezar por nosotros mismos. Obliga lo dicho, prepararnos, apoyar, planificar aquello que está en nuestro control, optar por el bien común, llenarnos de energía, cumplir las metas, los objetivos y propósitos que deseamos poner en marcha para cumplir lo planeado. Sea el venidero un año lleno de brío, dignidad, trabajo y gran tesón para que nos vaya mucho mejor.

Pasando a otros escenarios, esto es gubernamentalmente hablando, conviene para el Magdalena con especial empeño, un trabajo denodado, arduo, que nos lleve a lograr un departamento cohesionado en todas sus fuerzas vivas que coadyuven a impulsar el desarrollo social y humano en nuestro territorio, a la par de un notable crecimiento económico en contexto escalar de productividad y competitividad.

Es conjuntar un trabajo mancomunado en el que converjan administración, representantes de los distintos sectores culturales, ambientales, económicos, empresariales, sociales y demás, así como la participación activa de nuestros ciudadanos en un amplio, permanente y continuo proceso participativo y democrático, de consulta y deliberación, que facilite las rutas mejores para hacer realidad la forja de una prosperidad para todos y cada uno de los magdalenenses y que permita hacer realidad un departamento más incluyente, lleno de oportunidades y ventajas, bajo la visión de hacer mejor las cosas, donde todos seamos líderes desde nuestro ser, hacer y quehacer, atendiendo en ello nuestras propias realidades, necesidades, demandas, importancias y urgencias, clave lo cual para alcanzar primero que después ese anhelo de ser el Magdalena el grande departamento que merece, debe y tiene que ser.

Deben y tienen que procurarse para el Magdalena desarrollos inteligentes, donde protagonistas sean crecimiento, equidad, satisfacción, en apuesta comprometida que reivindique y procure la búsqueda e identificación real de los reclamos, exigencias, demandas y problemas de nuestras comunidades, y consecuentemente que no se escatime en recursos y esfuerzos para atender las necesidades poblacionales, al tiempo de ser coherente con el momento histórico del departamento, en lo que importa identificar sus oportunidades y ventajas comparativas y competitivas para ser puestas al servicio del desarrollo de las gentes del Magdalena.

Ha crecido de alguna manera el departamento, pero no se ha desarrollado, no se siente productiva ni competitivamente, los índices de pobreza no disminuyen, tampoco la tasa desempleo y no aumenta el ingreso per cápita. Sigue siendo insuficiente y concentrado el crecimiento del Departamento. No vemos una propuesta de desarrollo integradora que involucre el tema social en términos de crecimiento, equidad y satisfacción para los magdalenenses sin excepción.

Nuestras fortalezas se han ido de marcha, o mejor, las hemos ido. Hemos convertido en debilidades, la diversidad de climas, pisos térmicos, alturas, paisajes, identidades culturales, riqueza hídrica, fertilidad territorial, conflictos en el uso del suelo, falta de planeación del crecimiento, desorganización del territorio, improvisación, escasa ejecución, desordenada urbanización, ineficiencia catastral y medio ambiental.

Hay un Magdalena con una población que tiene formas propias de verlo e imaginarlo; como también instituciones gubernamentales obligadas a tomar decisiones responsables fundamentadas en acuerdos para impulsar la competitividad territorial y el desarrollo. La obligación es volver visible y materializar las necesidades y demandas de los magdalenenses con acciones reales en camino de superación, donde quepan holgadamente cohesión social, productividad, sostenibilidad, competitividad, integración, gobernabilidad, gobernanza, Liderazgo, Paz, globalidad, ciencia, tecnología e Innovación, para hacer del Magdalena una unidad territorial referente respecto de Cómo hacer bien y mejor las acciones de gobierno, en la seguridad que todos jalonando para un mismo propósito podemos tener mañana un Magdalena mejor y superior, razón por la que debamos ejercer veeduría y control social consciente, y consecuentemente, apropiarnos y empoderarnos a tope en la seguridad de ser partícipes del nuevo departamento que para todos queremos, anhelamos, deseamos y reclamamos.

Un Magdalena mejor y superior en las más de sus áreas requiere de un inmenso e intenso trabajo de parte de quienes lo conformamos, proponernos metas, fundarlo en diagnósticos y estrategias con un enfoque participativo y territorial dirigido a mejorar del inmediato al largo plazo la calidad de vida de las generaciones presentes y futuras con educación, dinamizando entornos creativos, imaginando nuevas realidades, con un modelo de ordenamiento territorial estructurado, cohesionado y equilibrado que consulte las propias realidades y necesidades, como un todo integral de desarrollo que garantice el bienestar de sus habitantes, debiendo ser el desarrollo social base de nuestro progreso, en lo que cabe la formulación de políticas que contribuyan a la resolución de los problemas sean cuales fueren, con diálogo, consenso, acuerdos, entendimientos, atención a las personas.

Importa igualmente, ubicar las buenas prácticas y métodos en todos los sectores, comprender el papel del Magdalena frente a las nuevas realidades del mundo, dinámica, exigente, competitiva y retadora, siendo la nueva realidad el cambio climático y la tendencia global hacia empresas de mayor crecimiento. Entender la paz como un imperativo para una sociedad más incluyente, donde encontremos nuevas formas de solucionar y atender nuestros problemas y necesidades, situación que impondrá una nueva forma de concebir la vida y el respeto por el disenso, lo cual, sin lugar a dudas, traerá nuevos retos como comunidad, y nos permitirá acompañar desde la institucionalidad este proceso de transición desde la situación actual a un Estado Social de Derecho en pleno funcionamiento.

Liderazgos que impulsen procesos de cambio respecto de hacer las cosas y configura la nueva identidad del departamento para crear nuevas oportunidades y potenciar el talento excepcional de familias, comunidades, instituciones y del departamento en su conjunto, Hacer realidad desde la ciencia, la tecnología y la Innovación, un Magdalena más incluyente, lleno de oportunidades y ventajas, donde sea posible hacer realidad lo deseable, en el entendido y comprensión que del trabajo desarrollado tendremos un departamento mayormente incluyente, lleno de oportunidades y ventajas desde hoy y para el mañana.

Nuestros municipios son otro de los grandes desafíos que tenemos, lo que obliga consolidarlos para la democracia, garantizar en ellos el ejercicio pleno de los derechos de todos, de ahí que para avanzar en este y otros sentidos, convendría impulsar transformaciones culturales que den al traste con la persistencia de prácticas y liderazgos tradicionales, corruptos y antidemocráticos. Hacer cumplir en ellos cualidades básicas de gobierno como son la transparencia y la rendición de cuentas, entre otras. Hacer de ellos un mosaico de posibilidades que pueden guiar los esfuerzos hasta ahora realizados para asegurar el ejercicio de los derechos y la convivencia democrática.

Se dice que las comparaciones son odiosas, pero igual sirven para ver en que estamos o podríamos estar. Si miramos otros escenarios municipales, veremos fronteras que no hemos podido rebasar, contornos salpicados de luces que no nos llegan, obras de civilización que nos abruman, generación de riqueza y conocimiento para atraer progreso en lo que no hemos avanzado todavía. El Magdalena de los municipios en marcha no arranca como debería y tendría que ser. En una comunidad de ciudades y naciones, donde la mayor parte de las normas de juego que conocíamos han cambiado o están en plena evolución y donde las dinámicas transformadoras, donde lo global y lo local están destinados a ponerse de acuerdo, es el municipio, nuestros municipios, donde deben darse sin dilaciones, verdaderos laboratorios de porvenir en los que encontrar las nuevas fórmulas para la gobernanza partiendo del diálogo y el consenso, siempre construyendo y trabajando por y para todos los pobladores. Avanzando sin dejar a nadie en el pedregoso camino del atraso.

Es con diálogo, consenso, espíritu de progreso y sentido de pertenencia que deben forjarse estos nuevos gobiernos. Con el convencimiento pleno que la ciudadanía debe decidir apostar por mayorías que se fragüen en el coloquio y la aprobación. Los nuevos gobiernos deben ser estructuras en los que sus componentes se sientan especialmente satisfechos en contexto de oportunidad para las iniciativas de progreso, de impulso, de cambio y desarrollo de manera sostenida, independientemente que se tengan perspectivas distintas, toda vez que siempre habrá y encontrar podemos terrenos comunes en el compromiso de servicio público.

Requieren nuestros municipios asomarse a grandes obras, atender sus necesidades en cuanto a recuperación y proyección, convertirse en la mejor esperanza para la democracia, ser principio de realidad, construirse día a día como proyecto y propósito común de fuerzas de progreso, por lo que se debe poner la mira en las necesidades de las personas y no en las disputas políticas que, con frecuencia escapan a ese principio de realidad de un municipio.

Por ello y entre otras importancias, debe ser el compromiso de nuestros mandatarios restaurar la confianza ciudadana en la administración y en la gerencia como en la gestión pública y política, camino a una prosperidad compartida. Es la apuesta para seguir generando avances, empleos, prosperidad, hacernos productivos y competitivos, ser motor económico; entender que el principal factor que reduce la desigualdad entre la gente es el trabajo, el cual brinda estabilidad. Principal objetivo de los municipios como proyecto conjunto debe ser el carácter social, toda vez que se impone aprender a construir más el municipio, generar riqueza y empleo de manera sostenible; hacer de la movilidad un baluarte, ya que bien conectados se distribuye mejor conocimiento, ayuda y riqueza.

Tenemos que hacer y ser municipios que miren sin complejos a otros más avanzados, puesto que hacia ello vamos. Pensar somos capaces de llevar a cabo grandes logros, de ejecutar con éxito grandes proyectos, y a la vez cuidar de las necesidades de los rincones más escondidos de la geografía urbana, donde igualmente hay personas que deben y tienen que ser fuente y objeto de las preocupaciones gubernamentales.

Intención, empresa y designio de nuestros municipios es sentir orgullo de pertenencia, reclamar puesto en la vanguardia del progreso, ser capaces sus mandatarios de asumir con responsabilidad cualquier desafío y llegar victoriosos a la meta para salir adelante y estar a la altura del esfuerzo diario que todos debemos hacer en la búsqueda y procura de mejores logros y superiores resultados.

Importa trabajar por ello, ser municipios multiculturales, multimodales, de crecimiento sostenible listos para el futuro cuidando lo mejor de su historia; espacio compartido, que debe ser una oportunidad para mostrarnos respeto los unos a los otros, jalonar hacia una misma dirección y avanzar juntos; estar en pie, combatir la inequidad, cerrar la brechas de la desigualdad, trabajar por nuestros municipios es la clave, debiendo en consecuencia tener y sentir orgullo de pertenencia y responsabilidad por hacer un trabajo solvente que abra un porvenir de esperanza e integral prosperidad para todos nosotros los magdalenenses y quienes nos habitan.

Sirvan Navidad y Año Nuevo, como espacios para la honda reflexión, como tiempo para recargarnos de energía positiva, de felicidad para todos para hacer un alto en las actividades cotidianas, balances de nuestras vidas y recordar la importancia de llenar nuestros días de solidaridad y esperanza, de sabernos protagonistas de los cambios necesarios para ofrecerles un hogar, municipio, departamento, región y país mejor a las nuevas generaciones.

Como samario y magdalenense, no me cabe duda que estos sentimientos formarán en adelante parte de nuestro trabajo diario, pues el compromiso que cada uno de nosotros debe dedicar en sus respectivas actividades a estas intenciones e iniciativas, deben ser pilares fundamentales para que los municipios todos del departamento se preserven camino a un porvenir de excelencia y cumple con su misión y principio de ser en adelante unidades territoriales de vanguardia con vocación y protección social, que nos permita decir con orgullo que vamos a cumplir, que vamos a cosechar grandes aportes para municipios y departamento, a través de las diversas actividades que competen.

Interesa en esto que seamos ciudadanos de reflexión y crítica, que ofrezcamos como tales y en todo momento una visión constructiva y transformadora de nuestra sociedad, que hagamos un consciente control social para interpelar y denunciar las graves inequidades que nos aquejan, al tiempo de no cesar en nuestra lucha por que se garantice calidad, equidad y libertad para nuestros ciudadanos y así puedan desarrollar sus talentos y colmar sus vidas de realizaciones que -en conjunto- transformen a nuestra sociedad en un espacio inclusivo y próspero.

Deseo expresarles en estas líneas a nuestros amables lectores, mi mayor reconocimiento y agradecimiento por su trabajo comprometido, generoso y por lo que seguro estoy aportarán como ciudadanos a todos y cada uno de los objetivos aquí planteados, y que disfruten de estas festividades junto a sus familiares, seres queridos y amistades. Muchas felicidades y un abrazo afectuoso./[email protected]

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