Pensar el porvenir vale la pena

580

Nunca debe ser dable renunciar al derecho, deber y porque no obligación de pensar y repensar nuestro futuro. Pensar en el mañana es orientar el hoy con esa perspectiva. El mundo de hoy y las circunstancias que lo contienen no permiten improvisaciones ni insustancialidades, como tampoco obrar ni actuar irresponsablemente y mucho menos a la topa tolondra. Se impone pensar en la Santa Marta y el Magdalena del mañana de manera noble, preocupada, sesuda, ocupada, pero sin desesperarnos, pues llegaríamos a consideraciones, decisiones y conclusiones nada positivas y en cambio sí perjudiciales.

Inquieta la pasividad de la juventud y la manifiesta insensibilidad de algunos mayores que despreocupados, van tranquilos pendientes solo de hacer dinero, negociar, lo que hacen hasta con los principios que consideramos inalienables; pero nunca consideran los problemas que nos rodean, no los consideran, los ignoran. Mucho menos los del mundo que nos afectan irremediablemente. Se entienden como si vivieran en otro planeta. Actitudes que preocupan y requieren que conozcamos sus causas a fin de conocer e interpretar sus efectos.

Entendamos que somos un proceso, un todo en permanente formación y construcción. Que tenemos que soportarnos en valores, en ejemplos dignos de emular. Tener una clara visión de futuro y ser corresponsables con ese porvenir. Ser responsables del mañana, lo que impone que no podemos ser incapaces de desentendernos del después como tampoco del aquí ni del ahora. Es nuestra tarea, más cuando existe ausencia de lógica, ética y valores, así como inconsistencias en nuestros sistemas educativo, de salud, de justicia, legal; lo cual llama a sentar voces de protesta ante los atropellos de una justicia que rompe el equilibrio de la balanza, que nos llevan a pensar seriamente en la necesidad de sopesar una constituyente seria para buscar las reformas que no han sido posible, ni lo serán en el Congreso de la República.

Nadamos en un océano de malestares y frustraciones. Crecen ira y resentimiento ante la falta de respuestas coherentes a problemas visibles de ayer y de hoy. No se desarrolla el sentido común. No se vislumbran los senderos propicios para la realización de lo acordado. Una burocracia paquidérmica e inoperante dilata soluciones. Cabalga la corrupción. En fuga justicia, equidad e igualdad social. La política colapsada. Pero igual, hay una mayor conciencia de los derechos individuales y colectivos, pero no hay suficientes propuestas y realizaciones que permitan vivirlos plenamente.

Estamos ante situaciones colectivas que requieren planteamientos y respuestas nuevas, cambios en la manera de vivir juntos ante las velocidades pasmosas en que se surten. Es crítico el modelo de producción, económico en la relación nosotros y naturaleza, No asumimos nuestra propia responsabilidad frente a cuanto nos agobia. No son solo problemas políticos, culturales y económicos, sino que tocan los adentros de nuestras propias acciones. Tenemos que hacer conciencia plena y cooperarnos antes que no haya marcha atrás, de lo contrario quedaremos desligados de nuestro destino común y de nuestra responsabilidad de construir paz y justicia.

 [email protected] *Jurista

También podría gustarte