Un balance político del 2019 en Colombia

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Como casi siempre, debemos decir que no hay un balance en términos de blanco o negro, normalmente se trata de resultados mezclados y con muchos que podemos colocar más en tonalidades diversas de grises.

El gobierno Duque logró mantener la imagen de uno que no negocia cuotas políticas a nivel nacional –lo que se denominó como ‘mermelada’-, porque a nivel regional es ‘vox populi’ que si se han distribuido dichas cuotas a manos llenas y es allí donde se explica la aprobación en el Congreso de algunas de las iniciativas más importantes para el Gobierno. Es claro que los partidos Centro Democrático, Conservador, MIRA, Colombia Justa y Libre que son la base de la coalición del Gobierno han sido más disciplinados por contar con participación política nacional definida, el otro partido que se definió como de gobierno, el Partido de la U, sólo lo ha sido en algunos temas y al final de la legislatura, la tendencia más pro-gobierno del partido Cambio Radical –que se había definido como independiente-, contribuyó a la aprobación de la ‘reforma tributaria’ mimetizada.

Los partidos y movimientos políticos de oposición se comportaron como correspondía a su tarea.

El Partido Liberal, declarado como independiente junto con Alianza Verde y una de las dos principales fuerzas del Congreso, actuó en consecuencia y disciplinadamente; en algunas ocasiones apoyó iniciativas del gobierno y en otras, como la ‘reforma tributaria’ votó en contra.

El tema de la defensa de la paz logró generar un bloque de congresistas, más allá de las afinidades formales con el gobierno; allí de nuevo la oposición política, junto con los Partidos Liberal y Alianza Verde y un grupo de congresistas del Partido de la U y de Cambio Radical actuaron conjuntamente y esto permitió negar las objeciones del Presidente a la Ley Estatutaria de la JEP y empezar a darle salida a la prórroga de la ley de víctimas, igualmente defender las asignaciones presupuestales para los PEDETs –sobre los cuales debemos decir que la Consejería Presidencial para la Estabilización fue el abanderado dentro del gobierno de avanzar en su ejecución, así como en otros aspectos de la implementación del Acuerdo de Paz-. Pero también es un hecho a destacar la conformación de un bloque muy diverso de personas y organizaciones alrededor del Movimiento Defendamos La Paz (DLP), que fue un apoyo muy importante extra-congreso a la bancada de congresistas defensores de la implementación del Acuerdo de Paz.

El gran lunar y muy doloroso, fue la continuación del asesinato de líderes y lideresas sociales y excombatientes de FARC –que debemos decir no comenzó en el actual gobierno-, pero que ha mostrado hasta el momento, por lo menos incapacidad o ineficacia de las estrategias del gobierno para enfrentarlo y que en buena medida parece estar asociado igualmente, a la dificultad que han tenido tanto el Gobierno Santos como el de Duque, de ser capaces de desarrollar una real estrategia de control de los territorios, que a nuestro juicio no es otra cosa que una estrategia de construcción de Estado en los mismos y que no se desarrollará positivamente mientras no se abandone completamente la doctrina de seguridad propia de la ‘guerra fría’ y del enemigo interno.

No hay duda que enfrentar los actores de violencia que quedan en los territorios, incluyendo insurgencias y grupos de crimen organizado, requiere una adecuada estrategia de presencia del Estado allí, acompañada de una inteligencia adecuada y acción combinada de fuerzas especiales de la Fuerza Pública con programas de desarrollo económico y social, en el centro de los cuales deben estar los PEDET.

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