Ojo con el paramilitarismo

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El departamento del Atlántico y la cuidad de Barranquilla con demasiada frecuencia se sienten aislados de muchos de los problemas que afectan a la Región Caribe.  Siempre han creído ser menos pobres que los otros departamentos, pero no es sino ir al sur para reconocer que la pobreza también es una constante en municipios como Suan, para solo mencionar a uno de los más deprimidos en esta parte del departamento. Pueden tener razón en algunos indicadores que muestran avances como la infraestructura en carreteras del departamento que no se encuentra en los otros sures, como el de Bolívar, por ejemplo. Sin duda, Barranquilla sí puede mostrar avances como el gran centro comercial de la Región Caribe que la distancian favorablemente de otras de las ciudades costeñas.  Sin embargo, hay una situación demasiado peligrosa que está afectando a una parte central de estos departamentos que desconocerla puede ser demasiado peligroso tanto para el Atlántico como para su capital.

Se trata nada menos que de la fuerza que está tomando el retorno de uno de los peores males que han generado una historia de sangre en esta parte del país, los paramilitares que están en plena guerra por el dominio de la Troncal del Caribe. Esta vía pasa por los departamentos de La Guajira, Magdalena, Atlántico, Bolívar, Sucre, Córdoba y Antioquia, el único que no pertenece a esta parte del país. Es decir, con excepción del Cesar, toda esta región está siendo sometida en mayor o menor grado al retorno de una de las guerras que se creían superadas.  Nadie sabe hasta donde llegarán en esta lucha de poder pero lo que es evidente es que ninguno de estos departamentos mencionados puede sentirse liberado de semejante amenaza.

Al revisar los discursos de posesión de los mandatarios del Atlántico y de Barranquilla, es evidente que no se percibe esta amenaza que puede acabar con los buenos propósitos que expresaron tanto la gobernadora electa, Elsa Noguera como el nuevo alcalde Jaime Pumarejo. Ojalá sea simplemente un error de percepción de alguien que no asistió a estos actos pero al mirar lo que está sucediendo en otros lugares del país como Bojayá, situado en el epicentro de otras de estas guerras que está tomando fuerza en el país, es evidente que es fundamental que los mandatarios de esta región le den a la seguridad no solo en la ciudad sino en todo el departamento la mayor prioridad.

Al gobierno nacional lo están sorprendiendo estos focos de conflicto social que están cobrando vidas y por ello las autoridades no han actuado como deberían. Lo están diciendo muchos de los defensores del pueblo que viven en estas zonas afectadas por los conflictos actuales en áreas dejadas por las FARC y no ocupadas a tiempo por el Estado. Precisamente por la falta de conciencia a nivel nacional, son los nuevos mandatarios los que deben asumir rápidamente estas realidades antes de que se generalice lo que ya está viviendo el departamento del Magdalena.

*ExMinistra de Estado

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