El mejor de los tiempos

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Steven Pinker, un reconocido psicólogo de Harvard, lleva años intentando convencer a la humanidad de que vive en el mejor momento de su historia. Para esto ha publicado varios libros con nombres como “En defensa de la ilustración” y “Los ángeles que llevamos dentro” donde plantea, con una avalancha de datos y cifras, que esta es la era más pacífica, próspera y justa que ha vivido la especie desde sus orígenes hace setenta mil años.

Poca gente está convencida. Las redes sociales nos informan que el mundo vive una crisis ambiental irreversible, con proliferación de armas de destrucción masiva, grupos terroristas, inequidades grotescas, desempleo, alienación social, nuevas epidemias, corrupción y violencia. Tanto así que muchos millenials despistados han decidido no traer hijos a este mar de lágrimas.

Este fenómeno contradictorio –e irracional– lo explica el mismo Pinker de la siguiente manera: “Hoy lo que define la percepción del mundo son los titulares y las anécdotas en lugar de los datos y las tendencias. Y además hay una equiparación absurda entre el pesimismo y la sofisticación. Los pesimistas son considerados más serios y moralmente superiores. Tienen prestigio intelectual”.

En Colombia, ser pesimista sobre la situación el país es un sello de distinción. Y, sin embargo, atravesamos hoy por el mejor momento en nuestra historia, sin exagerar. En buena medida, gracias al proceso de paz de Santos y a pesar de los brotes de violencia, lo cierto es que vivimos un periodo de tranquilidad que no se vivía, tal vez, desde los años treinta del siglo XX; con todos los indicadores de inseguridad, como homicidios, secuestros y hurtos en sus niveles más bajos en décadas.

Nunca antes, tantos colombianos habían salido de la pobreza, ni habían tenido tantas oportunidades de educarse ni de obtener una vivienda. Nuestro sistema de salud, según OMS, es uno de los mejores del mundo, mejor inclusive que el de Canadá, Suecia y Alemania (Tandon, et.al; GPE Discussion Paper Series: No.30). Además, es falso que la desigualdad se hubiese incrementado o que seamos el país más inequitativo de la región; todo lo contrario, en la última década el índice GINI cayó de 0.55 a 0.49, que es una mejora mucho mayor que la lograda por Lula y sus secuaces en Brasil, a través de dudosas políticas socialistas. Para no hablar de economía, donde Colombia, con su nadadito de perro, es de los pocos países de la región con crecimientos sostenidos y reales del PIB.

Es obvio que tenemos muchos retos por delante. Continuar con la implementación integral de los acuerdos de paz, sin mezquindades, es una de las tareas pendientes y la reforma de nuestro macabro sistema judicial es otra que se viene a la mente. De todas formas, a los pesimistas les digo: de nada sirve insistir que el vaso está medio vacío cuando lo cierto es que se ha venido llenado con el esfuerzo de generaciones de colombianos que ahora viven, quizás no en el mejor de los tiempos posible, pero si en el mejor de los tiempos hasta ahora.

*Abogado

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