Vientos de represalia iraní

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Como estaba previsto la respuesta militar iraní no se hizo esperar al atacar con misiles base militar norteamericana en Irak en represalia  por el asesinato de Qassem Soleimani, General de Quds Force, cuerpo élite de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán. Las razones para una pronta venganza iraní a la operación estadounidense, que tuvo ayuda de otro país, parecieran ineludibles, pues Soleimani, aunque legalmente no fuese el hombre más importante de Irán, en términos de poder fáctico tal vez era el primero, además de ser un ícono popular. Sumado a esto, estaría la necesidad del gobierno iraní de reaccionar a esta operación para no demostrar debilidad ni alentar futuras acciones similares. Y como en el análisis estratégico “todo” debe considerarse, en la difícil coyuntura política interna de Irán, una agresión externa y una subsiguiente y visible respuesta no dejan de ser un tradicional factor de cohesión, así sea temporal. Y si estas razones para la venganza no son suficientes, ¿por qué no agregar las que tendrían las otras organizaciones afectadas en el ataque: Hezbolá y las Fuerzas de Movilización Popular de Irak, que aunque subordinadas al gobierno iraní, también quisieran manifestarse?

Aunque la rabia y las necesidades políticas y organizacionales de corto plazo hacen muy probable una venganza del gobierno iraní en el corto plazo, no significa que estratégicamente sea lo mejor, porque cuando lo táctico subordina lo estratégico se compromete el cumplimiento futuro del objetivo principal.

En términos teóricos y en caso de poder hacerlo ¿qué haría al gobierno iraní aplazar y/o regular su venganza? Menciono tres factores. El primero es que a pesar de todos los territorios posibles desde donde el gobierno iraní podría actuar, con diferentes grados de dolor y afectación para los EE. UU., desde Irak hasta Venezuela; o si se hiciera por medio un tercero, probablemente Hezbolá; el nivel de alerta por estos días es máximo, y aunque un ataque terrorista no sigue reglas, siempre la sorpresa es su mejor potenciador. Usualmente se asume que el seguro de vida de Irán es atentar contra el flujo petrolero en el Estrecho de Ormuz, pero eso sería escalar a nivel global el castigo de un incidente bilateral que aunque ha sido doloroso para Irán, no es una amenaza existencial. De ser útil considerar formas dolorosas y silenciosas de hacer daño, no hay que olvidar que los ataques cibernéticos desde Irán no son ni nuevos ni de menor escala.

Si el gobierno iraní privilegia sus objetivos a largo plazo, tomar una represalia brutal contra EE. UU. tendría la desventaja de interrumpir y tal vez hasta revertir la tendencia de EE. UU. de ir retirando paulatinamente la mayor cantidad de recursos en el Medio Oriente, que con el tiempo será cada vez más irrelevante. Y, finalmente algo de mediano plazo, es que mientras más dolor provoquen a los EE. UU., más favorecen las probabilidades de reelección de su actual presidente, que fácilmente puede ser su más grande e inestable amenaza.

*Internacionalista.

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