El poder de los gremios en Colombia

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Ojalá que con lo que se acaba de conocer sobre el gran desfalco que las empresas mineras le han hecho al fisco colombiano, quede en claro para quien trabajan los gremios en este país. Una decisión que solo cobijaba a empresas públicas fue demanda por la ANDI, y gracias a ello, las mineras privadas dejaron de pagar impuestos por billones de pesos, cifra que aun no se logra precisar.

El Tiempo señala este monto en 13 billones, pero algunos especialistas en el tema minero llegan a cálculos superiores a 33 billones. En momentos tan críticos como los que enfrenta actualmente el gobierno en términos de recursos fiscales, esta cifra adquiere una gravedad aún mayor. No son recursos marginales sino montos que significan no atender apropiadamente las necesidades de millones de personas a quienes el Estado tiene la obligación de atender. Según algunos analistas, “la cifra sería el equivalente a lo que cuesta financiar la salud de 19 millones de colombianos o pagar durante ocho años la totalidad del presupuesto de la Universidad Nacional”.

Dentro de estos gremios el poder de la ANDI es incuestionable y en este caso concreto se demostró con creces. Lo que no pudieron inclusive otros gremios menos influyentes lo consiguió la Andi en 2005, cuando su Cámara de Asomineros, lo logró hasta que ahora, el Consejo de Estado considero ilegal esta exención. Si la misma DIAN lo había negado por qué después cuando el reclamo vino de esta poderosa asociación de grandes industriales, esta entidad encargada del recaudo de impuestos le dio el visto bueno. Muy agradecidos, deben haber quedado las grandes empresas mineras del país por las exitosas gestiones de su respectivo gremio.

Los funcionarios del gobierno nacional deben aprender esta clara lección: entre más poderoso es un gremio, más distantes están sus verdaderos intereses de los que deben defender los funcionarios estatales. El Estado tiene la gran responsabilidad de velar por los intereses de los más débiles y esos no son precisamente los objetivos de las agremiaciones de cualquier naturaleza. Pero cuando se trata de dinero, esa verdad es aún más clara. Es el dinero de sus afiliados lo que mantiene al respectivo gremio en su lugar, los que finalmente deciden su permanencia o no en la dirección de estas entidades privadas. Para sacar adelante sus objetivos, muchos dirigentes gremiales hacen uso de todo tipo de estímulos para quienes tienen la obligación de vigilarlos, de mostrarle sus errores, de defender los ingresos que debe ir al Estado o por último al consumidor. Con frecuencia muchas de esas necesarias barreras se olvidan entre el Estado y el sector privado y allí el que pierde no son solo los funcionarios que se equivocan, sino aquellos sectores de población que necesitan de esos recursos públicos para sobrevivir.

Definitivamente, el sector privado que tanto se queja de la carga de impuestos que tiene que asumir, demuestra una vez más, que hace todo lo posible por buscar la oportunidad de evadir esa gran responsabilidad que tiene no solo con el Gobierno sino con Colombia.

ExMinistra de Estado

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