Pesadilla sin fin

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Las próximas campañas para coronar el podio de Bolívar en 2018, “estará de ataque mi rey “, como dicen algunos rolos, sino de pura risa, como digo yo.

Eso de sacarse los trapitos resucios en el Congreso, en el Palacio de Nariño, en la Corte, en los noticieros o en las busetas, es y será un espectáculo completamente gratis, en donde algunos se creen sobrados y otros unos tristes payasos. Que una senadora – candidata llegue a ser presidenta, es un sueño, sobre todo por la maquinaria que manejan los grupos políticos, porque si en los dos cuatrienios anteriores que fueron dos veces santos en donde se despachó mermelada a quienes menos se pensaba, en el próximo período no alcanzará ni el pan para untar hasta el fondo de la olla.

 Y es tanto los ataques que hace esta aspirante de frente mar a algunos barones considerados intocables que ya tienen pesadillas sin fin con ella. Hasta los asusta con la sombra.

Cuentan que uno de los tantos candidatos, conocido por que vuela bajito, despertó asustado en la madrugada por el pleque pleque que le formó su esposa cuando le preguntaba enrulada hasta las cejas, “¿quién es esa Claudia que te pone a murmurar incoherencias?”. Él, que siempre ha tenido la varita para engrupir a sus votantes, le respondió como lo hace James, cuando lo entrevistan después de chuparse 90 minutos detrás de un balón de fútbol. “¿Claudia?  No sé… a quién te refieres”.

“¡Ah! ¿No sabes? Pero soñé que ella te señalaba delante de todo el mundo que eres un corrupto, que la paloma de la Paz, sabe que la vas a desplumar de una y que la buena vida que llevamos tus familiares y los míos con nombramientos en gobernaciones y alcaldías se irá a la porra. Se nota que no es ninguna cambambera, ay pichoncito hubieras visto cómo te esmigajaba” – sentenció su media tapa de limón, arrojándole “sin culpa” la sábana en la cara.

“Mija, no seas tan dura con esa señora”- se defendió sin saber a quién se refería su mujer. Tuvo que enviarle flores y chocolates un par de horas más tarde desde su oficina para que no lo esperara en casa como una fiera. Era un “mientras siempre”, porque cuando alguien como el personaje de sus pesadillas y de los otros candidatos por esta época andan con sus malos perendengues habrá que tener cuidado.

“Quién quita y se anexa a mí para que deje de atormentar a mi señora en sus sueños, porque en la política, como piensan muchos colegas, todo es posible”- terminó afirmando en su pataleo de ahogado.

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