De un proyecto

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Escuche el pasado domingo la entrevista por  caracol – radio que  le hicieron a la ex reina , actriz y presentadora Samaria Taliana Vargas ,acerca de su fundación “casa en el árbol” , un  proyectos de convivencia y emprendimiento  a través de cursos y talleres lúdicos, que buscan crear competencias en comunicación asertiva , redacción , expresión corporal , liderazgo entre otras , en barrios de población vulnerable de Santa Marta , Ciénaga y Cali.

 Taliana es convincente porque está convencida de su proyecto , parte del presupuesto que no es con asistencialismo, sino con acciones estructurales que se puede sacar a los pobres de la pobreza , no es lo mismo, mantener a los pobres para que sigan siendo pobres, que darles herramientas para que sean emprendedores y creativos . Como toda una tejedora  , la samaria sabe que los hilos del tejido social parten de la familia ,ese núcleo roto por una sociedad que nos afana por el consumismo en torno a los centros comerciales, las deudas de las tarjetas de crédito que dan aparente nivel de vida al debe, como está ocurriendo con la población de Colombia.

Lo cierto, es que hoy los padres no se comunican con sus hijos, que los colegios se limitan a dar clases para que los alumnos repitan como loros  ecuaciones abstractas  y fechas inútiles,   que los abuelos ya no cuentan cuentos porque los niños dejaron de preguntar. En efecto, aquellos abuelos que a duras penas cruzaron el umbral de la escuela , se inventaban personajes que entraban en el bosque y nosotros empezábamos a sentir miedo , sabíamos que podía ocurrir algo , que ocurriría algo, la narración se hacía más lenta, la voz más grave; esperábamos lo peor, porque lo peor acechaba. Pero ese  era nuestro sitio, el sitio donde nos escondimos, donde organizábamos la pandilla y donde escondimos el tesoro. Eran tesoros de piratas costosos, traídos del otro lado del mar caribe, lejos de la bahía de santa marta, al otro lado del moro en todo caso. Ese sitio desconocido, accesible solo a los marineros de alto cabotaje, como lo fue mi padre Rogelio Ramirez Otero. Eran lugares donde se construían juguetes según las modalidades y habilidades robadas a los adultos, aprovechando siempre los recursos que ofrecía el medio. Aquel era nuestro mundo, pero en poco tiempo todo ha cambiado. Asistimos a una transformación rápida, veloz, total, es la licuadora de la ciudad que todo lo revuelve, es como si nada quedara, nada se salva, a duras penas  las viejas calles queridas del centro histórico de las ciudades.

Si bien es cierto, que estamos en la era de la información y el conocimiento, de la ciencia y la tecnología, no menos cierto, es que el hombre sea hoy mejor, ni que sea más sabio, porque tenga conocimientos ganados en formación académica. Eso es paradójico,  para una generación actual de jóvenes , que teniendo acceso a la educación básica y superior, apenas balbucea el idioma español que tiene cerca de trescientas mil palabras de las cuales, como anoto  Gustavo Álvarez Gardeazabal, cervantes escribió en su obra el Quijote, cerca de veintitrés mil palabras diferentes, mientras que en una canción de reguetón se utilizan treinta palabras y  la mayoría de los jóvenes de la generación actual , se comunican con trescientas palabras de las cuales setenta y ocho son groserías y treinta y siete son emoticones – esos dibujitos de carita feliz y señal de aprobación que enviamos por el WhatsApp.

Por eso, es urgente vincular a la familia y la escuela para tejer los hilos rotos del tejido, abrir un dialogo de saberes ancestrales perdidos, donde los abuelos y padres le cuenten a sus hijos sus experiencias vividas y sobre todo, es urgente, abrir las escuelas a la vida, a las expresiones vitales del arte y la lúdica y dejar de persistir en esa idea errónea de ser bilingües, con alumnos que no saben hablar, ni escribir en su lengua materna.

Por eso, el proyecto de Taliana es un buen comienzo para conectar la familia con una escuela aturdida y aprisionada en una jornada extenuante, donde se enseñan acaso, muchas cosas  inútiles.

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