Entre lo tradicional y lo salvaje

POR:
GISSELL
CAMPO ACOSTA

¡Esta fiesta si está buena, la fiesta en corraleja!, gritan emocionados cientos de personas cada año cuando en cada rincón de la costa alistan la tarima, los toros, los caballos y demás elementos que hacen de esta actividad algo típico y tradicional que atrae a turistas de todas partes del mundo.

¡Los palcos engalanados, la gente espera el ganado! Es otra parte de la canción insigne de estas festividades, que reúne a padres, hijos, nietos, y familias enteras quienes se agrupan para ir a ver como algunas personas se juegan la vida para divertir a los asistentes.

Las corralejas son las fiestas de toros populares de la Costa Caribe de Colombia en las cuales se lidian toros en un redondel de arena. En este arraigado espectáculo se llevan toros de lidia y caballos para las faenas, así mismo las personas pueden entrar por su voluntad al ruedo. Poseen el carácter de taurinas debido a su figura principal, el toro. Son consideradas una herencia de la cultura española en esta región del país. Los géneros musicales que acompañan este evento son el porro y el fandango, tragos van y tragos vienen, sombrero, poncho y mucha adrenalina es lo que se vive en cada espectáculo que reúne a las personas de cada rincón de la costa en carnavales o en las fiestas patronales del pueblo; es cuando arman la tarima en tiempo récord.

Muchas personas esperan con ansías estas festividades, incluso se alistan desde meses atrás con la pinta adecuada que viene acompañada de un sombrero para protegerse del sol y el ‘tierrero’ que hay en los palcos, la mochila donde se mete la botella de ron o la cerveza, el jean y la camisa propia de la fiesta, todo esto acompañado de unos buenos zapatos (entre más viejos y cómodos mejor) y las ganas de disfrutar hasta que el cuerpo aguante.

LOS BANDERILLEROS

Son esos tipos expertos  que armados de pequeñas lanzas, forradas en papel multicolor, y con la punta bien afilada; acomodan sus posaderas en la arena asumiendo un gesto de aparente tranquilidad y comodidad, como si estuvieran a la espera de un tinto o una cerveza helada.

Estos jóvenes y adultos arriesgan sus vidas cada vez que salen al ruedo a enfrentarse con el toro, lo miran fijamente y son aplaudidos cada vez que incrustan las afiladas lanzas en el lomo de un animal que puede pesar hasta media tonelada.

Algunos se visten de payasos, otros se ponen pelucas, algunos salen sin camisa haciendo sus piruetas frente al toro, que aturdido por la bulla de los asistentes y los dolores de las lanzas, se defiende hasta perder las fuerzas o acabar con su oponente.

Algunos tienen suerte y terminan con solo unas cortadas que los dejan mal heridos y llenos de sangre, otros por el contrario reciben cornadas mortales que los dejan muertos en cuestión de segundos frente a los ojos de sus compañeros de aventuras y asistentes quienes aplauden la situación como si fuera parte del espectáculo.

¡Hay sangre en la arena! Pero esta vez si es del torero o mejor del banderillero que es sorprendido por la bestia que sin saberlo deja sin padre, sin hermano, sin hijo a una familia que lo despide en la puerta de su casa con la esperanza de verlo regresar sano y salvo y con algo de dinero para subsistir.

Hace pocos meses el mundo corralejo se vistió de luto con la muerte del banderillero Miguel Antonio Beleño González, más conocido como ‘El Mono Macancán’, oriundo de Fundación Magdalena, de 38 años de edad, quien recibió una cornada mortal en el abdomen, en la quinta tarde de toros en San Pedro (Sucre).

 ‘El Mono Macancán’ esperó al toro a pocos metros de la puerta de toriles (A porta gayola), y aunque logró colocar un magistral par de banderillas, el feroz animal se devolvió en forma inmediata y lo embistió de manera mortal.

Según el parte médico que le asistió concluyó que en el instante del embroque se produce un primer trayecto ascendente grave cuando el toro levanta a su víctima varios centímetros del suelo. Entonces, es cuando el cuerno actuó como el eje de un molino y el agredido gira en torno a él, descendiendo la cabeza y subiendo los pies, produciendo nuevos trayectos de lesión y, en consecuencia, grandes destrozos tisulares que posteriormente le ocasionan la muerte casi que de manera instantánea.

Otros con mayor suerte solo reciben una revolcada o un pisotón del animal, sin mayores consecuencias, pero si les va mal los recogen sangrantes del suelo, a veces sin sentido con una o varias cornadas.

SUERTE DE LOS TOROS

Los toros no siempre salen victoriosos, todo lo contrario terminan desangrándose, con un dolor intenso y una profunda agonía y lo peor no tiene un hermano, un papá o un hijo que llore su muerte, de pronto su dueño por la pérdida económica que esto genera pero si se las arreglan pueden vender su carne la cual es comercializada en el mercado.

La carne de los toros sacrificados se destina para el consumo humano por su alta calidad. Con su muerte es el momento final de la faena pero el punto de partida de otro proceso: la comercialización de la carne.

La carne del toro muerto luego de una faena es una de las mejores que se pueden encontrar en el mercado por las características que adquirió en su formación, su expedición muchas veces se hace de forma rutinaria, los animales sacrificados luego de una corraleja, es un poco más roja por morir en un sacrificio extremo, lo que no afecta su calidad.

LOS PALCOS

Un palco es una plataforma cercada en forma de balcón, donde el público se instala para ver un espectáculo. Como elemento arquitectónico, está integrado en el conjunto de espacios que componen los locales dedicados a la representación de espectáculos.

Los que son utilizados para las fiestas de corraleja son levantados por docenas de obreros o palqueros, quienes levantan graderías hasta para 3.000 espectadores, trabajan para ganarse el sustento diario que no es mayor a $50 mil pesos.

La preparación de este escenario se hace con meses de anticipación, algunas personas tienen esta actividad como un oficio, razón por la cual recorren diferentes pueblos de la costa, por unos cuantos pesos, comida y dormida.

En el primer piso están las cantinas, las ventas de comidas, la música a todo volumen, también es el acceso al ruedo de todos los aficionados, según los amantes de la adrenalina es el lugar donde más se disfruta de este tipo de eventos.

En el segundo piso se agrupan las familias que comparten el lugar con los vendedores ambulantes, los cuales pasan exhibiendo sus productos como mangos, algodón de azúcar, chuzos y las ‘frías’ o para los más  exigentes la botella de whisky.

Allí también se ubican los ganaderos que alquilan los toros para la corraleja se ubican en los palcos. De acuerdo con el desempeño del animal, ordenan el ‘castigo’ al que debe ser sometido: banderillas o garrocha. Además, ofrecen dinero a los entusiastas que hagan trucos, como saltar encima de los cuernos, clavar las banderillas acostados en el suelo o subidos en una mesa y acosar al toro desde un caballo hasta clavar las garrochas en su carne.

Desde arriba se observa todo, quien entra, quien sale, los corneados, los borrachos y hasta las peleas que también hacen parte de estos eventos, porque corraleja que se respete tiene sus momentos más emocionantes.  Algunos que viven fuera de su pueblo aprovechan estas fiestas para reencontrarse con su gente, ver a sus amigos y hacer el plan de fin de semana al son del porro, vallenato y un buen trago.

CORNADAS MORTALES

Las lesiones por astas de toro son un tipo de afección frecuente en el Caribe colombiano, donde los festejos taurinos son una práctica cultural muy arraigada.

Debido a las características de los toros bravos (Puros, media casta, 3/8 y 5/8, según la mezcla o porcentaje que se derive de razas puras españolas y el criollo bravo caribeño), un herido por asta de toro debe ser considerado un paciente politraumatizado y por ende ser tratado como tal desde su primera asistencia en las corralejas, con el tratamiento específico según los órganos y sistemas afectados.

Por otro lado, las heridas producidas únicamente por asta presentan unas características constantes y especiales que las diferencian de cualquier otro tipo de traumatismo, como son la presencia de varios trayectos de lesión, los grandes destrozos tisulares, la existencia de cuerpos extraños, la inoculación masiva de gérmenes aerobios y anaerobios, así como la potencial transmisión de tétanos, de acuerdo con un estudio de la Universidad de Castellón (España).

Cuando la faena termina, el centro de la corraleja se llena de mesas y sillas. La gente brinda y baila al son de los conjuntos vallenatos que llegan para ganarse la vida. Los versos de Juancho Polo Valencia huelen a Old Parr y contienen una realidad que se hace brutal al mirar la arena del ruedo.

PROTESTAS POR ESTA PRÁCTICA

Mucha controversia se ha generado en torno a esta práctica que para muchos es algo que hace parte de la cultura y de la tradición de un pueblo, sin embargo, hay otros que lo ven como un acto de maltrato hacia los animales que debería ser erradicado.

 “Hay que prohibir, mediante decreto, no con marchas inútiles, estos actos brutales al mejor estilo de los gladiadores del circo romano. La tradición cultural cambió, no hay excusa para seguir justificando legalmente el maltrato animal, llámese corridas de toros, peleas de gallos y perros, coleo, circos, zoológicos y demás manifestaciones de dolor físico a los animales”, aseguró un defensor de los derechos de los animales.

Las muertes durante estas festividades populares han provocado que la tauromaquia y demás prácticas similares con animales, sean tenidas por algunas personas como episodios de violencia y crueldad animal.

También podría gustarte