Guía de avifauna de la Ciénaga Grande impulsa el turismo en pueblos palafitos

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La guía de avifauna de la Ciénaga Grande de Santa Marta fue elaborada por el Instituto de Investigaciones Marinas y Costeras José Benito Vives de Andréis, Invemar, con el apoyo financiero de la Unión Europea en el contexto del proyecto Desarrollo Local Sostenible y Gobernanza para la Paz.

Asimismo, el objetivo es incrementar la capacidad de desempeño institucional del Sistema Nacional Ambiental, Sina, en tres jurisdicciones afectadas por el conflicto y ambientalmente estratégicas para el fomento del desarrollo local sostenible. Su contenido es responsabilidad de Invemar y no necesariamente refleja los puntos de vista de la Unión Europea.

Esta guía recopila 40 de las especies de aves características del Complejo Lagunar de la Ciénaga Grande de Santa Marta, el cual comprende el cuerpo central de la Ciénaga Grande y el complejo de Pajarales. Esta cifra corresponde aproximadamente al 20% de las especies reportadas por Moreno Bejarano y Álvarez León, 2003 en el complejo delta estuarino del río Magdalena.

La guía se elaboró con el propósito de apoyar el proceso de generación de una alternativa económica alrededor del ecoturismo y el turismo cultural, aprovechando las bondades del territorio con miras a mejorar las condiciones de vida de las comunidades locales y como parte de los objetivos del proyecto Desarrollo Local Sostenible y Gobernanza para la Paz, financiado por la Unión Europea y coejecutado por el Instituto Amazónico de Investigaciones Científicas, Sinchi, el Instituto de Investigaciones Ambientales del Pacífico, Iiap, y el Instituto de Investigaciones Marinas y Costeras, Invemar, en las regiones de la Amazonía, Pacífico y Caribe.

LA AVIFAUNA

La biodiversidad de esta ecorregión está documentada en 276 especies de plantas terrestres, doce especies de plantas acuáticas, cuatro de mangle, 300 tipos de algas fitoplantónicas, 144 especies de peces, 102 de moluscos, 26 de reptiles, 19 de mamíferos y más de 200 especies de aves, Ruiz-Guerra et al., 2012.

Varias de estas especies ostentan algún grado de interés de conservación en los ámbitos nacional e internacional; tal es el caso del colibrí cienaguero (Lepidopyga lilliae), el flamenco (Phoenicopterus ruber), la chavarria (Chauna chavaria), el pato brasilero (Sarkidiornis melanotos), el pato negro (Netta erythrophthalma), la garza rojiza (Egretta rufescens) y el chamón del Caribe (Molothrus armenti) especies amenazadas en Colombia (Renjifo et al., 2016). Adicionalmente, la ecorregión acoge las mayores concentraciones de individuos en Colombia del pato cariblanco (Anas bahamensis), el pato careto (A. discors) y el cormorán neotropical (Phalacrocorax brasilianus), así como trece especies con distribución restringida, Ruiz Guerra et al., 2008; Ruiz Guerra et al., 2012.

En 2001, la CGSM es incluida como área de importancia internacional para la conservación de aves IBA/Aica dentro de la iniciativa de Birdlife Internacional y la Uicn, Vilardy y González, 2011.

Por otro lado, la riqueza de aves presentes en la Ecorregión de la Ciénaga Grande de Santa Marta representa una oportunidad para el aviturismo y una alternativa de medio de vida para los pescadores de los pueblos palafitos y sus familias. Contribuye a la conservación de la avifauna y su hábitat y al mejoramiento de las condiciones de vida de la comunidad.

Aves vadeadoras están adaptadas al ambiente acuático pero lo que las diferencian de otras aves acuáticas, es su capacidad de caminar dentro del agua, lo cual se conoce como vadeo, mecanismo que es usado para la captura de peces, uno de los principales componentes de la dieta de estas aves, Ruiz-Guerra, 2012.

El grupo de aves que basa su dieta en los recursos encontrados en el mar y la costa. Sus adaptaciones morfológicas les permiten nadar, zambullirse y bucear en busca de su alimento, Ruiz-Guerra, 2012.

Aves playeras o limícolas, pertenecientes al orden Charadriiformes, las aves playeras o limícolas incluyen especies con un biotipo en común, es decir aves de patas largas en su mayoría con picos gruesos y cortos en la familia Charadriidae y largos y delgados en la familia Scolopacidae y Recurvirostridae, Ruiz-Guerra, 2012.

Otras aves acuáticas, está conformado principalmente por representantes de las familias Anhimidae, Pandionidae, Rallidae, Jacanidae y Alcedinidae; e incluye también especies de familias que no son consideradas acuáticas estrictas como rapaces (Familia Accipitridae), hormigueros (Familia Furnariidae), atrapamoscas (Familia Tyrannidae) y turpiales (Familia Icteridae).

LOS MANGLARES

Los manglares son árboles que se desarrollan en la línea de costa de zonas tropicales y subtropicales del planeta. Están adaptados a condiciones de poco oxígeno y alta concentración de sales, usualmente se encuentran en áreas protegidas del oleaje, playas lodosas, fangosas o cenagosas, donde hay flujo de aguas estuarinas, Invemar, 2018.

Sus beneficios Son salacuna de peces de interés comercial y ecológico, así como hábitat para una gran biodiversidad de organismos como aves, mamíferos, reptiles, anfibios, entre otros. Tienen raíces que pueden llegar a ser muy densas con las cuales disminuyen la altura de las olas, mitigan la erosión costera y facilitan la estabilización del suelo, favoreciendo a las comunidades costeras.

De igual manera, protegen ecosistemas como arrecifes de coral y pastos marinos de las descargas de los ríos. Son altamente productivos, en la medida en que sus suelos favorecen la acumulación de materia orgánica por lo que son importantes sumideros de carbono, Tomlinson, 2016; Invemar, 2018.

Los manglares en la Ciénaga Grande Los manglares son la vegetación más importante en cobertura en el complejo lagunar con un poco más de 34 mil ha. La Cgsm alberga cuatro especies, mangle salado (Avicennia germinans), el mangle rojo (Rhizophora mangle), mangle amarillo (Laguncularia racemosa), mangle zaragoza o bobo (Conocarpus erectus), siendo el mangle salado el más abundante.

Su crecimiento, composición y distribución depende principalmente de las variaciones de los niveles de salinidad en los suelos, Moreno-Bejarano y Álvarez-León, 2003; Invemar, 2018, relacionadas con el flujo y dinámica del agua de los ríos que provienen de la Sierra y los caños que la conectan con el río Magdalena. Las comunidades de la Ciénaga utilizan directamente la madera de los manglares para la construcción de sus casas, como combustible para cocinar, materia prima para la elaboración de artesanías, en la medicina tradicional, entre otros usos, Invemar, 2018.

LOS PUEBLOS PALAFITOS

La Ciénaga Grande de Santa Marta alberga tres corregimientos palafitos: Trojas de Cataca, Pueblo Viejo, ubicado en la desembocadura del río Aracataca, Buenavista y Nueva Venecia, Sitio Nuevo, que se encuentran en la Ciénaga de Pajarales.

Se dice que estos pueblos, que datan de mediados del siglo XIX, se crearon a partir de campamentos temporales que armaban los pescadores en sus largas faenas y que con el tiempo se transformaron en asentamientos permanentes, Aguilera Díaz, 2011, en la actualidad estos pueblos palafitos comparten una misma tradición cultural dada por su historia y ancestralidad común.

La principal actividad económica es la pesca artesanal con atarraya y trasmallo, tradicionalmente ejercida por los hombres, lo que pescan lo utilizan tanto para el consumo de los hogares, como para su comercialización en el mercado de Pueblo Viejo, donde posteriormente se distribuye a ciudades vecinas como Santa Marta y Barranquilla, Aguilera-Díaz, 2011.

Se calcula que en promedio la captura media anual en la CGSM es de 6.063 t/año (±1.568 t), la cual genera ingresos promedios mensuales entre 778 y 1.509 millones de pesos, representando el principal sustento de alimentación e ingresos para cerca de 3.000 pescadores provenientes de los catorce municipios que circundan la CGSM, Invemar, 2018.

Las especies pesqueras de mayor interés comercial son la lisa (Mugil incilis y Mugil liza), mojarra negra (Oreochromis niloticus), mojarra rayada (Eugerres plumieri), chivo mapale (Cathorops mapale), chivo cabezón (Ariopsis canteri) y el sábalo (Megalops atlanticus); crustáceos como el camarón (Elops schmitti) y la jaiba azul (Callinectes sapidus) y moluscos, aunque ya diezmados, como las ostras (Crassostrea rhizophorae). Otras actividades económicas son la comercialización de víveres, cultivo de peces, transporte en canoa, albañilería, ebanistería, entre otras.

Buenavista se compone de cerca de 170 casas y una población inferior a las mil personas. La provisión de servicios públicos es limitada, siendo la energía eléctrica el único servicio con el que cuentan desde 1998 que fue instalada.

El agua se abastece mediante bongoductos que cargan principalmente en el caño Aguas Negras, proveniente del río Magdalena, la cual es tratada en algunos hogares de manera rudimentaria mediante filtrada con vasijas de arcilla o sedimentación con químicos.

Buenavista, cuenta con escuela para la educación primaria, mientras que para cursar la secundaria y media técnica los estudiantes deben desplazarse al corregimiento vecino Nueva Venecia. En consecuencia, el nivel promedio de escolaridad es bajo, solo el 9% de la población mayor a 15 años cursó algún nivel de básica secundaria y media, con una tasa de analfabetismo de alrededor del 30%, Aguilera-Díaz, 2011.

LA CULTURA

La vida anfibia, vivir en medio del agua la población ha desarrollado un estilo de vida adaptado a las condiciones que el agua les provee. El principal medio de transporte dentro del pueblo son las canoas que ‘bogan’ o movilizan con una vara llamada palanca, en ellas también se generan espacios de comunicación e interrelación entre los habitantes.

Muestra del valor intrínseco que tiene la canoa es que bogar es uno de los primeros menesteres que aprenden los niños en los palafitos. Las viviendas palafíticas están construidas sobre pilotes de mangle salado, con paredes de madera y tejas de fibrocemento, aunque solían elaborarse en paja, Aguilera-Díaz, 2011.

Los platos tradicionales contienen en su mayoría pescado, que es la base de su alimentación, siendo el arroz de lisa el plato típico por excelencia. Antes de la llegada de la energía se acostumbraba a salar los pescados y secarlos al sol en lugares especialmente adecuados en las casas para tal fin o los ahumaban con carbón, Aguilera, 2011, en la actualidad esta tradición la mantienen algunas familias especialmente con la lisa.

El baile negro, esta expresión cultural propia de los pueblos palafitos y otros poblados de la Región Caribe, tiene conexiones históricas regionales con variados ritmos caribeños provenientes de los negros palenqueros, como el son de negro y el pajarito, propio de poblaciones de la ribera norte del río Magdalena.

Se compone del sonido de maracas, guacharaca, un tambor macho, hecho de palma real y cuero, y la voz de un líder o dos que marcan un estribillo al cual responde a una misma voz el resto de la banda, evocando historias de la pesca, así como improvisaciones de su cotidianidad, al son del cual bailan todas las generaciones.

Los tocadores pueden ser también cantadores y coristas, mientras los espectadores acompañan a los coristas y llevan el ritmo con las palmas, Rey, G., 2018. Entre las principales composiciones se encuentran el negro basto, la martina, el niño, la peluza, el millo, el ratón, entre otros, son algunos de los cantos que interpretan, y dan vida al famoso baile negro, homenaje a la fiesta caribeña.

Las principales festividades donde se expone el baile negro son los Carnavales en febrero, la Virgen del Carmen en julio y el recién instaurado Festival de la Cultura Anfibia de la Cgsm, además de las celebraciones tradicionales en Colombia.

Centro de interpretación de la cultura anfibia Este lugar fue construido en el marco del proyecto Desarrollo Local Sostenible y Gobernanza para la Paz en el 2019, y funciona como lugar de recepción de los visitantes que llegan a Buenavista donde pueden experimentar una muestra de la cultura, gastronomía, artesanías y modos de vida anfibia.

También es la sede de la Asociación de Pescadores de Buenavista Asopebue creada en el 2011. Actualmente, se encuentran vinculados 18 pescadores y sus familias, quienes si bien se dedican principalmente a la captura y comercialización de recursos pesqueros, están incursionando en el ecoturismo comunitario como una alternativa de medio de vida, que permite la visibilización de la riqueza natural y cultural de la Cgsm, a la vez que genera apropiación del territorio y trabajo colaborativo en la comunidad.

BUENAS PRÁCTICAS ECOTURÍSTICAS

Las buenas prácticas son los modos de trabajo que contribuyen a la conservación del patrimonio natural y cultural de las comunidades locales, y a la satisfacción de los actores que intervienen en el ecoturismo, las cuales son: Evita generar residuos, si lo haces consérvalos y a tu regreso realiza una disposición adecuada de ellos. Aplica el principio de ‘No dejar rastro’.

No extraigas material biológico conchas, plantas, etc., puedes generar impactos negativos en los ecosistemas. Evita la reproducción de sonidos de aves, playback debido a que esto puede alterar su comportamiento habitual y causar en ellas estrés, exposición a depredadores, entre otros riesgos.

Evita utilizar drones sobres las aves o sus nidos, puedes causarles estrés y daños.  Evita señalar directamente a las aves con luz láser. Respeta la fauna y flora silvestre. No manipules ni alteres su hábitat. Conserva distancia de las aves, colonias, huevos, nidos y polluelos. Intenta no utilizar luces artificiales como el flash sobre las aves, pueden aturdirlas.

Atiende las normas de seguridad de la embarcación, las instrucciones del guía y los intérpretes locales del patrimonio natural. Verifica la participación de la comunidad local cuando contrates servicios de ecoturismo, así promueves el desarrollo y bienestar de las comunidades locales. No promuevas la mendicidad, (Cc By Nc).

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