Doctor Ruíz Meza, honor y gratitud

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Sean estas líneas un homenaje póstumo a ese gran señor, amigo, médico, político y emprendedor, doctor Dionisio Ruíz Meza. No se trata de un homenaje como dijera el inmortal aedo Federico García Lorca, ante la tumba de un colega poeta, “No vengo a hacer falsos halagos, protocolares”. No. Es solo ofrecer después de su partida al infinito eterno, un saludo con reverencia y entusiasmo a quien merecidamente sirvió con generosidad infinita a la gente desde su profesión y como ciudadano, especialmente a los más necesitados, a los mayormente marginados y por ende menos favorecidos por la fortuna.

Pesar sin duda causa el fallecimiento del doctor Ruíz Meza, que ha conmovido nuestro espíritu profundamente como no podía ser de otra manera, dada su condición de amigo de todos, insigne luchador de causas nobles, fuerte voluntad al servicio de los demás, amplio espíritu como fraternal y bondadoso trato. Para nuestro departamento desaparece una de nuestras más altas cifras, que con el ejercicio de su profesión consagró a su noble apostolado. Grande hombre a quien no podremos jamás olvidar, cuya vida y obra debe perdurar siempre y la simiente que él arrojó con nobleza hacerla que florezca siempre.

Fue grande su obra altruista, como excelente su ser, hacer y quehacer profesional, como nos consta a todos. Dominó profundamente su disciplina, a la que con su capacidad agregó aportes conceptuales y pensamiento personal desde la experticia de su ejercicio que adelantó con alegría, conocimiento científico, habilidad, prudencia y sabiduría. Fue un médico verdadero, quién además de respetuoso de sus compromisos personales y sociales, poseyó cualidades especiales que se fueron revelando y haciendo presente en forma progresiva a lo largo de su vida, como lo fue demostrando en su destacada trayectoria.

Radicaba su esencia como galeno en su personal compromiso respecto de estar actualizado permanentemente y en estricta profesionalización, lo que significaba para él no solamente estar al día como médico, sino consciente de los cambios sociales, económicos, políticos, culturales, de las transformaciones de la comunidad y de la responsabilidad que ello implicaba, lo que revelaba su desinteresado espíritu de servicio para los demás. Entre otras de sus cualidades esenciales, resaltaba en su carácter la sencillez. Por todas estas razones y entre otras muchas virtudes, su dedicación y entrega demostrada a la noble profesión médica que expresaba en la excelencia, en el trato responsable y cariñoso con los enfermos, en su visión universal, en el cultivo de la amistad con colegas, colaboradores, compañeros de trabajo y comunidad en general, nos lo señalan como un ejemplo de vida digna de ser emulada. Paz en su tumba y a sus deudos todos, nuestra personal y familiar solidaridad y sentimiento de pesar ente tan profundo dolor e irreparable pérdida, sin duda difícil de ser llenada. [email protected]

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