Una educación sin filosofía

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Hace un tiempo , -cuando  era más descamisado que feliz- , en un baño de la universidad libre , leí un grafitis que me pareció más genial , que vulgar, decía en letra apresurada : “ Lo dijo Sócrates y lo afirmo Platón , la última gota se queda en el pantalón ”, mientras orinaba entre risas , pensé  que seguramente lo escribió un estudiante que acababa de salir de clase de filosofía y no había entendido un carajo, como “el mundo viene del agua” de un tal tales , o el “solo sé , que nada se” de Sócrates.

Desde entonces, tuve la sospecha que algo andaba mal en el sistema educativo, venia de un bachillerato donde se veían materias sin relación de la una con la otra, con profesores más  aburridos que un burro pasando rio en canoa.

Desde entonces, han pasado carros y carretas, el mundo cambio, y aquellos grafitis ya no se escriben en los baños sino en las redes- que son acaso,  los baños de ahora-  donde transitan desde groserías hasta genialidades. Todo parece haber  cambiado, menos la forma de enseñar las materias en la escuela – que con muy  contadas excepciones-, se repite y desgasta, enseñando materias, donde se cuentan sumariamente historietas que son muy conocidas como, nadie puede bañarse dos veces en el mismo rio con las mismas aguas, porque el bañista no es el mismo, incluido su vestido de baño, que luego debe ser reproducida por el alumno  en el examen al pie de la letra, para después no volver a recordarla.

Estanislao Zuleta decía al respecto, que una educación filosófica debe poner el acento en la formación y no en la información, y lo decía en una época  donde todavía, la información no estaba depositada en los dispositivos tecnológicos como ahora, lo paradójico, es que seguimos dando una información en la escuela, que ya está en la internet y no nos hemos dado cuenta, que hace rato,  perdimos el monopolio de la información, si de eso se trataba.

Pero, una educación filosófica, no debe pelear con la información, porque para eso está la tecnología, cualquier materia se puede presentar en forma filosófica, no importa de cual se trate.

Desde las matemáticas se puede reflexionar, porque menos por menos da más, desde la geografía puede reflexionarse porque la montaña esconde un sentido de vida humana  diferente al de las llanuras y costas, en el decir de Zuleta ¿porque la montaña es una especie de nevera que conserva refranes, formas lingüísticas y estructuras del pasado? , ¿Porque, la historia se desarrolla más lentamente en las regiones de montaña y más rápidamente en las llanuras, a lo largo de los ríos y en las costas donde el transporte pone más directamente en contacto a la gente?”.

Incluso, podría reflexionarse ¿porque la mirada del hombre de montaña es desconfiada y la del hombre de la costa es des complicada?

Asimismo puede relacionarse la historia con la geografía, con el tema del surgimiento de  las ciudades, no se trata de saber quién fundo una ciudad, sino en que sitios había condiciones  para fundarla, mas allá de los decretos, porque muchas se decretaron y desaparecieron, como fue el caso de  santa maría la antigua del Darién qué la decreto el mismo Colon y ahora no hay nada allí y tuvieron que fundar Santa Marta, que es ni más ni menos, la ciudad más antigua de América. Una historia filosófica debe explicar

¿Por qué sin la existencia de ciudades como Santa Marta y Cartagena no hubiera sido posible fundar Bogotá o Cali? ¿Porque la existencia del territorio colombiano, se debatió en el caribe y no en la zona andina?

Pero nada de esto se puede enseñar, con pasión, si el profesor no la tiene por estos temas. Es por esto, que la educación sigue recurriendo al mecanismo de las notas y la promoción donde el fracaso de uno es el éxito del otro, como en el comercio o la guerra en donde unos ganan y otros pierden.

La promoción de una educación filosófica, es lo que ahora denominamos formación integral, que es la búsqueda de una ampliación de la democracia en el sistema educativo. Por eso, promover una educación filosófica y no una información cuantificada tipo Sena – que es necesaria, pero insuficiente- pues esta puede servir para trabajar, pero no para vivir más allá de la posibilidad de derivar un ingreso, es un imperativo que no depende que se decrete o no , sino una decisión que parte del profesor como promotor de deseo.

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