Los cómplices de la Merlano

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Este episodio político-penal, de las elecciones del 2018 y dramatizado por la condena impuesta a Aída Merlano y por su teatral fuga para liberarse de la pena impuesta por el delito imputado: corrupción electoral y ahora su captura en Venezuela, ejecutada en razón de que estaba identificándose con un documento falsificado, para refugiarse, actitud con la cual procuraba su residencia clandestina en el país de los vecinos.

La autoridad colombiana, afanada por su extradición, demanda al señor Guaidó, presidente ad-hoc de la República Bolivariana, en ejercicio de la supuesta potestad que ejerce en rivalidad con el desacreditado Maduro, ordene la extradición de la desertora para que sufra la reprensión impuesta y de la cual se evadió astutamente. Esta intención ha sido severamente criticada por su improcedencia.

Muchos conceptos emitidos a este respecto: hay quienes sostienen que esta aspiración ningún sentido lógico tiene, pues el señor Guaidó es un presidente imaginado que poder real no ejerce en ese Estado. Otros, más realistas, concluyen que la señora Merlano deberá pagar la pena que le corresponde padecer por el delito cometido en esa nación y, de otra parte, porque será una disculpa de la autoridad para justificar su rechazo a lo que el Dux Iván pretende, desconociendo el mandato del su contrincante.

En medio de ese episodio otros rezan para que ella no vuelva al país y porque su presencia los aterra en la medida en que decida ella contar todo lo que sabe acerca del negocio electoral que dio pie para que la juzgaran. Y porque se sabe, y es una hecho notorio que no exige prueba individual, que muchas campañas políticas en este país no dependen, exclusivamente, de las ideas y calidades de los candidatos. Lo que promueve y asegura el triunfo es la inversión económica, trueque que se traduce en la elección del aspirante que cuenta con el pago económico de quien, luego, habrá de pasarle las cuentas del dinero otorgado a su cliente político. Dinero que se invierte en el medio popular, bien pagando la publicidad para convencer o, simplemente, haciendo una publicidad -negocio- directamente.

Son contados en los dedos de las manos los que logran su éxito simplemente por sus calidades personales. Un alumno, al que mucho aprecio por sus méritos y valores éticos, se lanzó a una candidatura de edil, y únicamente contaba con $15 millones para su campaña, por supuesto nada consiguió. Quien triunfo lo alcanzó invirtiendo $200 millones. Esto es algo que demuestra que el dinero es el éxito y no los discursos y argumentos políticos reales.

Los cómplices de la Merlano son miles de miles; los que vendieron el sufragio y principalmente los que financiaron la campaña; y no solamente a ella la apoyaron en ese sentido, esa es una vieja costumbre en este país. Desde los presidentes hasta los alcaldes se valen de ese medio: para comprar votos y hacer propaganda.

*Abogado

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