La crisis del coronavirus

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La crisis del coronavirus de Wuhan, que hasta hace unos cuatro días  contabilizaba cerca de mil muertes en China y unos 45 mil infectados en todo el planeta, tiene en estado de incertidumbre la economía mundial, ya que gran parte del aparato productivo del país asiático se encuentra paralizado ante el temor de contagio. Organismos como la Reserva Federal de los Estados Unidos (FED) reconocen que este fenómeno podría reflejarse en perturbaciones para la economía global, pese a que el presidente chino, Xi Jinping, adoptó medidas de choque para hacerle frente a la emergencia y tratar de mantener caminando la economía.

Las imágenes que muestran a las principales ciudades chinas solitarias, con negocios cerrados y mínima actividad, son motivo de gran preocupación, no solo por lo que pueda pasar en próximos días con la epidemia, sino por la crisis económica y social que se desencadene en el gigante asiático y sus repercusiones globales. Debemos recordar que la ciudad de Wuhan, de 11 millones de habitantes, lleva 20 días en cuarentena, con todos sus sistemas de transporte (avión, trenes, autobuses, metro y ferry) cerrados, y esa condición de ciudad fantasma se extiende hacia los principales centros económicos de ese país.

La FED confía en que la economía norteamericana resistirá los efectos de lo que ocurra en China, además porque los recortes a los tipos de interés en el 2019 sirven de blindaje en este caso. Sin embargo, en países como Colombia lo que hemos visto es una disparada del dólar por encima de lo previsto, sin que pueda calcularse aún hasta cuándo se mantendrá esa tendencia y dónde estará el techo. Esto genera, naturalmente, incertidumbre en la economía global, con grandes preocupaciones sobre todo en países que dependen sustancialmente de China.

El mismo Jerome Powell, presidente de la FED, admitió que la solidez de la economía estadounidense tiene grietas, debido a que su expansión real no es tan amplia como lo muestra el crecimiento del PIB, lo que muestra la fragilidad en la que se encuentra el resto del mundo frente a los efectos de una productividad china en sus peores momentos.

La determinación de que millones de trabajadores no regresen a sus trabajos y seguir, prácticamente, en vacaciones por motivo del Año Nuevo chino, puede ayudar a que la enfermedad frene su velocidad de expansión, pero es muy pronto para conocer si será suficiente para amortiguar el fuerte golpe que sufren cientos de empresas de todo el mundo con sede en China.

Las medidas adoptadas por el gobierno chino, de inyectar cuantiosos recursos oficiales a la economía para financiar a los empresarios que no han podido abrir sus negocios, por ejemplo, todavía no dejan ver consecuencias positivas. Otras como facilitarles crédito y emisión de bonos a compañías más grandes solo verán efectos en el futuro. Igual ocurre con la intención de proveer los recursos necesarios para atender la emergencia y facilitar la llegada de ayudas desde el exterior. La esperanza es pronto regrese la normalidad y se abra espacio a la recuperación.

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), hay cierta estabilización en el número de casos nuevos de coronavirus, pero todavía no es posible cantar victoria acerca de que el contagio esté controlado. Es necesario en este aspecto ser muy prudentes y mantener la guardia arriba para cerrar todas las posibilidades de que el virus se expanda a lugares donde sea más difícil establecer barreras efectivas. En países como el nuestro debemos tomar todas las precauciones tanto desde el ámbito de salud pública, como desde el manejo económico, para evitar sorpresas desagradables que puedan perjudicarnos gravemente.

* Internacionalista.

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