Reinventarnos para el mundo

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El turismo para Santa Marta y el Magdalena tiene que ser un todo estratégico. Recabo en este tema, por cuanto no podemos dejar de lado lo que la naturaleza nos brinda, debiendo asumir lo cual íntegramente y someterlo a una nueva y necesaria regulación. No podemos ser un modelo turístico agotado ni fallido sino insertado con equilibrio en la economía y la sociedad, con lineamientos que permitan conciliar conservación, dinámica cultural y fuente de recursos, que no de gastos. El turismo tiene que ser para nosotros importante fuente de ingresos en beneficio comunitario. La comercialización y la gestión de los recursos turísticos tienen que ser desarrollados, elaborados, compartidos y gestionados por los privados y los gobiernos.

El turismo, fundamental en la vida y economía de los pueblos, amerita estrategias permanentes en su consolidación, administraciones locales en gestión permanente con la industria turística, la ciudadanía y comprometida con la formulación y gestión de estrategias sostenibles, sustentables, compartidas y asumidas por la sociedad local, en vía a una positiva dinámica económica. Poseemos riquezas extraordinariamente importantes, pero nada acondicionadas ni explotadas como deben y tiene que ser, y por ende además de desaprovechadas, infravaloradas.

Nuestra economía debe fundamentarse en gran medida en el turismo, siendo esencial mejorarlo, proyectarlo en beneficio comunitario. Genera directa e indirectamente puestos de trabajo aceptables, si bien difíciles de cuantificar, potente si se creasen más y nuevas estructuras comerciales para atraer turistas. Su desarrollo y gestión no puede hacerse sectorial, sino integral, planificado, controlado y vitalmente articulado a otras funciones urbanas, lo que traduce plantearse políticas turísticas que integren la gestión del turismo en el conjunto de las políticas orientadas al logro de nuevos equilibrios funcionales y a garantizar una elevada calidad de vida de los vecinos de la ciudad.

Es de las administraciones locales comprometerse con la formulación de estrategias sostenibles, donde la participación e implicación ciudadana sea vital para definir estrategias de futuro, que deben estar perfiladas y adecuadas en un plan de excelencia turística. Un desarrollo sostenible del turismo debe plantearse en democracia, construirse desde la participación y corresponsabilidad población, agentes sociales, órganos de gestión.

Por todo lo cual, debemos estar atento y observarlo todo. Comprobar nuestra conducta y proceder en cuanto modales y respeto. Dejar de ver anormalidad, desorden, invasión de espacios, inmundicia, basura, vendedores ambulantes, estacionarios y demás otros demandes como natural, aspecto que amerita coordinar e incentivar los cambios de comportamientos que las circunstancias demanden. No puede permitirse una ciudad que se precia de turística, que vivan sus playas y demás escenarios en estado deplorable. La suciedad en lugares públicos en general es un asco e incivilizada la falta de respeto a las leyes, ciudadanía, comunidad y naturaleza.

Gobiernos sensatos y responsables deben tomar cartas en el asunto, pronunciarse, acudir a las herramientas legales para iniciar agresivas campañas pedagógicas a todo nivel, con las cuales corregir falencias y cimentar valores, camino a combatir los malos y peores procederes colectivos. Se trata de formar personas sensibles y honestas. Valorar, respetar a la naturaleza y al prójimo. Vivir en convivencia con orden, limpieza, pulcritud y decencia entre otros valores, caminos estos para considerar y enderezar los malos y peores procederes de algunos ciudadanos en todo cuanto con el turismo y lo que significa y representa tiene que ver. [email protected] *Jurista

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