‘El hombre invisible’, la película

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POR: GONZALO

RESTREPO SÁNCHEZ

‘El hombre invisible’ es una novela de ciencia ficción escrita por H.G. Wells. La fábula del escritor fue inicialmente divulgada por capítulos en la revista “Pearson’s Magazine” en 1897 y publicada como novela el mismo año. Narra la historia de Kemp, un joven y ambicioso científico que investiga cómo hacer que las cosas y los seres vivos se tornen invisibles.

Si bien, esto se observa desde un punto de vista físico, es igualmente, un punto de vista moral. Wells podría haber escrito el mito romántico –de el hombre invisible-, convertirlo en una alegoría de nuestra infranqueable soledad o enajenación y hacer de él, un rebelde que se opone a una sociedad farsante o vengativa; aunque en realidad, el autor nos presenta a un personaje que es todo lo contrario y lo convierte en un hombre tirano e invisible… un hombre fáustico.

Y es que este hombre invisible ha alcanzado, al igual que Drácula o Frankenstein, un lugar en el imaginario del mundo literario y, desde siempre, dando forma terminante a uno de los impulsos que habrían de tener más notoriedad y, en ese semblante, hacerse una terrible -y no es exageración- realidad: el uso instintivo del conocimiento científico y las derivaciones funestas de ponerlo a favor de causas egoístas o ilegítimas.

En esta enésima adaptación audiovisual de la novela del escritor, la cineasta Leigh Whannell realiza un buen guion y una dirección al servicio de la trama, creando una intriga psicológica con tintes de terror.

Otro aspecto a destacar de las dos horas que dura esta cinta, es el talento de la actriz Elisabeth Moss en el rol de Cecilia Kass y que amplía las cualidades del filme con una actuación excelente. Y es que en su circunstancia de un ser prácticamente enjaulado -prefiero no cometer spoilers-, resuelve con valentía todos sus pormenores personales. Lo paradójico de todo esto es que, de un mundo amplio de espacios, por momentos la chica termina encerrada en ellos.

Sin necesidad de monstruos y una excelente música extradiegética, estamos pues ante una cinta que presenta al hombre invisible como un asaltante vehemente y un ser que puede agredir en cualquier momento, creando una alta dosis de miedo y tensión. Hasta sus elipsis visuales -confinadas en una mansión-, la luz -y su ausencia-, provocan en el espectador todas las reacciones habidas y por haber.

Así que nadie mejor que el director de fotografía Stefan Duscio para proporcionar al personaje Cecilia, nada de dudas, doble moralidad y oscuridad; además, ningún subconsciente erótico de los momentos entre el hombre invisible y ella, aunque dicho personaje invisible otorgue al espectador cierto de ánimo de paranoia que deje sin respiración.

De todas formas, y como señala Carlos Gamerro en el prólogo del libro: “Wells quiso darnos una áspera lección moral; pero la literatura, para bien o para mal (y también en el cine opina este cronista), suele exceder o escaparse de las intenciones de sus autores. La figura del hombre invisible, sobre todo en el recuerdo, suaviza sus aristas más odiosas y se vuelve melancólica y patética: un hombre que no puede dormir porque sus párpados no bloquean la luz, que debe andar sin abrigo en los días más crudos del invierno, perseguido finalmente por la jauría humana como si de un zorro se tratase, y que aun así sueña con ser emperador del mundo”.

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