La racionalidad política y su razón de ser

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La racionalidad es la capacidad humana   que permite pensar, evaluar y actuar de acuerdo a ciertos principios de optimismo y consistencia, para satisfacer algún(os) objetivo(s) o finalidad(es). Virtud que tienen las personas para determinar qué es lo mejor en cualquier actividad; especialmente por la dificultad de comprender ciertas conductas, individuales o colectivas que, por falta de previsión, ausencia de coherencia o la ceguera que dan sesgo y sectarismo, terminan generando fracasos, la mayoría de las veces dolorosos. Todo proyecto o conducta política sino parte de la lógica, terminan en ostensibles desengaños, pues no cumplen con la necesaria determinación respecto de que es o sería los más conveniente, factible y viable para un territorio y su población.

Desafortunadamente, cada día que pasa, se comprueba como en nuestro medio prevalece la ausencia de racionalidad en el manejo del Estado. Se antepone el interés sectario al de la sociedad, el favor de un sector en desmedro de otros. Y, lo que es peor, se eligen aun a sabiendas de que están siendo violadas elementales reglas de convivencia democrática. No es racional bajo punto de vista alguno, una conducta que solo se encamina a favorecer a unos en detrimento de otros, en lo que muchas veces cuenta el desconocimiento de la Constitución y la voluntad ciudadana.

Impone la irracionalidad la absurda imposición de políticas, medidas y acciones inmorales, multiplicadas por perversos y espurios intereses particulares que generan rebeldía al poner en peligro el futuro del pueblo. No se quiere entender que el respeto mutuo entre gobernantes y ciudadanos, la observancia de las bases de la democracia, la separación e independencia de los poderes del Estado, podrán abrir el camino a una paz verdadera, al desarrollo social y humano, al crecimiento económico, cultural, político, espiritual y ambiental de un pueblo; pero pareciera que nada ni nadie convence a los que gozan del poder que, para alcanzar la paz y la seguridad ciudadana, deben cumplir con la ley y respetar las libertades democráticas, tarea insustituible del mundo político, que igualmente debe mirar con perspectiva los hechos que remecen a la sociedad, más aún cuando latentes están en la memoria colectiva.

Importante en todo lo cual, asegurar la racionalidad en el debate público, sin olvidar que no podemos quedarnos en las emociones, ni que los distintos sectores políticos se vean cuestionados o amenazados, pues no es con posturas incendiarias como vamos a definir la buena marcha de la democracia, ni con la presencia de grupos civiles armados y tantos otros factores, como bien lo ha comprobado la historia de la humanidad con consecuencias nefastas.

Se amerita un gran recambio en los liderazgos políticos, abrazar con seriedad y sin mentiras los contenidos y alcances de las demandas poblacionales, comprender que nuestra sociedad ha evolucionado y que el compromiso con los derechos ciudadanos se ha fortalecido; de ahí que la racionalidad política deba ser cierta, toda vez que el compromiso debe ser con los derechos de las personas y no perorar acusaciones sin fundamento, ya que en tales circunstancias se pierden los objetivos más importantes de lo que se quiere en defensa de la colectividad. Son los líderes de opinión y mundo político los llamados a soportar esa racionalidad que oriente y apoye el debate público más allá de lo simple; toda vez que es la política la actividad práctica que para avanzar debe dar respuestas a las situaciones creadas por las acciones de las personas, como resultado de la deliberación pública. [email protected] *Jurista

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