Aprendamos las lecciones para el presente

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Se cumplieron esta semana 30 años de la entrega de armas del Movimiento 19 de abril (M-19), un proceso de paz, de los muchos que ha tenido Colombia, que se puede calificar de exitoso. La muerte de varios combatientes después de la entrega de armas, entre los que se cuenta el líder máximo de esa agrupación, Carlos Pizarro Leongómez, en un año de los más difíciles que vivió el país en cuanto a seguridad, no impidieron que los demás continuaran jugándosela por volver a la civilidad. Hoy contamos con importantes dirigentes al frente de muchos temas, no solo políticos.

El M-19 marcó una época en el país con sus arriesgadas operaciones, que lo hicieron ver en un principio como una especie de Robin Hood, pero que con el tiempo como suele suceder con toda deriva hacia las armas, terminó en actuaciones excesivas de violencia que les siguen pasando cuenta de cobro. El asesinato del expresidente de la Confederación de Trabajadores de Colombia, José Raquel Mercado, el secuestro como forma de financiación y la cruenta toma del Palacio de Justicia, que terminó en una masacre por cuenta de la reacción aún más violenta del Estado en busca de recuperar el orden, llevaron a que al final se buscara por la vía de la política, lo que con las armas no pudieron.

No se puede olvidar que al momento de la entrega de sus armas, el país necesitaba este tipo de gestos para recuperar la esperanza. Eran tiempos de carrosbomba y de avance paramilitar, de volada de oleoductos y de crecimiento del narcotráfico. Los homicidios se contaban por decenas de miles. Fue el momento que abrió también las posibilidades a modificar la vieja Constitución que venía del siglo XIX y se abrió la puerta para modernizar el Estado y las normas, para lo que el M-19 jugó papel fundamental, al lado de otros actores políticos. Se pudo llegar a consensos, gracias a la triple presidencia entre Antonio Navarro Wolf, hasta meses antes guerrillero; y los viejos caciques Álvaro Gómez Hurtado, en ese momento del Movimiento de Salvación Nacional; y Horacio Serpa Uribe, del Liberal.

Era otra época también en lo internacional. Aún cabían los indultos como forma de alcanzar la paz, evitar que los que hasta tiempo antes eran vistos como delincuentes fueran perdonados, gracias a que decidieron acogerse a la vida civil, procedimiento que hoy con la modernización de las leyes internacionales y con la presencia de la Corte Penal Internacional es casi un imposible, pues tiene que haber algo de justicia, como no lo hubo en ese caso; y también verdad, que no toda ha sido contada y es el lastre con el que cargan varios de esos dirigentes aún.

Qué importante que en estos días en que se conmemora ese proceso de paz, aprendamos las lecciones para el presente. El proceso con las Farc que se ha visto asediado por la falta de aceptación de algunos dirigentes, el asesinato sistemático de algunos de sus miembros, la retoma de armas de otros son factores que hacen temer que nuestra historia de guerras continúe sin fin. No obstante, el testimonio de quienes hicieron posible la paz con el M-19 demuestra de lejos que siempre será mejor tener a los colombianos dialogando, aportando, que matándose por un ideal.

* Internacionalista.

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