Golpe a la humanidad

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La llegada del coronavirus, una enfermedad viral que antes sentíamos lejana y ajena a nosotros por haberse propagado en el otro extremo del mundo, ha penetrado ya a más de 145 países y conllevado a que todos estén tomando medidas preventivas para intentar controlar el contagio y evitar que sigan incrementando las víctimas de forma exponencial.

Lo que ahora es una pandemia tiene a la población global encerrada en sus casas, en una cuarentena que lucha por acabar con el contagio y, por ende, con el virus en sí, mientras otros luchan por crear una vacuna lo más rápido posible. Este virus puede, como ha sido evidente, llegar a todos los lugares, estratos sociales, razas, géneros, edades y religiones.

En cada país los gobiernos tratan de expedir las mejores medidas preventivas que en su concepto son las adecuadas para evitar que se expanda. Aunque muchas cosas pueden ser especulaciones, pánico y voz a voz, queremos cuidar de nuestros seres queridos y buscamos mantener la cuarentena, evitando contactos innecesarios, manteniendo la higiene y siguiendo las recomendaciones.

La impotencia es absoluta. Las potencias militares no pueden usar sus armas contra el virus y cada uno desde su propia conciencia y capacidad de reflexión, poco a poco tendrá que cambiar sus costumbres y entender que la naturaleza nos supera y trae a relucir la debilidad del ser humano ante circunstancias como estas.

Con esto, hemos aprendido que la edad convierte al ser humano en un blanco más débil que, aunque sea más fuerte en sabiduría y experiencia, la desperdicia por su irresponsabilidad ante circunstancias como estas.

Los medios cuestionan si las medidas de control por parte del Gobierno quizás llegaron muy tarde, si Opain o Migración Colombia se equivocan al no cerrar desde el primer momento el aeropuerto y el tránsito aéreo. Resaltan las noticias que la mayoría de casos han surgido en personas que han viajado. De cualquier forma, si bien las medidas del Estado son necesarias para el control de esta crisis que afecta la salud del mundo entero, la economía global, la educación y todos los aspectos de la vida del hombre, todo esto será inútil si la ciudadanía no colabora, si no nos concientizamos respecto a la necesidad de controlar nuestros instintos antes de que sea muy tarde y atender las instrucciones impartidas por las autoridades.

Mi llamado es a la sensatez y a que todos velemos por el bien de nuestros co-ciudadanos, de nuestros familiares, hijos y abuelos, quedándonos en casa, y trabajando desde casa.

Hasta ahora van más de sesenta casos, pero también sabemos que hay muchos portadores silenciosos que pueden -inocentemente y sin quererlo así- estar contagiando otras personas.

Todas las decisiones de restricción de movilidad, prohibición de encuentros de más de 50 personas y cierres de establecimientos sociales son molestas e incluso traen problemas económicos. Pero lo peor sería perder la vida, pues ella no la reemplaza nadie.

Refugiémonos en nuestras casas y solo dejemos que las personas estrictamente necesarias cumplan las labores que son necesarias para el transcurrir de la vida.

Pasado el riesgo que estamos viviendo podremos regresar a nuestras actividades normales.

*ExComisionado de Paz

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