El Covid19: la incertidumbre social

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Uno de los aspectos rescatables de la planificación estratégica o de la planificación prospectiva es poder predecir los escenarios posibles por medio de la simulación de circunstancias o la estimulación hipotética de múltiples variables. Ahora que atravesamos por una pandemia, ocasionada por el COVID19, muchas de las medidas que en diferentes países se debieron tomar a tiempo han delatado a una parte de los gobernantes por no tener la capacidad de percibir en su debido tiempo tanto los efectos de la enfermedad (evolución natural y social de la enfermedad), como también aquellos efectos que son colaterales en áreas tales como la economía, la movilidad, la seguridad y el orden público.

El tema, por lo tanto, no es solo sanitario o de salud pública para evitar los enfermos y poder salvar vidas, sino reconocer a tiempo que las medidas de salud pública están referidas a la totalidad de una sociedad por lo cual se producen cambios que también pueden ser dramáticos en otras esferas del sistema social. Me refiero a aquellos efectos en el empleo formal, especialmente, en el alto porcentaje de empleos informales, que sobreviven del día a día, en las calles y algunos sitios de alta concentración lo que no sólo los hace más vulnerables en su condición de salud, sino también vulnerables por una debacle de la economía familiar. Por eso hay que pensar en paquetes de suministro alimentario durante los días de “cuarentena”, ya sea por dotación directa de alimentos o por medio de un subsidio para tal fin. Esto evitaría otros efectos nefastos como podrían ser ocasionales trifulcas o saqueos en algunos sitios comerciales o supermercados.

Lo anterior difiere de ciertos argumentos utilizados por algunos actores sociales que lo que buscan es pescar en “río revuelto” basados en el aumento de la incertidumbre a nivel de toda la sociedad. Estos son los que contravienen públicamente las medidas tomadas por los gobiernos basándose en el derecho a ser consultados. O de actuar como mejor convengan. Estimulan así la falsa premisa de que la institucionalidad no ofrece certidumbre plena para la economía y el libre emprendimiento de las personas. Es decir, estimulan la duda de si lo que hay que proteger es la vida de la gente, de todos, o la producción de bienes y servicios –negocios- aun a costa del incremento de la morbi-mortalidad de muchos y la terrible e insostenible saturación del enclenque Sistema de Salud colombiano. Un Sistema en donde solo es rescatable la buena voluntad y disposición de sus empleados.

La jerga económica llama a esto un trade off: o sea, incertidumbre para las personas comunes y corrientes, a costa o a cambio de la mayor certidumbre requerida para la economía de mercado. De esta manera, certidumbre y libertad están en manos de los inversionistas. Del capital. Es el discurso dominante para poder perpetuarse aun en las condiciones de una letal pandemia pregonando que los “consumidores” tienen la libertad de elegir entre una medida sanitaria “impuesta” por el Estado y/o el disfrute del libre albedrío. Tal vez esto explique el por qué algunas medidas drásticas de orden sanitario se hayan demorado tanto para aplicarlas en todo el territorio nacional. Sin negar las consecuencias indeseables que puede traer la pandemia de COVID19 a la economía nacional, lo que hay detrás es una protección de las grandes empresas con sus altas tasas de ganancias. Aunque es bien sabido que algunas de ellas desde hace muchas décadas viven de la existencia de las enfermedades.

  1. Bauman plantea con mucha razón que la autonomía real empieza donde termina la certidumbre de la economía de mercado. Mientras los que ven afectación en la economía (cosa que repetimos como cierta) están pensando en las ganancias que dejarían de recibir, los trabajadores y empleados piensan en el desvalor que tendría su trabajo o sus ingresos por la pérdida del empleo, y, en el caso de la economía informal –vendedores ambulantes y estacionarios en el espacio público- la máxima preocupación estaría centrada en cómo van a alimentarse el día de mañana. Como vemos el capitalismo no es ni será un tigre de papel. De ahí que no queda más camino que apuntalar las medidas que sean necesarias con proceso de concientización ciudadana. En este caso la medida de aislamiento social es lo más indicado para proteger la salud y poder sobrevivir ante el invisible y agazapado “enemigo”: el COVID19.

El COVID19, a manera de paradoja, nos recuerda que nada es para siempre. Que tanto el bienestar humano como la felicidad estarán siempre en peligro. Que la libertad es acosada tanto por el estado de la naturaleza biológica (nuestra premisa), como por la artificial naturaleza social que embarga a todos. Y es justamente dicha incertidumbre la que nos reviste, la que nos hace seres humanos, la que nos sostiene en medio de las dificultades reales o ficcionales. La que nos convoca hoy, de manera violenta o catastrófica, por el COVID19 al arraigo de familia, de grupo, de comunidad; de sociedad, de país y de especie. La que nos ofrece un enraizamiento dinámico por la plenitud de la vida propia y la ajena. Es así como el ser humano siempre será verdadero bajo la dinámica crítica de una eterna incertidumbre.

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