Mensaje del señor Obispo para los fieles samarios

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El Obispo de la Diócesis de Santa Marta, monseñor Luis Adriano Piedrahita Sandoval, entregó ayer un mensaje de saludo a todos los fieles católicos del departamento del Magdalena:

“Aprovechando este medio de comunicación y desde la capilla privada de la casa episcopal, guardando el aislamiento obligatorio que nos impone las últimas normativas gubernamentales, he querido dirigirles a todos un saludo afectuoso y un abrazo de pastor a todos ustedes, mis fieles de la Diócesis de Santa Marta, sacerdotes, religiosos y religiosas, seminaristas, agentes de pastoral, fieles laicos,  con motivo de las difíciles circunstancias que estamos viviendo con motivo de la pandemia de Coronavirus que ya ha dejado algunos afectados en la ciudad de Santa Marta.

Sea lo primero, recordarles la necesidad que tenemos de colaborar todos en la lucha contra la expansión vertiginosa del virus, y la mejor manera es obedecer estrictamente las normativas, indicaciones y orientaciones que nos han dado las autoridades nacionales, departamentales y municipales.

Entre las últimas medidas está la de permanecer en casa en un aislamiento preventivo, porque así lo ameritan las circunstancias. Es una medida difícil pero necesaria porque así podremos contener la expansión del virus e impedir que se siga llevando muchas vidas humanas.

Recojámonos en nuestra casa, no salgamos de ella sino a lo necesario, no contribuyamos a expandirlo por imprudencia o incociencia, está de por medio la vida propia y la de nuestros hermanos, hagamos el esfuerzo de hacer un acto de solidaridad social y de responsabilidad, aprovechemos este tiempo para crecer en la comunión familiar y en el cultivo de la mente y del espíritu, descansar serenamente, cultivar los valores espirituales, esforcémonos por sacar un provecho positivo, unas enseñanzas para la vida que nos va dando la situación que vivimos.

Se lo mucho que están sufriendo mis sacerdotes por no poder atender espiritual y pastoralmente a sus fieles como quisieran, no poder celebrar con ustedes los misterios cristianos como normalmente lo hacen en sus parroquias. Me consta cómo ellos quieren y buscan los medios para estar conectados con sus comunidades.

Se lo mucho que sufren los fieles por no poder celebrar las acciones litúrgicas y piadosas como lo hacen normalmente en sus parroquias. Hemos de prepararnos todos para que tener que celebrar de una manera inédita el misterio central de nuestra fe en los días santos, la Pascua del Señor.

Los invito a ofrecer al Señor este sufrimiento y unirlo así a la pasión y muerte del Señor que especialmente profundizamos en los días de la Cuaresma, y acoger las medidas que ya hemos señalado con el apoyo de la normativa de la Iglesia universal para seguir viviendo de otra manera nuestra fe y los misterios cristianos ante estas circunstancias especiales.

Estamos atentos a aprovechar los medios virtuales de comunicación, las redes sociales, que en buena hora los hemos recibido; veo que mis sacerdotes se esfuerzan por utilizarlos para llevarles a los fieles el alimento de la Palabra y de los sacramentos, particularmente de la Eucaristía.

Por nuestra parte, la Diócesis hace el esfuerzo grande de hacerlo para todos los fieles a través de la Emisora Voces, del periódico Testigos y de su página Web.

Recemos en casa con el santo Rosario, el Viacrucis y demás oraciones piadosas. Hagamos oración con la Palabra de Dios. Aprovechemos el medio invaluable que nos ofrece la Iglesia de la comunión espiritual, a falta de poder comulgar sacramentalmente, pidámosle al Señor con un corazón contrito perdón por nuestros pecados, mientras podemos hacerlo sacramentalmente en el sacramento de la penitencia.

La Penitenciaría Apostólica ha promulgado un Decreto por el cual se concede el don de Indulgencias especiales a los fieles que sufren la enfermedad del Covid-19 o Coronavirus, así como a los trabajadores de la salud, a quienes doy un saludo muy especial, les agradezco y les animo a no desfallecer en dichas acciones propias del Buen Samaritano, como a los familiares y a todos aquellos que, en cualquier calidad cuidan a los enfermos.

Le pido a los padres y a los medios de comunicación divulgar entre los fieles el texto del Decreto que señala las condiciones a tener en cuenta para ganar dichas gracias.

Los invito, finalmente a vivir esta prueba con Espíritu de fe, con esperanza, con la confianza puesta en Dios que todo lo puede, con espíritu de solidaridad humana y de caridad cristiana, con paciencia.

La Palabra de Dios que nos trae la Liturgia de la Iglesia en este cuarto domingo de la cuaresma es muy iluminadora y esperanzadora.

Hoy, como respuesta al pasaje de la elección de David como rey de Israel, lo que es una clara muestra de cómo Dios ha velado y cuidado de su pueblo siempre, la Iglesia nos invita a proclamar el Salmo 22:

“El Señor es mi Pastor, nada me falta, el me conduce hacia fuentes tranquilas”. El Señor siempre nos acompaña, nunca nos desampara, nos conduce por cañadas oscuras para hacernos pastear en verdes prados, como el Buen Pastor de su rebaño.

Confiémosle al Señor nuestras incertidumbres presentes. No olvidemos, que el Señor permanece en medio de nosotros, velando nuestros sueños y animándonos en nuestras adversidades, como el Buen Pastor, allí particularmente, en ese lugar sagrado, íntimo, escondido, del sagrario de nuestros templos y de nuestras capillas de adoración. Aunque no lo podamos ver ni palpar ahora, sabemos que Él está allí cuidándonos providentemente. Él es allí el Emmanuel, el Dios con nosotros.

En medio de las tinieblas que actualmente rodea nuestro camino, el Evangelio nos trae el relato de la curación que hace Jesús de un ciego de nacimiento, para recordarnos que Él es la luz del mundo, y que quien le sigue no andará en tinieblas y tendrá la luz de la vida.

Acerquémonos al Señor y permitamos que él haga ver con ojos de esperanza y de consuelo nuestro futuro. Que el Señor les bendiga a todos y María Santísima les acompañe”.

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