Crisis e intereses superiores

Se ha dicho siempre que la política es el arte de saber gobernar. Maquiavelo, que tal saber debe estar determinado por el fin que se quiere sin que importen los medios para conseguirlo. Hobbes, que es la lucha de todos contra todos, el hombre se convierte en el peor enemigo del hombre, resultando el hombre un lobo para el hombre. Aristóteles, que la política debe llevar a los individuos de la sociedad a la felicidad. Así las cosas, ella, la política, no sería mala por sí misma, sino por quienes la adecuan a mezquinos intereses y por ende la desdibujan y corrompen.

La corrupción empieza en ella su ruta cuando se aparta del bien común, del buen gobierno y del mejor hacer, para orientarse a grupos, persona, élites y familias, en menoscabo del superior porvenir de la sociedad al hacerse exclusiva y no dejar que ese bien común llegue a todos los asociados por igual; apartándose de la verdad que la política es un quehacer ordenado al bien común, que tiene que ver con la moral y poner el poder de acuerdo y al servicio de la sociedad.

De otra parte, sabemos todos que la información es fuente de poder, y quienes desean gobernar, llegar al poder, se valen de la manipulación mediática, lo que es grave y por demás perverso, toda vez que recurre en ese derrotero al chisme, el rumor, la falsedad, la guerra sucia, la mentira y la infamia para ganar la guerra por alcanzar el poder. Acciones dañinas todas que dividen y acaban con las vidas de personas y sociedades. Igual se valen de las redes con propuestas de índole diversa, olvidándose de la ética, lo que deja como verdad que ninguna porción territorial así gobernada podrá nunca salir de crisis alguna, sí las conductas de sus políticos se extiende con impunidad, lo que requiere correctivos y ejemplares sanciones. Mentira y engaño no tienen futuro.

Entre nosotros, de pronto con algún buen inicio en medio de esta doble crisis, sanitaria y económica, donde parecía que desde el ejecutivo polarizaciones y divisiones cesarían y el camino fuera el llamado sin colores a la unidad para jalonar todos en una misma dirección, reaparecen resquemores y prepotencias precipitando todo a tierra y por ende generando rechazos en medios, derechos de petición, pronunciamientos de coadministradores departamentales y mandatarios locales que señalan tanto favorecimientos como incumplimientos, dejar de lado el buen gobierno y dedicarse a protagonismos que en nada benefician a la comunidad, pero afectando sí economía, seguridad, salud, educación y demás … todo se ve opacar, todo se va opacando.

Cuando un gobierno se aparta de lo que promete y además miente y engaña, la legitimidad se esfuma. Es tiempo de rectificar, hacerlo todo en transparencia, cumplir, ser ético. Evitar que la mentira y el engaño, que siempre corroen, sean forma de gobierno, so pena de ir rumbo a una crisis de peor condición que la que estamos padeciendo.

No queremos un liderazgo envuelto en mentiras y engaños, ya que ello, itero, no tiene futuro y hay una gran parte de la sociedad que no es borrega de nadie, que pregunta, descree, consulta, investiga, se da cuenta, ausculta, ve, mira, observa, denuncia, no come cuento, no traga entero y está más alerta que nunca; más, cuando se siente despreciada como ciudadanos libres. Definitivamente malo y peor es creer y vender la idea que la popularidad de un pretendido líder es estable y que ello lo hace intocable. Empiezo a ver en el Magdalena un departamento distinto, que se había obnubilado con una pretendida esperanza. Mentiras y engaños se estrellaron con un departamento que hoy denuncia. [email protected]

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