La tragedia de cremona

En esta tragedia mundial del Coronavirus no he dejado de pensar en una pequeña ciudad italiana, vecina a Milán, que ha sido victima de esa pandemia. Se llama Cremona, conocida como la ciudad de los violines. De allá provienen no solo los famosos estradiviri sino que es la ciudad donde Andrea Amati, inventó o, por lo menos, construyó por los años mil quinientos ese famoso instrumento que tanto se admira por su forma, por su belleza y por su sonido.

Es familiar el nombre de Cremona para quienes están metidos en el mundo de los violines. Pequeña ciudad (72.179 habitantes en el censo de 2011), típica del norte de Italia, situada a una hora en tren o el doble de tiempo en automóvil, desde Milán. Allí se toma buen vino, hay pequeñas trattorias con excelente pasta, prosciutto y queso gorgonzola. Casi en cada esquina hay un taller o un almacén de violines, y en el propio centro, a cien metros del Duomo, diagonal del Palazzo Comunale, hay un aviso amplio colocado al comienzo de una calle empedrada, en donde hay un negocio de un señor Grisales que llama la atención porque no es Ruggieri, ni Giannini. Es colombiano, más exactamente de Medellín (tenía que serlo), fabricante de violines, quien tiene su propio taller y es muy cotizado. Es Jorge, pero allá se hace llamar Giorgio.

En el mundo no llegan al millar los stradivarios legítimos que aún subsisten, restaurados. En el 2006 la Casa Christie´s subastó uno por 3.5 millones de dólares. La destacada violista alemana Anne Sophie Mutter, tiene uno conocido como El Emiliani, construido por Antonio Stradivari en 1710 y que fue del lord Dunn-Raven. Ella (de solo 57 años y quien tocó en el Julio Mario Santodomingo el año pasado) anunció estar contagiada con coronavirus. A lo que hemos llegado.

Tenía la esperanza que ese pueblo tan bello no registrara hoy tantos contagiados y muertos, pero toda versión con… cuerda con Cremona.

(Tomado de El Espectador)

*Abogad*Escritor*Historiador

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