De los “primeros auxilios” a la convalecencia

Frente a las tareas que los manuales recomiendan ante una emergencia inédita como el coronavirus, tanto el Gobierno nacional como las entidades territoriales vienen actuado de manera diligente. Cada quien dentro de los límites de sus posibilidades. Y esto hay que aplaudirlo.

No ha sido una tarea fácil: en Colombia como en el resto del mundo ésta pandemia nos tomó por sorpresa. Con día más o día menos de intervalo, prácticamente todo el mundo ha actuado con presteza. Quizás las únicas insólitas excepciones han sido Trump, Bolsonaro y López Obrador en el continente Americano. Y en un comienzo España, Italia y el Reino Unido en Europa. Y lo que con gran improvisación parece estar sucediendo en el Ecuador y en la India.

Los “primeros auxilios “que en Colombia son las transferencias monetarias para los más débiles, las inyecciones de liquidez a las empresas y las ayudas a los centros hospitalarios, comienzan a fluir con la urgencia esperada. Se está aumentando a ritmos frenéticos la capacidad de camas y el equipamiento médico. El sector privado está también colaborando de manera plausible.

Hay áreas que denotan aún debilidades que obedecen más a falta de gestión que de recursos, o a restricciones en la oferta mundial. Me refiero a la distribución de ayudas alimentarias a los más desvalidos, la de equipos médicos (ventiladores y elementos para pruebas) y la de elementos de bioseguridad para el personal médico y paramédico.

En lo relacionado con las transferencias monetarias directas hacia los más vulnerables hay también deficiencias, que se explican por las restricciones estadísticas que existen en los listados utilizados para llegarle a los informales.

La “cuarentena” a pesar de las inmensas dificultades que tiene una dura medida como ésta ha funcionado de manera razonable, cuando se compara con lo que está sucediendo en otros países.

La pregunta agobiante que queda flotando, sin embargo, es si los servicios médicos y de urgencias van a quedar desbordados cuando la epidemia llegue al punto más alto de la curva. Es un crucial asunto que aún no tiene una respuesta. Será la hora de la verdad para juzgar la eficiencia de los “primeros auxilios” que se están aplicando.

Pero la gran tarea pendiente, además de seguir mejorando los “primeros auxilios” es la recuperación de la economía y la búsqueda de mayor equidad. Esto habrá de hacerse del año 2021 en adelante. Porque el 2020 ya se nos fue en blanco.

Como dijo Paul Krugman en un artículo reciente en el New York Times: “lo que estamos haciendo hasta el momento es más alivio del desastre que estímulo fiscal normal”. Que es la tarea que sigue.

No solo Colombia sino el mundo entero van a salir con sus economías y tejidos sociales destrozados de esta emergencia. La cantidad de empleos que se van a perder es inmensa. La mayoría de los países tendrán crecimiento negativos en el 2020. La demanda mundial y el comercio internacional se irán a los sótanos de la recesión. Lo mismo que el precio del petróleo que todos los observadores pronostican que tendrá un “año horrible”. No hay que contar entonces con el año en curso, que es mejor darlo por perdido. Pero que será tiempo precioso para preparar la convalecencia del 2021 en adelante: el rebote como también se le llama.

El Estado tendrá que jugar un papel estelar en esta etapa de la convalecencia. Que debe ser no solo en lo económico sino también en lo social: con cambios estructurales que reclama con urgencia la esquiva equidad de nuestra sociedad.

Con reformas tale como la implantación de un seguro al desempleo de mínimos tanto para formales como para informales. Y un esquema de pensión universal que proteja a toda la población ubicada por debajo de una línea dada de pobreza. Estas dos reformas serían una verdadera revolución estructural en lo social llamada a permanecer. A diferencia de los “primeros auxilios” que son efímeros.

Una revista tan conservadora y circunspecta como “The Economist” pronostica que luego de varios años de neoliberalismo rampante, lo que viene ahora son años de creciente intervencionismo estatal. Sobre todo en las políticas de gasto público que demandarán una nueva visión de la política fiscal de los Estados.

Una cosa son pues los “primeros auxilios” que es la etapa en que estamos .Y otra posterior pero no menos importante: la convalecencia que debe conducirnos a un mundo en el que las economías vuelvan a crecer y a generar empleo. Dentro de esquemas de equidad.

*ExMinistro de Estado

También podría gustarte