El Ministerio Sacerdotal 

Monseñor Luis Adriano Piedrahita Sandoval, Obispo de la Diócesis de Santa Marta.

POR:
DAYRO 
NAVARRO ESCOBAR*

Con mucha devoción los magdalenenses desde sus casas se unieron a la celebración de los días más álgidos de la Semana Santa: Jueves y Viernes Santo, a través de los actos religiosos transmitidos por radio, televisión y las redes sociales.

El Jueves Santo, también llamado Jueves Sacerdotal, es el día en que honramos el memorial que Jesucristo nos dejó, el mismo día en el que celebramos el Ministerio de los sacerdotes que guían la Santa Iglesia Católica.

Para ser más detallados, según el Evangelio de San Juan, la comunidad cristiana católica conmemora el Jueves Santo los acontecimientos de la Última Cena, el Lavatorio de los pies, la Institución de la Eucaristía y del Sacerdocio; y la oración de Jesús en el Huerto de Getsemaní.

Tan grande fue el amor de Jesucristo, en su paso por la Tierra, que no solo vino con la misión de enseñarnos la palabra de Dios Padre, sino que nos regaló el nuevo mandamiento:

Amarnos los unos a los otros como él nos ama. Humildad, servicio, responsabilidad y amor, son algunos de los tantos valores que Jesús nos compartió esa noche en el que fue entregado.

Nos dejó su memorial, para que recordáramos su más noble y poderosos sacrificio de amor; y para que, al instituir la Eucaristía, también quedarán nombrados como sacerdotes los elegidos por Él, sus más cercanos servidores, para que hicieran ese mismo acto por el resto de sus días hasta su segunda venida.

Ninguno fue perfecto como lo fue Jesús. Todos sus discípulos eran, son y seguirán siendo seres humanos frágiles, pecadores, pero con temor a Dios y con amor al prójimo para seguir siendo imagen de Cristo en la tierra.

El plan fue tan perfecto que, cada momento se fue dando en la hora y en el lugar preciso en el que Dios lo dispuso. Pero, dos mil años después, ¿quién es el sacerdote?, ¿quiénes siguen esa tarea que Jesús nos encomendó? sin duda alguna, nuestros presbíteros y obispos, esos que día a día luchan sus batallas internas y que, como Cristo, también padecen la tentación y la acechanza del enemigo.

Ellos son otros ‘Cristos’ en la Tierra, los mismos que recibieron el llamado de Dios, como lo hicieron en su momento los discípulos; y por eso, no basta con orientar una comunidad o porción de territorio al que pertenezca una parroquia.

“Los sacerdotes tenemos que configurarnos cada día más con el Corazón de Jesús, especialmente en el dolor, la tristeza, para así llevar el mensaje de la Buena Nueva, no solo de palabra, sino con el ejemplo”.

Añado algo muy importante: “es misión del sacerdote, ser ejemplo de humildad, servicio y pastor del gran rebaño del Señor, y su tarea es buscar todos los medios para alcanzar la santificación y la santidad propia y la de sus ovejas”.

Por ejemplo, en estos momentos difíciles que atraviesa Colombia y el mundo con la pandemia del covid-19 o coronavirus, el sacerdote es el puente que une al hombre con Jesucristo, aquel que recoge las oraciones y las coloca ante la presencia del altar para que el Todopoderoso las reciba.

¿Cuál es el precio de ser sacerdote? Diferentes medios de comunicación europeos, entre ellos el diario católico Avvenire, han informado que en Italia han muerto decenas de sacerdotes a causa del coronavirus.

Mientras que el diario local, L’Eco di Bergamo, publicó al menos 160 anuncios de muerte en su edición del 15 de marzo de 2020.

Son cifras alarmantes en las que se registran múltiples muertes de servidores de Cristo en la tierra; aquí vale la pena hacer una pausa en el camino para reflexionar:

¿No es acaso este, un verdadero sacrificio de un grupo anónimo de ‘corderos’ que entregan su cuerpo y su sangre para el perdón de los pecados? ¿No es este el mejor sacrificio de amor por el prójimo y al servicio de la misión que Cristo nos encomendó?

Si la labor de los médicos, enfermeras, bacteriólogos y demás profesionales de la salud, es la de garantizar la promoción y prevención de la salud física en los centros asistenciales; la de nuestros sacerdotes es la de no perder la fe en Dios y velar por nuestra salud espiritual, desde el lugar donde nos encontremos y a través de los medios de comunicación digital o tradicional.

Y es esta la manera de recordar una y mil veces, la forma cómo Jesús se inmoló como el cordero pascual para celebrar con gozo y júbilo el Domingo de Resurrección.

Así pues, el llamado es a mantenernos en oración para que Jesucristo resucite en nuestros corazones cansados y arrepentidos. *Vicario General – Diócesis de Santa Marta.

También podría gustarte