100 días

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Ya desde comienzos de este milenio algunos intelectuales hacían esfuerzos para imaginar que al comienzo del Siglo XXI, viviríamos situaciones parecidas a las catástrofes que caracterizaron la primera mitad del Siglo XX. En la perspectiva académica, un dato recogido por el historiador británico Eric Hobsbawm conmueve profundamente: “Una cuarta parte de los alumnos de Oxford y Cambridge de menos de 25 años que sirvieron en el ejército británico en 1914 perdieron la vida”. (Historia del Siglo XX, pag.34). En total, fueron varios millones de muertos. Y la Gripe Española mató, según unos, 50 millones, y otros afirman que 100 millones. Realmente, un cataclismo. 

Y después, una gran depresión y otra guerra mundial aún más desoladora. Como que nos olvidamos de semejante catástrofe, casi medio siglo, y pasamos a los años gloriosos y todo fue progreso, sí, con casos brutales y conflictos aislados que alimentaron lo que se denominó una ‘Guerra Fría’. Y, claro, algunas pandemias que no alcanzaron el nivel que en cuestión de semanas ha tenido el virus que nos agobia. 

Hemos aprendido mucho. Nos falta otro tanto o más por conocer. Como nunca, los medios de comunicación tienen una alta responsabilidad. Deben ayudar a sobrellevar esta inmensa crisis con serenidad. Sin informaciones que alimenten falsas esperanzas o generen pánico o desolación. Entender bien la naturaleza de esta pandemia, las estrategias para confrontarla y los preparativos y precauciones para recuperar la normalidad. ¿Y qué quiere decir normalidad? Es una pregunta obvia que encuentra respuesta apropiada en lo que dijo hace unos días esta nueva celebridad mundial, el médico Anthony Fauci: “No será como apagar y prender la luz de una habitación”.

Recuperar la normalidad. Una tarea colosal. Indispensable que todos estemos trabajando en imaginarla y en cómo materializarla. No en un abrir y cerrar de ojos sino en virtud de un complejo proceso. Aquí empresarios grandes, medianos y pequeños tienen una obligación inescapable cual es la de planear en estas dificilísimas circunstancias cómo reabrir plantas de producción, cadenas de distribución, toda la gama de servicios, etc. Pero, principalmente, no sólo para ayudar a la supervivencia económica de millones de personas y, al lado de ellas, a los ‘rebuscadores’, quizás los más vulnerables.

En alguna parte leí que era necesario maximizar las estrategias para preservar la salud y minimizar aquellas que puedan hacerle daño al sistema productivo. 

En frase feliz lo dice el profesor Henry Kissinger, en una columna en el World Street Journal, 5 de abril, 2020: “El desafío para los líderes es manejar la crisis mientras se construye el futuro. El fracaso podría incendiar el mundo”.

 Al cerrar su recuento sobre el Siglo XX, el profesor Hobsbawm, complementa las meditaciones de esa semana que desde el punto de vista religioso culminan con la Resurrección. No ocurre así en la lucha contra la pandemia. Esperamos peores cosas que vemos como el anuncio de una probable Reactivación de la normalidad. Concluye: “Si intentamos tener un futuro, no será prolongando el pasado o el presente. Si intentamos construir el Tercer Milenio sobre estas bases, fracasaremos”.

Antes de ayer, 9 de abril, se cumplieron “100 días que cambiaron el mundo”. Eso dice The Guardian al recordar el anuncio que hizo el Gobierno chino desde una página electrónica: “Hay casos de una neumonía desconocida”. Así comenzó este desastre.

*ExMinistro de Estado

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