Desastrosa respuesta del gobierno norteamericano

De manera exponencial crecen los contagios de covid-19 en los Estados Unidos, donde también las muertes por esa causa ya superan por más del doble la suma de las víctimas mortales del ataque japonés a la base de Pearl Harbor, en la Segunda Guerra Mundial, y del llamado 11-S, en el 2001. Hasta ayer eran cerca de trescientos cincuenta mil   los infectados (entre ellos más de mil militares) y más de 10.00 los fallecidos. Lo más grave es que, de acuerdo a lo que viene ocurriendo en Europa, el techo está todavía lejos. Todo esto es consecuencia de la laxitud irresponsable con la que el gobierno del presidente Donald Trump asumió esa emergencia.

El panorama de Nueva York es inquietante, donde el reporte de ayer mostraba un total de 128.031 contagios y 4.700  muertes por el coronavirus, convirtiéndose en la indiscutible capital del mundo de la enfermedad. Las tardías medidas de aislamiento social podrían llevar a que en las próximas dos semanas haya una explosión de casos que golpee duramente un sistema de salud, el cual Trump se encargó de debilitar desde el momento en que llevó a la Casa Blanca, cuando desmontó el llamado Obamacare.

El país más poderoso del mundo aparece en las actuales circunstancias incapaz de responder eficazmente al desafío, y desde los distintos Estados empiezan a clamar por ayuda directa desde Washington para tener las suficientes camas de cuidados intensivos. El mismo Jerome Adams, director general de salud pública en ese país, aseguró que “esta va a ser la semana más dura y triste de las vidas de la mayoría de los estadounidenses, francamente”. Una actitud realista de derrota que golpea la tozudez y soberbia de Trump.

Lo de Nueva York no dista mucho de la situación que se vive en estados como Nueva Jersey, Michigan, California, Illinois y Louisiana, donde apenas la semana pasada empezaron a tomarse medidas más rigurosas de aislamiento social. Eso hace prever que en el resto del país el problema seguirá avanzando de manera preocupante en las próximas semanas, más cuando hace muy poco empezaron a regir las restricciones para la llegada de viajeros internacionales a los aeropuertos. De hecho el JFK de Nueva York mantiene todavía un 5% de operaciones.

El mensaje de Trump en el sentido de que el país volverá a la normalidad cuanto antes, y que ya ve la luz al final del túnel, no deja de ser solo una quimera de lo que parece imposible en las próximas semanas. No sería sensato seguir contando los muertos por miles, tratando de mantener prendido a la fuerza el aparato productivo; sería una actitud irracional, cuando debe procurarse que haya equilibrio entre la salud y la economía en este caso. Cualquier desajuste en esto puede resultar catastrófico, no solo para los estadounidenses sino para el resto del mundo, donde se contabilizan ya 1 millón 290 mil enfermos de covid-19, de los que han muerto más de  69 mil personas.

* Internacionalista

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