Un plan Marshall criollo

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La crisis fiscal que han desencadenado los precios del petróleo por el suelo y el coronavirus, apenas está saliendo a flote. Por eso es bueno tener en claro cuál es el itinerario fiscal que el país debe recorrer de ahora en adelante para hacerle frente a tan gigantesca emergencia.

La primera etapa a recorrer es la revisión apremiante de la regla fiscal. Hoy es una camisa de fuerza que hace imposible actuar con agilidad. El comité asesor de esta regla debe reunirse la semana entrante para hacerle recomendaciones al gobierno al respecto. Tal como está diseñada no permite incurrir en un déficit fiscal superior al 2,2% del PIB. Lo que es incompatible con los nuevos requerimientos de gasto público. Y con las gigantescas tareas fiscales que el país tiene por delante para hacerle frente a la crisis.

Un mayor endeudamiento público se impone entonces, independientemente de si éste endeudamiento provendrá de fuentes externas, domésticas, del banco de la República .O de una mezcla de ellas.

Los cálculos que se han hecho dicen que las normas actuales permitirían una flexibilización de la regla (ante las circunstancias extraordinarias que vivimos) que autorizaría elevar el déficit máximo permitido del 2,2% al 4,7% del PIB. Lo que en buen romance significaría unos 25 billones de pesos adicionales de capacidad de endeudamiento sin que se estuvieran sobrepasando las metas de la regla fiscal. La primera etapa a recorrer es entonces la revisión de la regla fiscal.

La segunda etapa, una vez obtenida la autorización para contraer endeudamiento adicional, consiste en definir cómo se va a financiar ese nuevo margen de endeudamiento. Hay varias opciones sobre la mesa y probablemente tendrá que ser una mezcla de ellas.

El Gobierno puede tocar las puertas de la banca internacional en una primera instancia. Hay la ventaja de que, a diferencia de lo que aconteció en la crisis de 1998-1999, el crédito externo está abierto para el país, al menos por el momento. Puede tocar también las instancias del FMI donde, gracias a la gestión que se adelantó en 1999, tenemos una especie de cupo de seguridad a nuestro favor por US$ 11.000 millones. Puede también contemplar la posibilidad de solicitar un crédito al Banco de la República, posibilidad que está contemplada por la Constitución del 91 precisamente para crisis recesivas como la que ya se otea para el país. Esta opción es perfectamente válida, siempre y cuando la apruebe unánimemente la junta directiva del Emisor. O puede ser una mezcla de todas estas opciones. Recuérdese que estamos hablando de financiar una cantidad muy importante de nuevo gasto público: 25 billones de pesos. Que no sería esperable que fluyera una sola fuente.

En el primer decreto de emergencia económica que se dictó se hablaba de una cifra de 14 billones como monto del gasto que requeriría el manejo de la crisis del coronavirus. Pero todo muestra que las necesidades del nuevo gasto anticíclico que tendrá que adelantar el país superará con creces esta primera estimación.

La segunda etapa del itinerario fiscal debe surtirse entre mayo y junio, cuando el Ministerio de Hacienda habrá de presentar a consideración del Congreso y del país un nuevo plan financiero y una revisión del Marco Fiscal de Mediano plazo que estaba vigente, pues las proyecciones que había quedaron en añicos con el estallido de la crisis sanitaria.

Y finalmente, la tercera etapa del itinerario fiscal que tenemos por delante es la preparación y presentación ante las cámaras del presupuesto para la vigencia del 2021, trámite que según la Constitución debe surtirse en los primeros diez días de la legislatura, es decir, entre el 20 y el 30 de julio del año en curso.

Ante la magnitud de la crisis que ya estamos viviendo y la que irá aflorando en las semanas venideras (crisis que quizás no tenga precedentes desde lo que sucedió en los años treintas del siglo pasado, que fueron los años de la gran depresión) la tercera etapa del itinerario fiscal de los próximos meses resulta crucial.

El presupuesto para la vigencia del año entrante, donde habrá de cifrarse el gran programa de gasto público anticíclico que Colombia emprenderá para superar esta crisis, tendrá que ser, sin exagerar, un verdadero “Plan Marshall criollo”.

Comencemos entonces a recorrer el itinerario fiscal que tenemos por delante: nuevos parámetros para la regla fiscal; definir la canasta de fuentes que habrán de financiar el gran gasto anticíclico que debe realizar el país; y, por último, la preparación del presupuesto de la vigencia del 2021 que tendrá que ser un auténtico “Plan Marshall criollo”.

*ExMinistro de Estado

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