Médicos y…

Increíble… Lo que está pasando con los médicos y sus auxiliares en varios países. Realmente, inadmisible. Y que de esa situación no se escape ni Estados Unidos, ni Italia, ni España es algo inusitado. Se diría que un médico debiera tener en su clóset todos estos elementos que lo protegen en el ejercicio de su profesión, de la misma manera que un magistrado tiene en su ropero la toga o un obrero de la construcción el casco y otros objetos de protección. Es algo que está más allá de nuestra capacidad de sorprendernos.

 A los colombianos esta crisis nos encontró mal situados, como lo reconoce el decreto que declaró la emergencia. Por fortuna, las decisiones oportunas del gobierno nos han dado un plazo y, por ello, el asunto no ha sido tan catastrófico como en otras partes.

Me asombra que en este escenario tan dramático los médicos aleguen que les deben salarios desde hace varios meses y que lo propio digan enfermeras y otros auxiliares. El gobierno, con su ministro Juan Pablo Uribe, ya había logrado mucho con la Ley de Punto Final al terminar el año pasado. Además había hospitales cerrados y, sobra decirlo, mal dotados. Sabíamos ya desde hacía una década, de la crisis de algunas Empresas Prestadoras de Salud (EPS) y durante años nos agobiaron con las noticias escandalosas sobre la corrupción en esas entidades. Es casi milagroso que el Gobierno haya podido lidiar apropiadamente con un sistema de salud que estaba en crisis.

La muerte de varios médicos es extremadamente dolorosa. Sus familias deberán recibir toda protección, ahora y siempre. Lo que sí es incomprensible es que los médicos, enfermeras y todo el personal pertinente no haya contado con transporte propio y hoteles a dónde llegar con el fin de evitar otros riesgos para ellos y sus familias.

Y ahora, más impensable, cuando hay protestas por la precaria situación económica que están viviendo, no se entiende cómo no reciben toda la protección que les de tranquilidad para el ejercicio ya muy arriesgado de su profesión.

Ha quedado en evidencia la precariedad de la sociedad civil del sector de la salud. Ellos, mejor que nadie, tienen que anticipar los riesgos que una situación tan imprevista trae para sus afiliados. Han debido poner el grito en el cielo desde enero y febrero cuando el tema ya estaba en los espacios noticiosos.

Nuestro sistema de salud mereció los más altos elogios internacionales cuando se puso en marcha la Ley 100. Pero la corrupción y gestiones administrativas deplorables bloquearon esas virtudes.

 El Pacífico colombiano no ha sido objeto de mayor atención y por fortuna tiene un ángel protector que es la exministra Paula Moreno, quien anda muy activa, como siempre, tratando de hacer lo mejor por esa región, incluyendo una serie de recomendaciones específicas para una población que en Estados Unidos han identificado como mucho más vulnerable que otras. Y no hablemos aquí porque habita en regiones caracterizadas por condiciones infrahumanas.

Si algún cambio será necesario al recuperar algo de normalidad, será el de poner en orden y a la altura que merecen al sector salud y a todos sus servidores.

Que no exista resentimiento alguno ni queja por parte de médicos, enfermeras, etc., que están jugando un papel heroico durante esta tragedia.

*ExMinistro de Estado

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