Democracia sin populismo

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Democracia bien entendida y mejor confiada y conducida, siempre, Asaltos populistas que distorsionan y dañan cualquier atisbo de buen camino, nunca. Derroteros que deben ser consigna de todos. Se trata de establecer una clara diferenciación y consecuente separación entre una y otro; a fin de no caer en lo que ya muchos politólogos denominan “democracia populista”, no obstante saberse que el populismo asalta la democracia en sus costuras para dañarla, lo que obliga evitar la permanente penetración e infiltración del populismo en la democracia, una de las razones por la que no podemos convenir con el contubernio democracia – populismo, toda vez que en la práctica se amalgaman en la zozobra, la incertidumbre y la inestabilidad política constante, en nombre de la soberanía popular, lo que no es cierto.

Democracia y populismo deben ser siempre deslindados. Entender como objetivo la necesidad de rehacer el sistema político mediante la conformación de partidos modernos, ideológicos, con proyección nacional, y lejos, muy lejos de personalismos carismáticos. Es el populismo sin duda, un todo disruptivo, demagógico, manipulados de pueblos que no genera soluciones y causa inestabilidad política; de ahí que erradicarlo sea condición para una mejor democracia.

Populismo y democracia no pueden seguir siendo una ecuación difícil de resolver, peligrosa y enigmática, que llena de esperanza y frustración al pueblo, el cual tiene la obligación de decidir, si quiere futuro, si quiere porvenir, democracia y entenderla como vocación y compromiso, reflejo de principios, valores y procesos que la fundamenten en contexto de experiencia salvadora; más en una época como la nuestra, en la que se afianzan las prácticas e instituciones democráticas, lo que obliga afirmar y difundir las razones que amparan políticas abiertas, plurales y participativas de manera activa.

La democracia conviene defenderla con razones, toda vez que requiere, camino a su consolidación en el presente y proyección futura, ser difundida con suficiencia para fortalecer el compromiso racional de la ciudadanía con su vigencia y profundización; al tiempo de construir colectivamente la importancia y búsqueda de una a modernización política en la que concurran fuerzas vivas que legitimen y expresen pluralidad y riqueza social, las cuales faciliten transitar en la democracia hacia instituciones y procesos políticos más inclusivos e integradores como señal que caracterice a los nuevos  espacios públicos de la política.

La cultura política democrática debe y tiene que ser una responsabilidad, la expresión de un verdadero compromiso por y para enriquecer y consolidar nuestra convivencia social, en la comprensión que la democracia requiere información y diálogos razonados.

[email protected] *Jurista

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