Dimayor saca su última carta para volver a jugar

La Dimayor  entregará al Gobierno, la propuesta con la cual intentará convencer de que mediante la implementación de este documento será posible reanudar el fútbol profesional colombiano, a puerta cerrada, y con el perfecto cuidado hacia cada uno de los cientos de participantes requeridos para restablecer la competencia.

El papel aguanta todo, eso pregona la frase popular y es justo el pensamiento que intentará desmontar la Dimayor con el protocolo logístico y sanitario que entregará al Gobierno, al cual intentará convencer de que mediante la implementación de este documento será posible reanudar el fútbol profesional colombiano, a puerta cerrada, y con el perfecto cuidado hacia cada uno de los cientos de participantes requeridos para restablecer la competencia.

Entre los detalles que se han filtrado de dicho protocolo, en cuya elaboración intervino una firma canadiense en materia sanitaria y tuvo cercana supervisión de funcionarios y asesores del Gobierno en materia de salud, resaltan, a grandes rasgos, estos aspectos: exámenes cada 72 horas a jugadores y cualquier persona involucrada en la dinámica (desde entrenadores y árbitros hasta conductores y personal logístico), esto incluye también estricto seguimiento a jugadores en sus hogares, de lo que se deduce que no estiman, al menos inicialmente, concentrar a los jugadores durante el torneo.

También, establece cómo será la cadena de seguimiento a dichas personas en los desplazamientos en buses, aviones o vehículos particulares desde y hacia sus viviendas.

De entrada suena de complejo cumplimiento. Son 500 futbolistas profesionales los inscritos en Dimayor, sin contar los juveniles que integran los planteles. Para tomar una referencia, en Alemania, donde intentan volver al fútbol, pero a puerta cerrada, hablan de 140 personas, mínimo, para llevar a cabo cada juego y la transmisión del mismo.

PREVENCIONES AL RESPECTO

Entre los cuerpos médicos de los clubes la propuesta se ha tomado entre la cautela y el recelo. Por ejemplo, el médico del DIM, Édgar Méndez, prefiere esperar a tener conocimiento detallado del documento para emitir un concepto sobre la viabilidad del mismo.

En tanto que el galeno del Deportes Tolima, Carlos Niño, independiente de cuál sea la propuesta en su totalidad, piensa que existen unos riesgos inherentes al contacto del juego mismo y que por las cientos de personas que involucra, ve inviable el control sanitario de ellos y sus entornos.

 “Hay que analizar con juicio, concientizarnos de la capacidad de transmisión del virus”, apunta.

Dicen los médicos que la principal viabilidad del protocolo es aplicarlo solo cuando a nivel general el país tenga control ciertamente confiable de la pandemia.

“La fecha de inicio de esos partidos va a tener mucho qué ver con respecto a cuándo y el momento en el que estemos sobre el control de la enfermedad”, dijo en Caracol el médico de Santa Fe, Rafael Montaña.

LA CUESTIÓN ÉTICA

La sicóloga del Comité Olímpico Colombiano, Lina María Orrego, expresa que entiende las coyunturas económicas y la urgencia por competir, pues son problemáticas en los que están inmersos todos los que practican el alto rendimiento.

Sin embargo, asegura que el tema de fondo no es la posibilidad material de ejecutar lo que dicta, en este caso dicho protocolo, sino el debate ético de hacerlo.

“Qué más quisiéramos que poder entrenar para que nadie llegue mal preparado a un evento, pero tenemos que ser responsables con el cuidado del otro. (…) con estas medidas tienes que preguntarte qué tanto estás cuidando a la persona y no solo lo físico, la parte músculo-esquelética de un jugador sacrificando la salud para favorecer el bienestar de otro (espectáculo y ámbito económico)”, dice Orrego resaltando el dilema ético y moral que esto configura.

“Entiendo la posición de los dirigentes, entiendo la situación económica que estamos pasando, pero es un riesgo. Y el hecho de que puedas hacerlo no quiere decir que debas hacerlo”, sentencia.

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